Editorial
Nunca digas nunca jamás
O suelen ser las campañas electorales momentos en los que haya que creer demasiado en las afirmaciones y promesas de los políticos. Desgraciadamente. La proximidad de las elecciones es propicia a la exageración, a la baladronada, a la promesa y a la falsedad. La vicepresidenta del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, era entrevistada ayer por el diario editado en Madrid de mayor difusión, y aprovechó para hacer campaña. A sabiendas de que el PP va a seguir utilizando la política antiterrorista como arma electoral, la vicepresidenta quiso instalar un cortafuegos asegurando que nunca volverá a haber un diálogo con ETA. No se habla, siquiera, de negociación, sino de diálogo con ETA para el fin del terrorismo. Añade la vicepresidenta que "aquí, el único escenario que hay es el cese definitivo de la violencia". No dice cómo va a lograrse ese cese definitivo sin dialogar con quienes tienen que cesar en su actividad armada. Una vez más, la campaña electoral da para todo, hasta para proclamar el absurdo como verdad inapelable. Una vez más, la campaña se utiliza para pregonar vaciedades como artículos de utilidad. Tan fraudulento es exigir la derrota de ETA como proclamar que nunca jamás se dialogará con la organización terrorista. Unos y otros, en definitiva, echan mano del terrorismo para arañar votos y para ello compiten en dureza e inflexibilidad. Luego, ya veremos. Porque la obligación de cualquier gobernante, sea del partido que sea, es buscar fórmulas para lograr el cese definitivo de las armas, y esa situación nunca podrá producirse en este país sin el diálogo necesario entre el Gobierno de turno y los representantes de ETA. Otra cosa será la negociación que vaya a llevarse a cabo entre las formaciones políticas para consensuar una situación que haga imposible el recurso a la violencia para lograr reivindicaciones políticas. Se les calienta la boca a los políticos en campaña, a la vista está, y menos mal que los ciudadanos ya están acostumbrados a no creerse demasiado ni las promesas ni los compromisos, por más solemnidad y rotundidad de que se los pretenda revestir. La vicepresidenta también está en campaña y habrá que suponer que lo dicho sobre el diálogo con ETA entra en ese contexto, de lo contrario sería una grave irresponsabilidad.