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Varias cestas de la compra: mi cesta, tu cesta, su cesta

por sixto jiménez (*) enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

M I coste de la vida no es el de usted. Al igual que ocurre con la cara y las huellas digitales, cada uno tenemos el nuestro.

Los conceptos índice de coste de la vida y cesta de la compra son ya parte de la cultura popular. Se trata de herramientas creadas por los estudiosos de la economía que, como el PIB, se han popularizado sin que se comprenda plenamente lo que abarcan y lo que excluyen o implican.

Nuestro nivel de inflación es más alto que el de Europa año tras año. A nivel individual, algunos grupos de personas sufren directamente el impacto de la consecuente reestructuración de actividades empresariales, a medida que el aumento de costes y la exposición a la competencia global las van haciendo inviables. La sociedad en su conjunto paga las consecuencias económicas y sociales del coste de cierres y necesita de un continuo y costoso impulso de creación de empresas y de innovación técnica y de negocio en las supervivientes.

Para la mayoría, el problema presente no es el de la fase traumática de crisis por quiebra o traslado, pero sí el del paulatino ahogo financiero y el de la convicción de que se nos miente cuando se habla de subidas de precios. Esa percepción es con toda probabilidad errónea en cuanto a la falta de veracidad de los datos, pero acertada en cuanto a que mi coste de la vida no es el mismo que el que el Gobierno calcula y da a conocer.

El índice del coste de la vida se calcula en base a una cesta de la compra media de la población. Es la que podría corresponder al inexistente ciudadano medio. Su utilidad técnica es indudable para evaluar el curso general de la economía, pero conduce a error cuando se usa para sacar conclusiones particulares o de carácter social.

Un pensionista, o unos padres de familia numerosa, gastan en alimentación una porción de su ingreso muy superior a la mía. Una pareja joven con vivienda adquirida recientemente destinará un acongojante porcentaje a pago de intereses, y así sucesivamente. Un joven sin vivienda tiene un presente igual, pero una condena a un futuro peor, cada vez que aumenta el precio de la vivienda que algún día comprará más que el incremento de su salario.

La subida del precio de los alimentos o de los tipos de interés no significa lo mismo para todos. Cada uno tenemos nuestra cesta de la compra, que además varía en cada fase de nuestra vida. A igual ingreso de un profesional de nuestra comunidad y uno de Extremadura, el de aquella tierra tiene un mejor nivel de vida por su mayor poder adquisitivo a nivel local.

Sería útil socialmente que se publicaran los encarecimientos de varias cestas modelo: pensionista, pareja sin hijos con o sin vivienda, joven soltero independizado, etc. Nunca la foto sería perfecta, pero sí más adecuada. La subida del coste de los alimentos que estamos viviendo y que aún hemos de padecer, ya que -a mi juicio- es estructural, ha encarecido la cesta de la compra de los pensionistas o de las familias humildes con varios hijos en porcentaje muy superior a la del resto de la población.

La solución simple que se utiliza consiste en reclamar directamente a las empresas un mayor ingreso hasta producir su asfixia. Se considera a los empresarios responsables de sacar adelante sus proyectos y de la justicia social de todo el sistema. Resulta cómodo que alguien cargue con la culpa.

La aproximación adecuada se compone de análisis correcto, sensibilización, solidaridad y conciencia de las posibilidades. La riqueza siempre es limitada y el problema es de estructura social y no sólo de los que crean empleo y afrontan directamente el pago de los salarios.

La necesidad de nuestra comunidad de salir adelante en las condiciones dadas por el entorno global limitan, además, nuestra capacidad de maniobra. Todos los equilibrios son difíciles, aunque habitualmente están más cerca de lo correcto. Debemos equilibrar la necesidad de competitividad, con lo que cada uno percibimos como justicia social necesaria y la exigencia que precisamos de mantener la motivación y el esfuerzo personal a niveles adecuados.

Difícil empeño lograr tanto y de forma equilibrada, pero ése es el reto. Así de compleja es la tarea, por lo que las visiones parciales o escoradas a un solo punto de vista o interés alteran o tensan, pero no construyen país ni sociedad con cultura de confianza y alto nivel de desarrollo económico y humano.

* Economista

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