
Bilbao. Oldfield presenta hoy el disco (Universal) en un concierto en el Museo Guggenheim. Antes, el artista británico, al que acompañarán 112 músicos de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y 41 cantantes de la Sociedad Coral de Bilbao, habla en esta entrevista sobre su nuevo disco.
Sigue abonado a las presentaciones megalómanas. Ha estrenado discos en el Castillo de Edimburgo, en el Planetario de Madrid... y ahora en el Guggenheim Bilbao.
No es cosa mía, es responsabilidad de las casas discográficas y de mi mánager. Imagino que buscan un punto de enfoque llamativo para centrar el acontecimiento de cada disco nuevo.
¿Qué sabía del museo bilbaíno? A este respecto, ¿le interesa el mundo del arte?
(Sonríe). No había venido antes, pero lo he visitado ya, el miércoles por la tarde. Sí me interesa este mundo, me fascina el arte moderno y el surrealismo, que tiene que ver con mi música. Por lo tanto, sí conozco el Guggenheim de Nueva York. Me encantan los cuadros de Jackson Pollock.
¿Cómo ha vivido estas primeras horas en Euskadi, tierra que ya conocía, y cómo ha sido su primera impresión del encuentro con la Orquesta de Euskadi?
Es cierto que conozco el País Vasco, he estado bastantes veces, tanto en Bilbao como en Donostia, ciudad que suelo incluir en mis giras. Además, defiendo que siempre ha existido una conexión especial entre mi música y la vasca y gallega, que podríamos enmarcar en el ámbito celta. Respecto al primer contacto con la orquesta es una experiencia nueva para mí, porque tengo que seguir las indicaciones del director. Además, yo no leo partituras, no soy un músico al uso. Escribo lentamente las notas y tengo un sistema propio de lectura, con entradas y salidas, lo que complica todavía más estar pendiente de mi participación y de seguir las instrucciones del director.
¿La composición de 'Music of the spheres' le ha resultado más compleja, al carecer de formación musical académica?
Lo realmente difícil ha sido elaborar el sistema, junto a mi ayudante y Karl Jenkins, responsable de los arreglos. Él utiliza un software en su ordenador más orientado a la música rock, lo que nos ha obligado a guardar todos los ficheros individuales y trasladarlos al sistema Sibelius, destinado a música clásica.
Se está haciendo mucho hincapié en que se produce ahora, 35 años después de su debut, su primera experiencia con una orquesta. No habría que olvidar que su música siempre ha tenido un fuerte componente sinfónico...
Claro, la primera música que me entusiasmó, cuando era un niño de 10 años, fue la clásica. Luego, más tarde, descubrí el rock, aunque no abandoné nunca el método del compositor clásico, que desarrolla el tema principal de la canción, pero introduce otro, combina y desarrolla ambos... Me parece un sistema mucho más atractivo que una simple canción con tres acordes.
¿Cómo se enfrenta a este proyecto orquestal? ¿Cómo surge?
Todo empieza cuando uno se sienta y se pregunta: ¿qué voy a hacer ahora? Si he hecho ya esto, y esto también... ¿Qué me queda? Y pensé en crear una pieza larga puramente para orquesta.
¿Qué tiene que ver Pitágoras y la música, al parecer imperceptible, de los planetas y el Sol, en este disco?
Bueno, la espiritualidad influye en mi música, pero es difícil de explicar con palabras. Quizás sea más fácil poniendo un ejemplo. El martes, yendo hacia Donostia en coche, llegamos a una zona de acantilados con el mar embravecido. Nunca había visto olas tan grandes. Puedes pensar que ese mar también tiene su propia música y que, probablemente, al día siguiente puede estar como un plato.
Su huella personal resulta evidente en este disco, pero también se advierten otras referencias, como la música sinfónica romántica, el minimalismo, algún aspecto étnico relacionado con las Voces Búlgaras... ¿Los tuvo como referencia?
Estoy seguro de que todo lo que escucho, se quiera o no, debe pasar por algún filtro en mi cerebro que puede acabar llamándose influencia. Desde luego que me encanta la música minimalista, pero hay partes de la nueva pieza que son realmente complicadas, poco minimalistas.
Después de las secuelas de 'Tubular bells', llegó a comentar que la próxima vez que sonaran sería en su entierro. Aún así, en este disco nuevo vuelven a aparecer.
