Editorial
Un aviso
A sorpresa registrada en las elecciones de compromisarios en representación de los impositores en Caja Vital, al ganar la candidatura del PP contraria a la fusión de las cajas vascas, a pesar de no haber alcanzado el número suficiente de votos para constituirse en minoría de bloqueo, pone en evidencia la necesidad de lograr acuerdos entre las distintas formaciones políticas que están a favor de la integración. No puede ser que la creación de un instrumento financiero tan importante como es el de contar con una entidad sólida y fuerte para dar respuesta a los retos económicos y empresariales que tiene este país esté al albur de unas estrategias partidarias de carácter localista. La utilización de asuntos económicos para obtener réditos políticos desde el cortoplacismo a costa de hipotecar el futuro de Euskadi sólo puede tener una única respuesta, que es la unión de todas aquellas formaciones que están a favor de la integración y que son mayoría. Evidentemente, el PSE, que fue el gran derrotado en los comicios de Caja Vital, se cuidará mucho de hablar de este asunto hasta que no se celebren las elecciones del 9-M conociendo el marcaje que en este terreno le hace el PP en Álava. Sin embargo, la formación de un eje entre el PNV, PSE y EA tiene que servir de llave no sólo para desbloquear la situación en Álava, a partir de la mayoría de compromisarios que tienen, sino también como elemento referencial en las otras dos cajas para poner en marcha cuanto antes el proceso de integración. Si el tiempo en ocasiones juega a la contra, mucho más lo hace en un asunto que siempre será tarde cuando se ponga en marcha, al margen de dejar en el camino un largo rosario de oportunidades perdidas. El caso de Iberdrola es un ejemplo de lo que puede suponer la existencia de una herramienta sólida financiera como la que proporciona una caja con todas sus participaciones industriales integradas para evitar situaciones que responden a intereses especulativos. Por no hablar de otros sectores estratégicos. Si bueno es el consenso, mucho más lo es el que, una vez celebradas las respectivas elecciones, continúen al frente de las entidades las mismas personas que en el año 2005 pusieron en marcha un proceso que puede iniciarse a corto plazo con el horizonte del año 2010.