
Decenas de personas observan desde el Malecón de Zarautz el rompeolas creado por la fuerza del oleaje y la subida de la marea ayer por la tarde.Foto: ruben plaza
donostia/zarautz. No llegó al corte de ocho horas que sufrió la carretera de la costa (N-634) el pasado 30 de enero, pero casi. Como siempre, hubo desprendimientos, pero es que sólo el fuerte oleaje ya obligó por sí mismo a cortar el tráfico entre Zumaia y Zarautz desde las 5.30 horas. Si bien, las olas han marcado este temporal alturas récord de hasta 11 metros en la costa guipuzcoana.
No obstante, el embate del mar acabó por provocar derrumbes en la ladera que transcurre paralela a la vía y que luce, como medida preventiva, mallas metálicas en buena parte de su trayecto.
En torno a las 12.00 horas, con un mar más calmado y después de limpiar la calzada de piedra y barro, se abrió el tramo entre Zumaia y Getaria, aunque hubo que esperar todavía una hora más para poder circular hasta Zarautz. Así, el temporal dejó casi seis horas cerrada esta carretera, que obligó a los conductores a tomar como alternativa la GI-2633 en el Alto de Meagas. Precisamente en esta vía se produjo un accidente entre tres vehículos que, afortunadamente, se saldó sin heridos.
Mesas de ping-pong No hubo tregua tampoco para los paseos marítimos. En Zarautz, el mar se comió literalmente la playa y volvió a destrozar varios bancos en el malecón. Los trabajadores de Obras Públicas tuvieron que recoger las mesas de ping-pong y los suelos destrozados de los parques infantiles de la Munoa. La caseta de turismo y varios bares volvieron a ser las dianas del oleaje. El bar Marina Txiki se quedó, por ejemplo, sin escaleras y el recién inaugurado spa, que ya retrasó su apertura tras el anterior temporal, no se libró del golpe.
Por la tarde, el susto con que amaneció el municipio dio paso a la curiosidad, y numerosos vecinos se dieron cita en el malecón zarauztarra para ver los efectos del temporal coincidiendo con la pleamar. Eso sí, hubo surfistas intrépidos que no se amedrentaron por el rugido del mar y surcaron las olas como si la vida les fuera en ello.
El agua también afectó a los establecimientos hoteleros ubicados en Getaria, pero más impactante fue la imagen de un coche danzando al vaivén que marcaban las olas después de arrancarlo del aparcamiento.
Deba fue otro de los pueblos costeros que sufrieron daños importantes, según explicaron a este periódico fuentes de la Policía Municipal. "El mar se ha metido 50 metros. Nunca se había visto algo igual", apuntó el jefe debatarra, Joseba Egaña.
Los principales daños, según explicó, se localizaron en el frente costero. Seis bancos de piedra arrancados, otro de madera arrojado contra los muros de los chalets ubicados en primera línea de playa. Incluso dos muros que rodean estas propiedades también sufrieron desperfectos.
Uno de los establecimientos hosteleros vio impotente cómo el agua se hacía hueco y entraba en el bar desplazando "40 metros el mobiliario" y tiñendo del marrón de la arena mojada las calles colindantes.
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