Editorial
Apagar el incendio
OS mercados bursátiles lo esperaban como agua de mayo, aunque la medicina confirmase la realidad de la enfermedad. La Reserva Federal de Estados Unidos decidió el martes bajar el tipo de interés oficial 0,75 puntos, lo que significa que la gravedad persiste y que la terapia aplicada es, en principio, la correcta. Sin embargo, no faltan analistas que sospechan de esa decisión de la Reserva Federal a la que consideran impotente para atajar el incendio iniciado en agosto, para el que no se han encontrado cortafuegos suficientemente contundentes. El director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Khan , ya ha aportado su diagnóstico: la crisis es global y es duradera. Más vale que se digan las cosas claras, y es de agradecer la sinceridad del director del FMI, organismo que debe garantizar la estabilidad de los mercados. Cada vez son más los expertos que insisten en que la crisis es mucho más profunda de lo que en un principio se sospechaba, y que no es acertado medir sus avances o retrocesos tomando como referencia a la Bolsa sino a las advertencias de los bancos centrales. La interpretación más certera es que lo que comenzó por ser una simple crisis de liquidez -la falta de dinero en el mercado porque los bancos dejaron de prestárselo entre sí-, ha desencadenado algo mucho más peligroso: la falta de solvencia de algunos de los grandes bancos de inversión. Hay que aplicar terapias de choque aunque midiendo bien los pasos, para evitar que al final sea el dinero público el que se arriesgue en soluciones inciertas. A estas alturas, y con la que está cayendo, ya no es posible seguir manteniendo que la crisis es exclusivamente financiera o, a lo más, monetaria según se va revalorizando el euro frente al dólar. La crisis afecta a la economía real, y bien lo saben las empresas y los particulares que en estos momentos solicitan un crédito. Aun reconociendo la solvencia de nuestras entidades bancarias, falta liquidez, falta dinero, porque en los tiempos del boom inmobiliario les fue necesario importar capital de otros países que ahora no renuevan aquellos créditos. A pesar de todo ello, y gracias al rigor de su funcionamiento, nuestros bancos y cajas permanecen en una situación contable de suficiente estabilidad como para no preocupar.