
Tribuna Abierta
Decía así Andrés Urrutia en un acto social que celebramos el pasado 12 de febrero en Bilbao: "Un padre reunió a sus seis hijos, y tendiéndole una pequeña rama al más joven le dijo: ¿Serías capaz de romper esta ramita? Y el muchacho la rompió sin dificultad. Ahora, de entre la leña que está junto al fuego, elige otras seis similares a la anterior y dáselas al hermano mayor... Y tú, Joxe, intenta romper el manojo". El primogénito insistió con todas sus fuerzas, pero fue en balde. "Esto os digo, cada uno de los seis hermanos por su lado seréis juguete de vuestros enemigos, pero si os mostráis unidos nadie os someterá".
El texto relatado era el preferido de nuestro entrañable Martín Ugalde, cuando quería resaltar la necesidad de la unión frente a la adversidad. El presidente de Euskaltzaindia lo rescató para su discurso, en nombre del sector social de euskalgintza, durante el mencionado acto de solidaridad con nosotros los afectados en el caso Egunkaria .
Conocemos por sobrada experiencia lo difícil que resulta aunar voluntades, aunque cada una por separado se muestren, respecto de lo fundamental, en la misma dirección. El artículo del viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco, Patxi Baztarrika, publicado el pasado domingo, 24 de febrero, en este diario, es una buena prueba de ello. Cinco días antes, el mismo Gobierno, a través de su portavoz oficial, emitió un comunicado de contenido bien distinto al del viceconsejero. Ambas manifestaciones, en el marco del quinto aniversario de la primera operación contra Egunkaria .
Son muchos los aspectos de ese escrito que, por alusiones, podrían ser sujetos de legítima réplica por nuestra parte. Pero de ellos abordaremos sólo unos pocos, aquellos que a nuestro entender no podemos soslayar.
Dejaremos en una simple mención el profundo daño que dicho artículo nos ha causado, tanto a nosotros como a nuestras familias, por las injustas y graves consecuencias que nos podría acarrear.
En primer lugar, diremos que no nos da miedo la crítica, ni siquiera la crítica pública. Nuestra propia trayectoria acredita mejor que nada esta aseveración, aunque algo podríamos reprochar al viceconsejero por hacerlo de esta manera, en un momento en que estamos necesitados de otro tipo de iniciativas.
A lo que sí tenemos miedo es a la Audiencia Nacional. Y en la Audiencia Nacional se ha condenado a gente con contenidos similares a los que objeta el mencionado artículo. Este es el meollo de nuestro reproche, al que queremos agregar dos acotaciones. Una, que podríamos ciertamente explayarnos más al respecto, pero no sin arriesgar una profundización en nuestro propio perjuicio ante dicho tribunal de excepción. Observaciones que cuartean, parcializan o retuercen la realidad, haciendo además imputaciones colectivas y genéricas, como las que hace el viceconsejero, no son un campo de juego fácil para nosotros en las presentes circunstancias.
Para él sí es fácil desplegar su plumaje, cuando sabe que nosotros estamos atados de pies y manos para replicarle públicamente. Él no se juega nada. Nosotros, unos largos años de cárcel.
Y dos, tal vez el articulista no era consciente de toda esta faceta de su escrito. Nos preguntamos si a alguien con tan alto cargo y responsabilidad puede permitírsele un vacío de ese calibre.
En segundo lugar, entendemos que el impulso fundamental del viceconsejero bien podría ser su necesidad de subrayar el mérito de su apoyo hacia nosotros, por hacerlo desde la discrepancia y no la adhesión a la línea informativa que mantuvo Egunkaria .
Pues bien, esta exhibición por su parte aporta poca originalidad en una oleada social cuya pluralidad está fuera de toda duda. No por obvio es sobrado decirlo, el nexo social con el caso no viene dado por la adhesión a una línea informativa determinada, sino por una actitud cívica de solidaridad frente a la injusticia que representa el mismo. Nunca hemos pretendido otra cosa.
Nos guardamos, eso sí, la opinión que nos merece la intromisión pública de un miembro del gobierno para condicionar la independencia de un medio de comunicación. Nadie lo entendería en una sociedad con mayor cultura democrática y también menor conflictividad política, todo hay que decirlo.
Al hilo del artículo del señor Baztarrika, se hacía necesaria una comparecencia de los procesados en el caso Egunkaria . Ese es el objetivo del presente escrito. Por nuestra parte, el primero y el último sobre esta cuestión, dicho sea de paso, porque damos este asunto por zanjado.
Más allá de su finalidad explícita, diremos también aquí que no sabemos el efecto que vaya a tener sobre la resolución del caso la movilización de la conciencia crítica de la sociedad vasca en torno al mismo. Y no sólo ésta, sino la que se ha ido desarrollando fuera de nuestras fronteras, tanto a nivel cívico como institucional. No vamos a reiterarnos en detalles de sobra conocidos.
El quinto aniversario del caso irresuelto Egunkaria nos ha mostrado que la atención de la sociedad vasca sigue en pie.
En cambio, no somos nada optimistas respecto de nuestra suerte. La Audiencia Nacional ha tenido ocasión de cerrar el caso en estos cinco años con una "solución justa", como dicen los miembros de nuestro Grupo de Apoyo (Babes Taldea), que no es otra que "el sobreseimiento y archivo". Lo solicita incluso el fiscal. Pero si el caso se mantiene en la Audiencia Nacional, a través de la instrumentalización de la denominada "acusación popular", arrastrando el caso hasta llevarlo a juicio, es porque continúa el impulso político con que se inició. Y de persistir éste, sólo esperamos que acabe en algún tipo de sentencia condenatoria.
Tampoco nos permite otra esperanza el precedente del 18/98 e incluso la sentencia del Supremo en elcaso Atutxa/Bilbao/Knörr , o la pena de banquillo que es ya un hecho en el caso del lehendakari Ibarretxe y que amenaza con un juicio y una inhabilitación escandalosos. Por citar no todos, sino una muestra de la apretada agenda judicial que agobia a la sociedad vasca, le niega oxígeno democrático y la somete a la desesperanza.
Sin duda, hay otros aspectos también que inciden en ese estado de cosas de triple dimensión. Desde la experiencia propia, no somos precisamente indiferentes a su existencia, ni al dolor que generan en lo personal. Hoy reclamamos sin embargo el derecho a expresarnos desde nuestra propia realidad, como a otros se les permite hacerlo desde la suya sin exigírseles consideraciones y compromisos globales.
* En nombre de los procesados de 'Egunkaria', que también firman el artículo
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