Editorial
Decepción en Cuba
OMO cabía esperar,
Raúl Castro
fue elegido el pasado domingo nuevo presidente del Consejo de Estado cubano que, de facto, supone la jefatura del Estado tras la renuncia del hombre que ha dirigido los designios de la isla durante 49 años con mano de hierro, su hermano
Fidel . Pero lo que no se esperaba, o al menos no se esperaba con tanta contundencia, fue la elección de hombres de la vieja guardia, alguno de ellos más ortodoxo que el propio Fidel, en los principales puestos clave de la política cubana. Un mazazo para todos aquellos que pensaban que se podía iniciar una transición en la isla, necesaria a todas luces, una vez que los preceptos básicos de la revolución han fracasado y alejado al pueblo cubano de la realidad mundial ayudados, también es cierto, por un bloqueo estadounidense que tiene mucho más de venganza que de apoyo a la democracia como suelen vestir en Washington todas las injerencias que realizan a lo largo y ancho del mundo. Pero reconociendo esto, no es menos cierto que el régimen cubano hace muchos años que ha derivado en una sociedad policial, más pendiente de que su población no pueda acceder a otras ideas que de profundizar en los valores universales que tuvo su revolución. Y todo ello en un momento en el que el exilio cubano cada vez se aleja más de aquellas posiciones integristas que abanderaba
Mas Canosa , un ultra con estrechas conexiones con
José María Aznar . Cuba todavía está a tiempo para iniciar una transición que pase, exclusivamente, por manos de los cubanos, los del interior y los del exterior. Hacerse fuerte en el búnker sólo conseguirá que una vez que caiga un régimen anacrónico en estos momentos, lo haga en manos del capital extranjero mientras que la población autóctona se limitará a ejercer de servicio. Pero la vieja guardia también sabe que una población que comience a emprender, a producir y a generar riqueza, acaba con el sistema político en un abrir y cerrar de ojos. Eso lo ha sabido siempre Fidel, inteligente como nadie en la gestión de los tiempos y los sentimientos de su pueblo. Bien es cierto que hay dar tiempo al nuevo equipo, pero también lo es que los nuevos nombramientos han caído como un jarro de agua fría entre los que apostamos por un pueblo cubano pujante y no sometido. No sometido a nadie, ni al buró del PCC ni a los EEUU.