
EN los últimos tiempos estamos viviendo un cambio en las actitudes y en los modos de actuación de lo que algunos llamaron el estilo guipuzcoano , como contraposición a otro tipo de comportamientos que se caracterizan por el axioma del que "hay que hacer a costa de lo que sea y a cualquier precio". Hasta ahora los guipuzcoanos, probablemente influidos por la filosofía ignaciana, teníamos a gala tomar las decisiones desde la mesura, la templanza y la prudencia, siempre buscando el mayor consenso. Las formas importaban tanto o más que el objetivo a conseguir.
Ese know how que daba impronta y sello a todo tipo de actuaciones en nuestro territorio, parece que se ha venido abajo con tanta rapidez que nos cuesta acostumbrarnos. Ese nuevo estilo ha afectado ya a la política, al deporte, hay que recordar el affaire de la Real Sociedad, e, incluso en el ámbito laboral, como hemos visto con el cierre de la planta de Hexion en Hernani.
Pero nadie pensaba que esa forma de actuar iba a afectar de tal manera a una asociación como Adegi, que ha sido cuna y ejemplo de la patronal vasca, precisamente, por el mantenimiento de esos valores de la prudencia y del consenso, hasta el punto de ser referencia entre sus homólogas vascas.
La destitución del secretario general y secretario general adjunto de Adegi, José María Ruiz Urchegui y Arturo García, respectivamente, por parte del presidente Eduardo Zubiaurre supone todo un cambio radical en la manera de actuar de esta asociación empresarial en sus ya 30 años de historia que, a tenor de lo que se percibe en el mundo guipuzcoano, le va a dejar muy tocada.
En primer lugar, por el modo y la forma en la que se materializó el cese de los dos ejecutivos que rompe con la vieja práctica interna de la búsqueda del máximo consenso a la hora de resolver los problemas. Hasta ahora, las cuestiones internas se resolvían en los órganos contemplados en los estatutos y nunca fuera de ese ámbito.
Es verdad, y así figura en el plan estratégico, que el relevo al frente de la secretaría general de Ruiz Urchegui, que tiene 61 años, está contemplado, aunque de forma abierta y sin fijar plazos determinados, como deben ser las transiciones en una organización.
En este relevo generacional y en una modernización de las actividades de la asociación más centradas en los problemas que tiene hoy el empresariado y no en la negociación colectiva como ha podido ser hasta ahora, estaban de acuerdo muchos miembros de la dirección de Adegi. Sin embargo, las formas en las que se han ido desarrollando los hechos han hecho que muchos de ellos comiencen a dejar en un segundo plano ese objetivo para poner encima de la mesa la autoridad que sobre estos asuntos deben tener los órganos de decisión de la patronal.
La votación de los 15 miembros del comité ejecutivo aceptando los ceses para su aprobación posterior por parte del consejo rector supone ya de partida todo un gran trauma interno, porque era la primera vez que sus componentes tenían que dirimir sus diferencias mediante el voto. Una medida que no gustó a nadie porque fue forzada por el enquistamiento de dos posiciones claramente enfrentadas.
En segundo lugar, la crisis de Adegi ha puesto de relieve la vulnerabilidad de una organización representativa de un colectivo muy importante, como son los empresarios, que ha servido para transmitir públicamente una imagen de unidad y de compromiso con el progreso y el desarrollo de Gipuzkoa, así como una férrea firmeza frente a ETA. Las consecuencias de esa actitud fueron el asesinato del presidente José Mari Korta y las secuelas que un familiar de Ruiz Urchegui tiene, al hacerle explosión una bomba dirigida contra él.
En esta importante crisis que sufre Adegi, bueno será que cuanto antes se llegue a una salida en la que el espíritu y el buen nombre de la asociación salgan lo menos afectados posible por el bien de la sociedad guipuzcoana que necesita organizaciones sólidas, estables y eficaces.
A tenor de los movimientos que se están dando durante estos días entre el empresariado guipuzcoano, el consejo rector de Adegi no lo va a tener fácil en la reunión que celebra mañana para ratificar o no el acuerdo del comité ejecutivo.
Frente a los que plantean la escisión como única salida y entre los que amenazan con dimisiones en cadena si no se produce la restitución de Ruiz Urchegui y García. Hay otros que optan por una salida intermedia como es la de no entrar en la cuestión y abrir un periodo transitorio con la elección de un nuevo presidente que, en un tiempo razonable en el que las heridas cicatricen, convoque unas nuevas elecciones que den normalidad y estabilidad a la asociación.
Los defensores de esta salida parten de la premisa de que sea cual sea el acuerdo del consejo rector entre el binomio Zubiaurre-Ayerza o el compuesto por Ruiz Urchegui y García, no va a servir para resolver la crisis, sino al contrario, provocar más división interna, al estar quemados tantos unos como otros para seguir en sus cargos. Es necesario "tirar por el camino de en medio para encontrar la salida al túnel donde nos encontramos", afirman. La solución, mañana.
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