
Dentro de este endeble Estado de Derecho en el que compartimos nuestras vivencias, siempre hay quien se empeña en polemizar sobre los símbolos: himnos, banderas… todo vale para elevar el tono de crispación de forma hueca pero eficaz para sus propósitos. Aquí se ensalza o se demonizan banderas según la combinación de colores… y como siempre, tratan de imponernos una determinada interpretación de la legalidad... ¡justo la que comulga con sus intereses!
Y, entre tanto, en Europa nos quedamos sin himno ni bandera: una de las polémicas surgidas en el marco de la negociación del próximo Tratado de Lisboa (que dejará atrás, lamentablemente, el proceso de constitucionalización de la Unión Europea) ha girado en torno a esos símbolos externos de nuestra Europa, ya que por temor a que se creara una imagen de Estado Europeo varios países impusieron que no se mencionaran en el nuevo Tratado.
Me parece frustrante: Europa no compite con los Estados, se superpone a ellos….y puede ayudarnos a superar conflictos políticos internos gracias a su compleja arquitectura institucional y a un renovado concepto de soberanía y de territorio, nociones reservadas hasta el momento en exclusiva a los Estados.
Por encima de elitismos y de tecnicismos, es clave recordar que para salvaguardar la paz, la libertad y la prosperidad se precisa una UE democrática y políticamente sólida. Y debemos concienciarnos, como ciudadanos vascos y europeos, que debemos desempeñar una labor activa en el impulso de nuestro modelo social, lingüístico y cultural.
La fácil demagogia populista en torno a los símbolos refleja el temor a debatir sobre lo verdaderamente importante. ¿A quién le interesa que se enquiste nuestro debate, le llamemos conflicto o con otras denominaciones?
Lo que deseo reivindicar de una vez es que dejemos de parecernos a la Rusia del presidente Putin, en la que no hay sociedad civil, y que reaccionemos como vascos ante la mafiosa tutela de ETA, y con la misma fuerza y rabia cívica reaccionemos democráticamente (es decir, acudiendo a VOTAR) ante la reiterada actitud de un aparato judicial especial (la Audiencia Nacional) que siempre orienta su supuesta sapiencia jurídica en un sentido provocador, tan reaccionario como antisistema, tan tendencioso como injusto... y que desarma a quienes reivindicamos, sin equidistancias, que nos dejen construir este nuestro país en paz.
Su supuesta fuerza como Estado muestra en realidad su debilidad, su actitud revanchista y desprovista de buena fe… dicen protegernos y en realidad impiden que la senda democrática marque el camino hacia la reconciliación entre los vascos.
Vivimos cómodamente instalados en nuestro plácido individualismo: ya es hora de reclamar como colectivo que no todo vale. Fuera ETA, de acuerdo, pero desterremos también, y para siempre, las imposiciones de sentencias injustas, de decisiones arbitrarias, la criminalización de ideologías, la demonización de colectivos, la utilización de la violencia (en ambos sentidos) para fines político. ¿No son razones suficientes para mostrar con nuestro voto nuestro hartazgo?
* Catedrático de Derecho Internacional Privado
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