
El bou 'Nabarra' vela armas cobijado en Portugalete antes de iniciar una de sus misiones de protección de la costa y de los pesqueros vascos.
A UNQUE sea él, será imposible recuperarlo. Sus restos serían lugar de peregrinaje. De admiración. De profundo respeto. El Gobierno Vasco cree haber encontrado el Nabarra , el bou de la Marina Auxiliar de Euzkadi que libró la que quizá sea la más heroica y épica batalla de la Guerra Civil en Euskadi. El barco permanecía hundido en algún lugar frente al cabo Matxitxako. Un misterio desde hace más de 70 años. Un tesoro por encontrar.
Azti-Tecnalia halló un rastro ahí abajo mientras elaboraba un mapa de los fondos marinos. Tan abajo como a 100 metros de profundidad. El sonar dibujaba algo parecido a un bou. Es un bou. Y hay indicios para sospechar que es el Nabarra . Bastantes. Por un lado, las imágenes que tomó un robot submarino el 15 de febrero. Las mediciones también coinciden con la eslora del Nabarra : 65,40 metros. Indicios, no certeza. No la habrá hasta dentro de un par de meses, cuando buzos especializados se sumerjan y extraigan alguna pieza clave que desvele el misterio.
No se sabe si es o no, pero sí lo que fue. Aquel 5 de marzo de 1937 lucía una ikurriña en la proa, la bandera tricolor de la República a popa y una N pintada en negro sobre el casco gris plomo. Pinta de buque de guerra, alma y cuerpo de bacaladero. A bordo, 49 marineros. 49 gudaris. Aquel día de primeros de marzo, el Nabarra debía proteger al Galdames , que había salido de Baiona el día anterior con 173 pasajeros y tres toneladas de monedas de níquel para el Gobierno Vasco acuñadas en Bélgica. Le acompañaban en la misión otros tres bous: el Gipuzkoa , el Bizkaya y el Donostia .
Hacía mal tiempo. Muy malo. Llevaban las luces y la radio apagadas para no dar pistas a un enemigo mucho más y mejor armado. La niebla y la lluvia desorientaron al Gipuzkoa y al Bizkaya del convoy. Amanecer problemático. Las primeras luces radiografiaron la silueta temible del Canarias , el ogro del Cantábrico, entre los claroscuros. Peso pesado contra peso pluma.
El acorazado de las tropas franquistas pesaba doce veces más, desarrollaba el triple de velocidad, los 1.000 hombres a bordo dejaban en nada al medio centenar de gudaris de cada barco vasco, y tenía más armamento en cubierta que todos los bous juntos. Mal enemigo para una pelea. El Canarias abrió fuego contra el Gipuzkoa . Tocado. El Bizkaya aprovechó para escapar hacia Bermeo.
el duelo
Combatir antes que rendirse
Tras diversos encontronazos con hermanos pequeños (el Pantzeska o el Joseba Mikel ), el cabo Matxitxako ejerció de testigo en el duelo entre el Canarias y el Nabarra . Enrique Moreno, comandante del bou, plantó cara al todopoderoso. Moreno y su tripulación prefirieron combatir e irse a pique antes que rendirse. Ir y venir de proyectiles. Justo hasta que un cañonazo del Canarias alcanzó directamente la caldera del Nabarra . Sólo 20 de sus 49 tripulantes lograron alcanzar los botes salvavidas. El resto se hundió.
El coraje de aquellos vascos sorprendió incluso a sus enemigos. Los supervivientes del Nabarra fueron apresados y condenados a muerte por Franco. El comandante y el director de tiro del Canarias intercedieron para que se les indultara por su valentía. La derrota militar se convirtió en una victoria moral.
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