
Cartas al Director
La verdad es que he pensado unos días en escribir esta carta, por lo que pueda suponer en acoso y repercusiones posteriores contra mí y mis vehículos, pero creo que es mi deber como ciudadano informar sobre cómo me he sentido.
Primero quiero dejar claro que no soy ningún purista que sigue a rajatabla el código de circulación pero tampoco soy un delincuente. El pasado miércoles día 5 de marzo me encontraba en mi empresa y, al tener dos vehículos para aparcar y cargar material, fui a aparcar uno de ellos (No entremos en cómo y dónde aparcar, que esto es otro tema) y dejé el otro aparcado en la puerta del vado que religiosamente pago anualmente.
No voy a entrar en valoraciones de si estaba bien o mal aparcado, ni si mucho o poco tiempo, porque esto siempre sería una discusión sin fin. El hecho es que después de aparcar el vehículo y volver a la empresa me encontré a un agente poniéndome una multa. Repito, no entro en valorar si tenía o no razón, que probablemente según el reglamento la tenía, ni en los tiempos (siempre menos de 5 minutos de lo que me costó) regresar, quiero hablar de las formas.
Cuando me acerqué andando después de aparcar el otro coche, mi sorpresa fue que había un agente multándome el coche que tenía provisionalmente aparcado fuera de mi vado, le pregunté si me estaba multando y me respondió, bajo mi punto de vista, de una forma chulesca y déspota.
¡Dios mío! Acababa de cometer el mayor delito del código de circulación: osar a responder a un agente de la policía municipal. No poner cara de cordero degollado y pedir por favor que no me ponga la multa.
Desplegó contra mí toda su verborrea, pidiéndome el carnet de conducir, papeles del coche, seguro, etc., y yo me negué a darle el carné pues, bajo mi punto de vista, le puedo dar el DNI pero, ¿el carnet de conducir? Yo estaba andando y a no ser de que por pasar mal un paso de cebra, ¿qué delito había cometido?
Ante mi negativa, el despliegue policial fue espectacular: dos patrullas de la policía municipal, el camión grúa, fotos al vehículo, sacando fotos al interior de mi local (a lo cual me negué).
¿Saben cómo me sentí? Como un delincuente, acosado, vigilado y presionado. ¿Cuál fue mi delito? Rebatir una decisión de un agente municipal cuya misión es defenderme y comprender las situaciones que se generan en este tipo de actuaciones.
Pero, de verdad, ¿cuál fue mi delito para amenazarme a llevarme a la comisaría como un delincuente?
Volvemos a lo de siempre. Es fácil acosar y amenazar a alguien que está perfectamente localizado, que paga sus impuestos, que da trabajo y que no les da problemas, pero actuamos igual ante el gitano sin papeles o el emigrante que vende droga delante de sus narices, y por miedo a su actitud reculamos y hacemos la vista gorda.
Por favor, pido que quien nos tenga que defender y también controlar, tenga una forma adecuada y no te hable desde detrás de unas gafas negras y unos cuellos subidos, perdonándote la vida, como los policías de las películas.
Francisco Martiarena Rucandio
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