
El guionista donostiarra Aitor Gabilondo.Foto: n.g.
Donostia.¿Cómo se adentró en el mundo de los guiones?
Ha sido un recorrido un poco raro. Estudié formación profesional agraria en Fraisoro (Zizurkil) pero trabajaba en la carnicería de mis padres. Tenía inquietudes y curiosidad por otras cosas. Me apunté a un cursillo de guiones en la escuela de Artes Escénicas de Urnieta y me gustó. A varios profesores, entre ellos Michel Gaztambide, les convenció cómo lo hacía, empezaron a darme trabajo y hasta hoy. Han pasado ya once años.
¿Esto es una muestra de que es un oficio que se puede aprender?
Completamente. Si no, no daría este curso. El problema es que ningún profesor, ni cursillo, ni universidad te puede enseñar a mirar, a ver. Eso lo tiene que cultivar cada persona porque depende de las inquietudes de cada uno.
¿Y alguien que sabe escribir pero que no tiene curiosidad?
Lo haría mal, plano, neutro. No transmitiría nada. Puede que esté bien escrito, que no haya faltas, que se entienda, pero no transmitiría nada. Quizá alguien que no sea tan perfecto escribiendo pero tenga una vibración o una mirada especial tiene más emoción y eso es lo que llegaría, porque es más sutil. Imperfectas pero cercanas.
¿Esa podría ser la clave del éxito?
Sí. Cuanta más verdad, más honestidad, mejor, porque es lo que conecta con la gente. Puedes contar con mucha emoción tu comunión y si es brillante gustará mucho y no hará falta que sea La guerra de las galaxias .
¿Por eso el auge de la ficción española?
Todavía hay grandes prejuicios. Lo que es de uno da un poco de vergüenza y lo que viene de fuera parece mejor. Al final, lo cierto es que si el espectador se siente reconocido en lo que ve, en la forma de ser de los personajes, se siente más cerca. Se siente cercano, reconoce ese mundo y por eso gusta.
Pero hay muchas series de fuera que tienen también éxito y no cuentan historias cercanas.
El público reconoce lo bueno pero las series norteamericanas estupendas que llegan aquí tienen menos audiencia que las series de aquí. House , Perdidos ... Todas tienen menos audiencia aunque sean mejores. El plus que tiene que sea algo tuyo, reconocible, hace que las series que se hacen aquí gusten. A pesar de ser un poquito menos buenas.
¿Ve el público lo que le ponen o se le puede 'enseñar'?
Hay de todo. El público no es homogéneo. Hay gente muy curiosa, interesada, que ve la tele con criterio, que sabe distinguir y valorar en su contexto una serie española que igual no es perfecta pero entiende lo que está bien. Y luego hay público más borrego que ve lo que le ponen.
¿Cuál es su opinión sobre el mercado de la televisión?
Es realmente muy despiadado pero como todos los negocios hoy en día. Vivimos en el capitalismo puro y duro. Si el fabricante de galletas saca un nuevo producto y no lo vende, lo retira del mercado, igual que el que hace coches. Nadie fabrica coches que no se venden, ni galletas que no se venden, ni periódicos que no se venden. Y la tele es igual. Es un negocio. Antes si no se vendían entradas para el teatro se cancelaba la función y se ponía otra. Lo que pasa es que la televisión lo amplifica todo de una manera exagerada porque está permanentemente encendida en millones de casas y todo es muy hiperbólico. Pero por mucho que fastidie, es bastante normal y sensato. Por otro lado, vivimos en la dictadura de las mayorías y siempre gana el partido mayoritario. Después hay personas como yo: acostumbrado a no ganar. Mi cantante favorito no está en el número uno. Lo que se puede pedir es que haya más sitio para las minorías, que no sea o siete millones o nada, pero la ficción es muy cara y si no es rentable no sale.
Ahora hay más diversificación de canales.
Ésa es nuestra gran esperanza que se fragmente la audiencia y que haya sitio para audiencias menores. El problema es que eso tampoco es del todo cierto porque el que tenía siete tiene tres, el que tenía tres tiene 0,5 y quitan las series igual. No hay sitio y todos quieren el trozo más grande de la tarta.
¿Es necesario irse a Madrid para ser guionista?
En Madrid hay más trabajo, más productoras pero también más competitividad.
¿Es demasiado competitivo?
Sí. Pero lo bueno es que lo que tú haces habla por ti. El guión habla por ti. Puedes ser muy simpático, muy guapo pero si el guión que escribes no está bien nadie lo va a producir. En cambio, si escribes una cosa que está bien puede que una, dos o tres personas no se den cuenta de que tienes talento pero no habrá cien personas que no se den cuenta. No digo que sea fácil. No es un paseo, pero si tienes talento puedes llegar a vivir de ello.
¿En qué consistirán las clases?
Son para iniciados. No sé qué tipo de gente vendrá, depende de cómo sea el grupo haré una cosa u otra. Mi idea es que a escribir se aprende escribiendo y no hay otra fórmula. La teoría se aprende en una mañana porque son cuatro reglas. Y si tienes el instinto de saber narrar aprenderás más rápido. Lo que voy a intentar es que escribamos juntos y que se enfrenten a la escritura. También explicaré que la escritura de los guiones no es libre, como casi nada, y que hay que tener en cuenta que no puede haber 5.000 actores, que hay un número determinado de escenarios, unos condicionantes de producción. En definitiva, un pequeño corsé dentro del que se puede ser muy libre y que hay que conocer para poder escribir dentro.
¿Y cuáles son sus planes de futuro?
Un grupo de guionistas nos reunimos hace dos años y montamos una empresa que el Grupo Z compró. Estamos haciendo series de ficción y películas. Estrenamos El síndrome de Ulises , en mayo estrenaremos un serial y al finales de año una policíaca. Estamos contentos porque los propios guionistas podemos controlar la serie y ha sido un gran paso para nosotros.
¿Hay muchas interferencias en el trabajo de un guionista?
Somos el primer grupo de guionistas que en España hemos conseguido liderar una productora. En todas las que yo he trabajado están regidas por empresarios. Percibíamos que era un obstáculo porque hacían de intermediarios con las cadenas y hablan un lenguaje distinto al nuestro. Creemos que, de esta forma, protegemos más las historias que queremos contar. Aunque todos estamos sujetos al mercado y a los caprichos, esperamos conseguir más cotas de poder.
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