Editorial
El pragmatismo episcopal
en plena controversia sobre el papel que corresponde a la Iglesia Católica en una sociedad laica, democrática y plural, la Conferencia Episcopal Española (CEE) aborda hoy la renovación de sus cargos directivos. A muchos ciudadanos sorprende que una institución como la Iglesia, tan debilitada en la pujanza de sus fieles, pueda mantener tanta influencia en la sociedad. Son muy negativos los datos referidos a la asistencia al culto, a las vocaciones religiosas, a los matrimonios eclesiásticos, de forma que el ascenso de los divorcios, los matrimonios civiles, los abortos y el incumplimiento de los deberes religiosos son traducción de un cambio de costumbres al que una mayoría de los obispos españoles no logra adaptarse. Sin embargo, la última legislatura se ha caracterizado por una permanente ofensiva de los obispos contra el poder civil, empeñados en imponer su agenda a un Gobierno no confesional y ahondando las diferencias entre un sector muy minoritario pero activo y la mayoría sociológicamente católica pero que hace mucho dejó de condicionar su vida a las indicaciones de los obispos. Pues bien, enfrascados en su proceso electoral, todas las quinielas parecían señalar al cardenal
Rouco Varela
, máximo exponente del ala dura, como presidente de la CEE. Pero otras quinielas, las del 9-M, pueden desbaratar este desenlace cantado. La coincidencia de sondeos que dan muchas opciones como ganador a Zapatero ha hecho circular por el cónclave episcopal español los deseos del Vaticano de que tal vez sea el momento de mejorar las relaciones con el Gobierno socialista. El pragmatismo aconseja aflojar la tendencia de Rouco a la confrontación y quizá sea más útil repetir la placidez conciliadora aunque insustancial de
Ricardo Blázquez . No sería de extrañar, por tanto, que la CEE optase por el diálogo y la tolerancia como táctica, ya que puede estar en juego su supervivencia. Tiempo habrá para olvidar ese frente antigubernamental en el que han militado bajo las banderas de los
neocon durante los últimos años. Tiempo habrá para dejar en hibernación la batalla contra los matrimonios homosexuales, la Educación para la Ciudadanía, la reforma del divorcio, las manifestaciones y, si preciso fuera, hasta los exabruptos de la
Cope . A la espera de tiempos mejores.