Editorial
Asignaturas pendientes
por más que, como es habitual, las fuerzas políticas procuren sugerir que los resultados electorales no les han sido adversos, no cabe ninguna duda de que ha sido el PSOE y, más concretamente, su líder
José Luis Rodríguez Zapatero
, quien ha resultado claro vencedor en su confrontación directa con el PP en la figura de
Mariano Rajoy . Una eterna campaña que los grandes medios polarizaron como un pulso entre ambos partidos, que en su último tramo se socializó con los debates televisivos y se convirtió en drama con el asesinato del ex concejal socialista
Isaías Carrasco , otra barbaridad de ETA que sumó apoyos al socialismo vasco. Ganó Zapatero, y ganó con solvencia aunque no tanta como para poder prescindir de los apoyos periféricos, pese al empeño que desde el centralismo recalcitrante se ha venido expresando últimamente. Derrumbadas IU y ERC, el PSOE deberá apoyarse en socios estables. Ganó Zapatero, y sólo por ello puede darse por amortizado a Rajoy y a su equipo habitual, que con tanta ferocidad han hecho oposición desde hace cuatro años. El PP tendrá que cambiar de líder, de equipo y de política si no quiere consumirse en una nueva y estéril confrontación. Ganó Zapatero, y en la legislatura que ahora se abre no podrá seguir parapetado tras la presión del PP para eludir la tarea de afrontar los grandes proyectos que quedaron empantanados durante su anterior mandato: la reforma de la justicia, la configuración del Estado y el diálogo para resolver el conflicto vasco. La voluntad real de los socialistas para afrontar estos retos podrá comprobarse con más rigor tras la clara victoria del PSE en la Comunidad Autónoma Vasca, una victoria indudablemente favorecida por la polarización pero que precisará de una profunda reflexión por parte de los partidos nacionalistas, especialmente del PNV, que ha cedido la hegemonía en los tres territorios. La victoria clara del PSE en la CAV ha reducido la presencia nacionalista en el Congreso, restándole un diputado al PNV y dejando sin representación a EA. Por supuesto, ni EB ni Aralar, por separado, llegaron a los resultados que esperaban. La reflexión, que deberá ser muy profunda, pasa por reconocer que el voto nacionalista ha cedido terreno ostensiblemente y que la representación del tripartito ha quedado seriamente tocada, con lo que ello significa para la consistencia y la solidez del Gobierno Vasco. La mano tendida que ayer ofrecía el presidente del EBB,
Iñigo Urkullu , a Zapatero va a requerir más cintura política que aquel emplazamiento solemne que el PNV hizo al candidato socialista para un apoyo de investidura. El nacionalismo vasco ha sufrido un serio revés, especialmente en su versión más soberanista, lo que va a obligar a más de una corrección estratégica, aunque no por ello deberá dejar de demandar a Zapatero los acuerdos necesarios que propicien el respeto a la decisión del pueblo vasco sobre su futuro. Por supuesto, entendiendo también como pueblo vasco la expresión de la voluntad de los ciudadanos reflejada en las urnas. Si la victoria del PSE ha sido impecablemente clara en el conjunto de la CAV, aún lo ha sido más en Gipuzkoa, territorio en el que ha superado por casi 15 puntos al PNV, partido que ya en las pasadas elecciones municipales y forales quedó a la baja y donde el nacionalismo ha sufrido una severa derrota perdiendo EA su histórica representación en Madrid y Aralar vio sensiblemente reducidos sus apoyos. En Navarra quedaron las cosas como estaban, sin que el PSN haya pagado su desastrosa decisión de ceder el Gobierno a UPN, mientras NaBai, al alza, mantiene su diputada. Por último, la abstención propugnada por la izquierda abertzale oficial ha sido suficiente para satisfacer a la parroquia, pero los datos demuestran que se han limitado a resistir; y conformarse con la pura resistencia es hundirse.