
Markel Irizar (i) y Thor Hushovd (d) ruedan durante los 4,6 kilómetros del prólogo que abrió ayer la París-Niza en Amilly.Fotos EFE
Donostia. Habían llegado unos 40 ciclistas a la línea de meta, cuando el cielo rompió a llover. Gotas divinas, pensó Markel Irizar, que acababa de marcar el mejor tiempo en los 4,6 kilómetros del prólogo de la París-Niza. El circuito de Amilly, que daba inicio a la carrera del sol tras seis años partiendo desde Issy-les-Moulineaux, se humedeció. Los tubulares se agarraban menos a la carretera, e Irizar liberó sus sueños: ¿Y si esta vez es la mía? ¿Y si ha llegado el ansiado momento de brindar un triunfo al aita, allá donde esté? Y también a la ama, que tantos culotes ha limpiado. Y para Alaitz, que tanto me aguanta, y, cómo no, al pequeño Xabat. Una dedicatoria múltiple escrita sobre papel mojado.
También sobre asfalto seco corrió el incombustible Jens Voigt, que paró el cronómetro 7 segundos más tarde que el oñatiarra. Un dato esperanzador que apuntalaba la alianza de Markel con las condiciones climatológicas.
Con el firme húmedo, comenzaron a llover nombres importantes en la meta. Llega el enrachado Gilbert, pero el belga cede 17 segundos. Se acerca el siempre imprevisible Julich, pero se va 11 segundos por encima de Markel. A ver Kreuziger..., pero nada: 8 segundos pierde el joven checo, que fue segundo el pasado año tras Millar. ¡Ufff! Ahora viene el escocés, y tampoco: 7 segundos peor que Markel.
El oñatiarra comienza a verse de amarillo, un color desconocido por él como profesional, pero que ya vistió cuando ganó la Vuelta a Gipuzkoa junior o lideró la Vuelta al Bidasoa de 2002 tras ganar en Hendaia.
Sus ojos se van del cielo al suelo una y otra vez. No llueve; la carretera se seca. Ojo a Grivko, el ucraniano que no acaba de explotar: 4 segundos más que Irizar, una referencia inquietante si no vuelve a llover.
En la sala de prensa, comienzan a consultar datos sobre el hombre de Euskaltel-Euskadi. La superación de un cáncer testicular inspira titulares fáciles entre los periodistas: "Irizar, como Lance Armstrong".
El circuito se va secando, y la cuenta atrás se convierte en un reloj de arena en el que el bulbo superior no termina de agotarse. Ya sólo quedan siete granos: Hushovd, McGee, Evans, Bertagnolli, Cunego, Pereiro y Schumacher. Sólo el noruego, los australianos y el alemán parecen en disposición de batir al guipuzcoano.
Y tuvo que ser Thor, el dios de las tormentas, quien rompiera la alianza de Markel con las témporas. Un rayo noruego que partió dos horas de larga espera: "Se me ha hecho muy largo, he sufrido mucho. Estaba casi preparado para subir al podio, y me ha dado mucha pena", indicó Irizar, que estira el sueño: "Mañana -por hoy- lo volveré a intentar" entre Amilly y Nevers. "La meta está en un repecho del 9%, e igual se corta el pelotón". La empresa es difícil, pero más lo era ayer.
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