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Tras el fuerte temporal, el mar se apreciaba ayer más calmado a través de la barandilla de la Concha.
El mar, en su violento despertar del pasado martes, se llevó por delante varios metros de la barandilla de la Concha, uno de símbolos representativos de la capital guipuzcoana. Son aproximadamente 15 metros los que el Cantábrico arrancó de cuajo a la altura del Hotel Londres y el Ayuntamiento de la ciudad calcula que el tramo podría volver a estar repuesto en un plazo de seis semanas. La empresa pasaitarra Mendia y Murua será la encargada de la reparación, si bien desde la misma se apunta que no se tiene todavía encargo de un nuevo tramo de barandilla. El Consistorio tiene en reserva un tramo de cinco metros, insuficiente para cubrir la parte que destrozó el mar. "Las reparaciones de la barandilla se realizan bajo la dirección de Vías Públicas y en esta tarea participan canteros, albañiles y herreros", señalan fuentes municipales. El Ayuntamiento ha estimado que la reposición del tramo arrancado rondará los 40.000 euros. Cada vez que se repone parte de la barandilla, el precio varía. "No es lo mismo reponer un módulo suelto o instalar el conjunto total con rodapié, pasamanos o la parte proporcional del pilar", explican estas fuentes.
A pesar de la advertencia de los distintos partidos políticos durante los últimos años para actuar en la barandilla, nadie podía imaginar que un golpe de mar obligaría a reponer parte de la misma. La última actuación se desarrolló en 2004, cuando se procedió a sustituir el tramo entre el Club Náutico y la primera rampa de la playa de la Concha, 270 metros que supusieron un gasto de alrededor de 578.000 euros a las arcas municipales. En aquella última actuación, provocada por la deformación y oxidación de las piezas y su aspecto antiestético, se actuó también en las pilastras de piedra caliza, en las que se sostiene la barandilla. A pesar de que Mendia y Murua ha sido siempre la encargada de su reparación, ésta última actuación la ejecutó una empresa navarra.
El Ayuntamiento donostiarra es el encargado del mantenimiento de la barandilla de la Concha. Fuentes municipales señalan que las remodelaciones de la misma se hacen de manera paulatina, "en función de las necesidades que se detectan". No obstante, este emblema se pinta todos los años. El Consistorio estudia y valora en la actualidad la sustitución del tramo entre La Perla y el túnel de El Antiguo, reparado en agosto de 2002. Aquel lavado de imagen supuso un desembolso de 6.600 euros.
omnipresente
Un símbolo sin 'copyright'
Originalmente concebida para vestir el paseo de la Concha, la barandilla se ha exportado y puede verse en otros puntos del Estado. Existen múltiples reproducciones en distintos tamaños. Y es que la imagen no está registrada. "Los pedidos nos vienen, muchas veces, de personas que no viven en San Sebastián pero que sí han estado y la barandilla de la Concha les parece un bonito recuerdo", apuntan desde la empresa Mendia y Murua. Así, la emblemática imagen puede verse en Madrid o Marbella e, incluso, presidía la entrada a las antiguas piscinas de Igarondo, en Tolosa. Toda vez que el complejo se trasladó a Usabal, se retiró. Un grupo de jóvenes tolosarras pidió permiso para la utilización de este emblema durante los pasados Carnavales para parodiar una sesión de fuegos artificiales en la Semana Grande donostiarra.
La barandilla de la Concha se instaló por tramos entre los años 1910 y 1920, desde el Club Náutico hasta el túnel de El Antiguo. Es obra de Juan Rafael Alday, arquitecto municipal entre los años 1909 y 1950, y a juicio del historiador Javier Sada, "forma parte de un proyecto más amplio de remodelación de todo el paseo de la Concha". La ampliación del mismo fue sufragada por la Junta para el Progreso de San Sebastián, financiada en parte con los beneficios del juego en los casinos de la ciudad. Arrancó en 1910 y se materializó sobre un voladizo sostenido por 96 columnas, diseñado por el propio Alday. El arquitecto donostiarra sumó a este nuevo paseo las farolas que flanquean una de las rampas de acceso a la playa y una plataforma con dos obeliscos.
La tan reproducida imagen representa dos círculos concéntricos que adornan varias coronas de laurel. "El laurel ha sido siempre un elemento decorativo y denota prestigio. Aparecía en las orlas y los diplomas", recuerda Sada. No obstante, no parece que tenga un significado concreto. La barandilla, de tres alturas, no representa ningún elemento propio de la capital guipuzcoana. "Ha sido el paso del tiempo el que ha terminado de convertir la barandilla de la Concha en uno de los símbolos de la ciudad", asegura el historiador.
La actual no es la primera barandilla que tuvo el paseo de la Concha. La anterior se colocó en 1895, asegurada a un pretil dotado cada cierta distancia de pedestales sobre los que se erguían artísticas jardineras. Esta barandilla se trasladó al paseo de Francia donde permanece en la actualidad.
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