(Risas). Sí, lo dije, pero las campanas tubulares forman parte de la sección de percusión de la orquesta, por lo que pensé que sería tonto retirarlas porque sí. Además, creo que Tubular bells es un gran disco, del que me siento muy orgulloso.
En su producción más reciente, con el uso de ordenadores, parecía buscar el cuerpo, el ritmo. Ahora, con este disco orquestal parece acercarse a la mente y la espiritualidad.
Creo que el hecho de haber vivido un tiempo en Ibiza y haber trabajado con un software basado en secuenciadores y ritmos, marcó esos discos de los que habla. Pero, al final, empecé a aburrirme de este tipo de música. Por eso, he decidido ir a la búsqueda de una música puramente humana, que refleje que somos parte del mundo natural y permita ver el otro lado de la existencia, el espiritual.
Le veo muy alejado de la idea que el público mayoritario tiene de la típica estrella del rock.
(Risas). Tiene razón, no quiero ser parte de eso.
¿Tiene que ver con la edad o con un crecimiento personal?
(Larga pausa). Hay que madurar como un vino bueno (risas).
Ha trabajado en diversas bandas sonoras, como la de 'El exorcista'. ¿Qué imágenes podrían acompañar a esta "música de las esferas"?
Magnífica pregunta... (larga pausa). No lo había pensado hasta ahora, la verdad. Lo primero que se me ocurre es irme a los dos extremos. De un lado, a imágenes del espacio exterior tomadas con un telescopio astronómico; del otro, algo microscópico, casi a nivel atómico.
¿Tiene en cartera algún proyecto próximo en el mundo del cine?
Realmente, el único director que ha manejado con habilidad la música en el cine ha sido Stanley Kubrick. En las películas en las que he podido trabajar yo, la música siempre ha tenido un papel muy secundario en relación con la imagen y la historia. Es como si los directores pensaran que había que abrir el grifo de la música en unas escenas, y cerrarlo en otras. Mientras no llegue alguien con una propuesta que implique una utilización inteligente de la música en el cine, no tengo planes en este sentido.
Tampoco le veo con interés por recuperar su exitosa etapa pop, que le reportó éxitos como 'Moonlight shadow'. ¿Le parece banal en estos días?
Sí, es cierta esa banalidad del mundo del pop. La gente hace tiempo que se repite, suenan todos a grupos anteriores. Oasis recuerdan a Beatles, Blur a The Kinks... Si empezamos con los grupos de homenaje, se terminan los avances. Creo que el rock y el pop están llegando a un camino sin salida, a su fin. Habría que buscar otra dirección. De momento, yo lo estoy haciendo con la música clásica. Veremos si es una dirección acertada o no.
Siempre ha sido poco dado a las giras. ¿No lo necesita o es que es complicado trasladar los discos al escenario en su caso?
Hoy se trata de presentar el disco a la prensa, sólo sonará este nuevo álbum. Sobre la translación a los escenarios, creo que utilizar una orquesta es una buena solución, ya que buena parte de la música que sonaba en mis últimas giras esta pregrabada, eran muestreos informáticos. Apenas el 25% era en directo. Ahora, absolutamente todo.
He leído que estaba pensando jubilarse.
Sí, lo voy a hacer. Pero no antes del viernes ¿eh? (risas). Bueno, luego tengo que ir a Inglaterra... Quizá, después (más risas).
¿Qué espera de un disco como éste, más difícil que otros suyos y en un tiempo de grave crisis discográfica?
Bueno, yo no creo que sea tan difícil escribir una pieza clásica, aunque no se tenga una formación musical académica. Y me gustaría que los jóvenes se dirigieran hacia la composición de música clásica porque veo que el rock no tiene salida. Hay que madurar. El rock y el pop no tienen salida, la música clásica, por el contrario, sí,
No es el único artista pop o rock que se ha pasado a la música clásica, pero la crítica suele ser inmisericorde con ellos.
Es cierto, McCartney, Elvis Costello o el teclista de Genesis, Tony Banks, lo han hecho. No he escuchado esos discos, la verdad. Respeto a los críticos de rock, pero no espero nada bueno. Dirán que esto es basura, seguro. Espero que los críticos de música clásica valoren el hecho de que hay alguien que está tratando de escribir una música nueva.
Hoy no ha sido fiel a esa imagen suya altiva que le ha generado múltiples críticas.
¿Pecados de juventud? No sé, me gusta que digan cosas buenas de mí (risas).
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