
Una grúa manipula basuras en la incineradora de Zabalgarbi.Foto: z. alkorta
donostia. La incineradora que en 2012 entrará en funcionamiento en Gipuzkoa no estará sola. Para enfrentarse a la ardua tarea de absorber más de 260.000 residuos no reciclables ni compostables al año, contará con la colaboración de dos fieles sirvientes. La primera de ellas será una planta de biosecado sobre la que hasta ahora se conocía bien poco; la segunda, menos compleja, manipulará las escorias generadas durante la cremación de las basuras, antes de ser destinadas a obras civiles.
El detallado estudio encargado por el Consorcio de Residuos de Gipuzkoa -del que ayer se hacía eco este periódico- sobre las alternativas existentes para el tratamiento final de las basuras, también adelanta las principales características de las instalaciones de biosecado. El documento afirma que este ayudante triturará y reducirá el 65% (casi 168.000 toneladas anuales) de los desechos que lleguen al complejo de tratamiento de residuos, antes de ser quemados en los hornos de la incineradora, además de rescatar el material metálico reutilizable. Para ello, asentará sus pabellones en un área de poco más de una hectárea, cuya construcción costará entre 43 y 47 millones de euros.
El documento de desarrollo del Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos de Gipuzkoa (PIGRUG) se decanta por una instalación "biológico mecánica" (biosecado) que reduzca al máximo posible la cantidad de basuras domiciliarias no reciclables ni compostables que será quemado en los hornos. Después de tronchar el material hasta un tamaño cercano a los 20 centímetros, este mecanismo someterá esa masa homogénea de desechos a una fuente cálida de aire que eliminará gran parte de la humedad presente en ella, aumentando así su poder calórico.
A pesar de que el procedimiento básico de la planta de biosecado será ése, existen diferentes tecnologías en el mercado. El estudio del Consorcio presenta dos opciones, denominadas Ecodeco y Herhof, aunque no se decanta por ninguna de ellas. Se trata de los dos principales procedimientos utilizados en países como Italia, Alemania y Reino Unido. La elección de una u otra conlleva diferencias "significativas" en cuestiones como el coste de las instalaciones o el impacto ambiental, entre otros.
sistema ecodeco
Más energía, menos agua
Optar por esta tecnología, desarrollada por una de las principales empresas italianas del sector, requeriría la edificación de naves de entre 15 y 16 metros -ninguna chimenea- que ocuparán un área de 1,1 hectáreas, lo que supondría una inversión de más de 47 millones de euros. En este caso, el conjunto del complejo de tratamiento de residuos alcanzaría un tamaño de 7,1 hectáreas.
En este proceso, un triturador desmenuza las basuras hasta un tamaño de entre 20 y 30 centímetros, tras lo que el material "homogeneizado" se traslada a las naves de biosecado. El suelo de este área está formado por parrillas de hormigón, perforadas para que circule la corriente de aire que activa la deshidratación y fermentación de los desechos. El material que resulta de este proceso se hace pasar por una cinta transportadora desde la que se extraen metales férricos y aluminio.
El poder calórico del material saliente que irá a la incineradora habrá aumentado al final en un 30%. Este sistema en sí no genera residuos peligrosos, aunque exige la depuración de los lixiviados generados en el biosecado (unos 3.400 m3 de aguas residuales al año). También son necesarios filtros para limpiar los gases de salida.
Según explica el estudio, este escenario es el que favorece una mayor cantidad de electricidad excedente (146 GWh/año) durante la incineración y el que menor flujo de agua necesita (16.200 m3 anuales).
sistema herhof
Más barato, más residuos
Este procedimiento, creado por una empresa alemana y gestionada en la actualidad por una compañía de Irlanda, fue implantado por primera vez en 1997. En su hipotética aplicación en el complejo de los altos de Zubieta, supondría una inversión de unos 43 millones de euros. Se estima que ocuparía una superficie de 1,2 hectáreas -el conjunto del complejo alcanzaría las 7,2 hectáreas, sobre la que se levantarían unas naves de 13 metros de altura y un pabellón de unos 20 metros, que acogería las instalaciones de biosecado.
El estudio indica que el "principal" impacto visual estaría asociado a una chimenea de evacuación de los gases de combustión del sistema de depuración del aire, aunque ésta quedaría "apantallada" por la incineradora.
Esta tecnología arranca con unos trituradores que reducen los desechos a partículas de menos de 20 centímetros. El material desmenuzado se traslada a los túneles de biosecado, donde permanecen "unos seis días" hasta perder el 15% de su humedad y entre el 20% y el 30% de su peso. El proceso se cierra, igual que ocurre con Ecodeco, con la extracción de materiales metálicos.
A pesar de contar con mecanismos para neutralizar las sustancias nocivas que se originan, este sistema genera unas 480 toneladas anuales de residuos adicionales que deben ser destinados a un gestor autorizado. Apenas da lugar a aguas residuales, aunque necesita una fuente de agua de 48.200 m3 cada año. Según refleja el estudio, echando mano de esta técnica, el complejo de tratamiento de residuos de los altos de Zubieta produciría un excedente de electricidad de 136 GWh al año.
Con estos datos en mano, corresponde ahora al Consorcio de Residuos elegir el mejor sirviente para la incineradora.
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