
Irujo tiene la intención de ir paso a paso en su regreso a las canchas, con la única preocupación de la respuesta de su diestra.
lunes 17 de marzo. En Tolosa despierta la pasión. Regresa el espectáculo. Es el día de la bestia. El retorno de Juan Martínez de Irujo. El añorado campeón, el manista que desde su irrupción en el profesionalismo ha elevado la especialidad a cotas inopinadas, vuelve al tajo. Lo hace dos meses y medio después de que el doctor Santiago Amillo le abriera la derecha para arrancarle el clavo que crucificaba su diestra. "Aquel dolor era insoportable. No disfrutaba sobre la cancha", resume el delantero de Ibero.
Extirpado el hematoma subagudo que mortificaba su juego, Martínez de Irujo retorna a las canchas "aliviado" por haber curado la mano y algo temeroso por ver cómo le responderá la derecha en su primer partido. "Estoy algo nervioso porque he tenido alguna duda. La mano está bien, pero quieras o no hay que ser prudente. Hasta que acabe el partido y vea que la mano ha respondido bien no estaré tranquilo". Juan jugará pendiente de su diestra. Puro instinto de protección. La cabeza, en la palma de la mano. Se instalará allí durante algún tiempo. El necesario. Ocupa. Hasta que el cerebro se olvide de ella y deje que ésta se exprese con libertad.
"Es normal que después de una lesión así sientas algo de miedo a la hora de golpear la pelota. No es tanto por el tema físico porque la mano está bien, como por la cabeza, que actúa de freno. Instintivamente la proteges. No sueltas la mano con tanta confianza como antes". Cuestión de tiempo, que lo cura todo. El delantero navarro mira a su derecha constantemente. No le pierde ojo. También la palpa. Pendiente de ella. Esperando un gesto tranquilizador de su diestra. Una sonrisa. "La miro todo los días. Y lo seguiré haciendo durante algún tiempo", avanza el de Ibero.
Intervenido quirúrgicamente con éxito el pasado 4 de enero, Juan masticó los siguientes quince días con calma. Descubriendo con entusiasmo los fines de semana sin pelota. "Las dos primeras semanas las pasé bien. Hice otro tipo de cosas que la pelota no te deja hacer los fines de semana. El tiempo se pasó rápido". Luego se ralentizó. En suspenso. La pasión por la pelota tamborileaba en la sala de espera. Impaciente. "Sabes que tienes para tres meses, pero a medida que no juegas, que no te ves en la cartelera de la empresas mientras tus compañeros están jugando, se te hace duro. Es como estar en el banquillo". Su nombre, extraviado en sesiones de masaje y en soliloquios en el frontón. Siempre en corto. Endureciendo las manos. Primero con la pelota gosua , el calmante inicial para el mono de pelota, después con la pelota dura. Sin alardes. "Al principio peloteaba con mucha precaución, con calma". Nada de forzar. Del uno al uno. Del dos al dos. Palmo a palmo. Ganando terreno con la manos todavía blandas. "Cuando estás tanto tiempo sin poder jugar hay que endurecer las manos poco a poco. No queda otra".
Irujo se fue alejando del frontis. Cuanto más lejos, más cerca del regreso. Un buen día, sin fecha determinada "quince días después de empezar con la pelota dura", soltó su primer pelotazo. Derecha desatada. Desanudada. "Me costó mucho hacerlo. Cuando me venía a la derecha me lo pensaba. Tenía miedo. No sabía si la mano me aguantaría. Piensas que se te puedes romper de nuevo". No lo hizo.
el mismo taco "Tuve buenas sensaciones desde el principio. La mano no me ha dolido", radiografía el de Ibero camino del masajista, al que acude con asiduidad. La ausencia de dolor, algo desconocido para Irujo durante 2007, le motivó. "No he tenido ninguna recaída y eso te hace ser optimista". Aún así, el delantero navarro explica que "siento molestias, pero es algo normal. Se irán con el tiempo. Se aguanta sin problemas. No tiene nada que ver con lo de antes". Es el proceso natural de una lesión de este tipo: "A los pelotaris que les han operado me han comentado que las molestias se tienen durante bastante tiempo".
A pesar de ello, Irujo continuará empleando los mismos taco que hasta el momento. "Protejo la mano con cuatro capas de taco y no voy a cambiar". Eso sí, mimará sus manos. "Tengo claro que no me voy a hacer el valiente. A la mínima, pararé. No voy a forzar porque no merece la pena", dice.
Por eso ni tan siquiera mira a la próxima edición Manomanista. Cerca, pero lejos. "No pienso para nada en ello. Hay que ir paso a paso. Primero tengo que jugar a parejas, coger confianza, encancharme, que la mano vaya bien y luego ya se verá". El delantero de Ibero subraya que "si no tienes la mano al 100% en el Manomanista no hay nada que hacer". Juan no desea incurrir en errores pasados, cuando en más de una ocasión saltó a la cancha forzando más de la cuenta. Lo pagó. Caro. "Desde julio, sólo he jugado 12 ó 13 partidos". Esas aventuras han concluido para el delantero navarro. No quiere repetirlas. "Mi única preocupación es la mano". Hoy en Tolosa Martínez de Irujo volverá a mirarla. De arriba a abajo. De izquierda a derecha. Antes, durante y después del día de la bestia.
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