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Itxaso Guembe y Elena Mata posan en el solar donde se ubicará la vivienda que se les adjudicó en el sorteo de 2004.
En noviembre de 2004, la vida sonrió a los 79 adjudicatarios de una vivienda de alquiler social promovida por el Gobierno Vasco en Riberas de Loiola. Han pasado más de tres años desde entonces y su vivienda no pasa de ser un agujero. Las previsiones más optimistas señalan que las viviendas podrían estar terminadas antes de enero de 2010. Habrán pasado más de 5 años en los que la sonrisa de aquel primer momento ha dado paso a la resignación y la incertidumbre. Un tiempo en que los agraciados en el sorteo han tenido que buscar alternativas y sobre todo, un lugar donde vivir.
Pueden llegar a entender que la orografía haya podido retrasar el inicio de los trabajos, pero la demora ha sembrado el desencanto entre los seleccionados. "No sortees algo que no sabes si vas a poder entregar", señala Sonia Prudencio. Esta mujer tiene que pagar un alquiler todos los meses, "en un lugar en el que, por suerte, estoy a gusto". Prudencio reconoce que, en un primer momento, no imaginó este retraso. Alquiló un piso en el que vivieron ella y su hija, "pensando que en dos años podríamos entrar a vivir en Riberas". Era una vivienda pequeña en la que madre e hija compartían habitación. "Cuando la niña es pequeña, de acuerdo, pero quiero que ella tenga un espacio". El retraso de su vivienda en Riberas de Loiola las ha llevado recientemente a buscar otro lugar. Esta mujer señala haber perdido la ilusión. "Te haces a la idea y te olvidas del tema". No ve el momento en que pueda entrar a vivir en Riberas de Loiola. "Ha pasado mucho tiempo. La vida de una persona puede ser muy distinta en un plazo de seis años", señala.
En este sentido se expresa Itxaso Guembe, otra de las personas seleccionadas para entrar en una de las viviendas de alquiler social. "A enero de 2008, sólo han adjudicado la cimentación, ni siquiera la construcción de los pisos", asegura. La joven asegura que su malestar no reside en haber tenido que afrontar un alquiler durante este tiempo. "Todos tenemos recursos para salir adelante, pero lo que no pueden hacer es jugar con los proyectos personales de la gente. No puede ser que sorteen en 2004 algo que saben que no van a poder entregar", explica. La incertidumbre ha sido el sentimiento principal de los seleccionados durante este tiempo. Recibieron en noviembre de 2006 la única carta que les ha remitido el Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco informándoles de la situación de sus pisos. Aquel día supieron que no podrían entrar a vivir en un plazo de cuatro años. "No nos pueden tener así. En estos momentos, no sabemos siquiera si se mantienen los baremos por los que se adjudicaron las viviendas en 2004. La situación familiar y económica de una persona es muy distinta en un plazo de seis años de su vida, y también los baremos". Los años, además, han minado la ilusión de los primeros días de Guembe. "Ni siquiera me he planteado vivir en Riberas. Se me han quitado las ganas y, como a mí, también a otros".
Elena Mata, por su parte, recuerda las veces que ha visitado la delegación del Departamento de Vivienda de la calle Andia. La alegría de haber sido agraciada en el sorteo de una vivienda le llevó a rescindir su contrato de alquiler en la Avenida de Zarautz. "Calculé dos años y le dije al propietario que me iría. Llegó un momento en que no podía demorar más el plazo y tuve que buscar otro piso. Hasta entonces, la renta respondía a los años que llevaba, pero en el nuevo piso, el precio había subido", explica Mata. No pudo empadronarse en la vivienda, requisito para acceder a las Ayudas de Emergencia Social. "Tengo amigos que me han apoyado en todo momento y gracias a los que he podido salir adelante, pero no tengo por qué tirar de nadie si se supone que me ha tocado una vivienda". Mata ha tenido que salir adelante y educar a su hija Irene. La situación del mercado inmobiliario la ha hecho trasladarse varias veces de piso. "Pase que me haya sucedido a mí, pero una niña no tiene por qué pasar por esto". Desde hace un tiempo ha encontrado una vivienda en la que ha hallado estabilidad. "Ahora no tengo la angustia de estar pendiente de lo que puedan tardar".
La suerte ha vuelto a sonreir a Sergio Sistiaga, un joven que se había resignado a pagar un alquiler en tanto podía tener acceso a las llaves de su piso en Riberas de Loiola. "Hace dos semanas me llamaron para informarme de que uno de los adjudicatarios de la promoción entregada recientemente había renunciado a la vivienda. La próxima semana firmaré", apunta. Una vez que resultó agraciado en el sorteo en 2004, Sistiaga se planteó alargar su estancia en el hogar materno hasta acceder a su nueva vivienda, "pensando que será poco tiempo". El año pasado, ante la demora, se mudó a un piso compartido. "La verdad es que tenía el tema de Riberas olvidado. La llamada me sorprendió y estoy ilusionado".
Sistiaga reconoce que la ilusión ha vuelto después de que se diluyera durante este tiempo. "Cuando te dicen que hasta 2010 no vas a poder entrar a vivir en un piso que te ha tocado en 2004, te queda la resignación". Las últimas noticias de la que iba a ser su vivienda no son muy positivas. "La promoción está muy verde y todavía va a llevar tiempo", relata.
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