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PNV y PSOE temen una mayor radicalización de Batasuna a pesar del fracaso de la huelga

los jeltzales creen que elnucleo duro del MLNV acallará las corrientes críticas

El Gobierno español "está preparado" ante un "largo" periodo marcado por el rebrote de los atentados

De izquierda a derecha, Kamino Mendiluze, Santi Kiroga, Mariné Pueyo, Igor Arroyo, Elena Urabayen y Xabier Vélez, ayer.Foto: JAVIER BERGASA

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VITORIa. La escasa incidencia de la huelga general convocada por LAB el pasado jueves añade nuevas dosis de incertidumbre al colapsado esquema sobre el que se apoya la resolución del conflicto vasco. Con toda la maquinaria del Estado incidiendo en el frente político-judicial, la izquierda abertzale histórica comprobó su soledad en la jornada de paro. Partidos y sindicatos que han apostado en otras ocasiones por sumarse a la pancarta se desmarcaron esta vez. La sociedad tampoco respondió. El hartazgo que ha generado en los ciudadanos el naufragio del último proceso de paz quedó en evidencia. El desgaste del MLNV es otra variable despejada.

El mayor problema, sin embargo, es la percepción compartida en los dos partidos que protagonizaron junto a Batasuna las conversaciones de Loiola -PNV y PSOE- de que esta situación no provocará una reflexión en ese mundo. Ni siquiera se movilizará ante el bloqueo generado por la presión de las ilegalizaciones y por la falta de credibilidad de puertas afuera del ideario que defiende Batasuna. Las dos formaciones comparten otra lectura: parte de la militancia desea marcar distancias con la violencia y no logra canalizar esa corriente.

Al contrario, fuentes jeltzales consultadas por este diario sostienen que "no va a suceder nada" y eso, en su opinión, amenaza con "cronificar" el terrorismo y el problema político que se oculta tras del ruido de las armas. Hay un peligro real de que el conflicto acabe por "enquistarse" definitivamente.

viaje en soledad Los jeltzales temen que el núcleo más duro de la izquierda abertzale oficial tome las riendas y acalle las corrientes internas que empujaban tímidamente hacia un nuevo escenario. Se trata, afirman, de militantes que rechazan la amenaza de ETA pero que no pueden influir en la formación desde la trinchera cavada por su "insistente resistencia" a no desmarcarse de ETA y a la que han sido empujados por la acción combinada del Gobierno Zapatero y de la Justicia, gracias al amplio margen de maniobra que les proporciona la Ley de Partidos.

Un ejemplo de ese viaje en soledad hacia la radicalización pudo visualizarse el pasado viernes en el Parlamento Vasco. EHAK no se sumó a un acuerdo del tripartito más Aralar en apoyo de los imputados en el sumario 18/98 en torno a una propuesta presentada precisamente por el grupo de Ezker Abertzalea. Tierras Vascas echaba de menos en el texto un reproche expreso a la "criminalización" a la que somete el Estado español "a los colectivos que trabajan en favor de la construcción de Euskal Herria".

También reclamaba que se denunciara que el Gobierno central "quiera sacar al independentismo del juego político". Pedía, en definitiva, un posicionamiento sobre su propia situación y lo hacía siete días después de retirar una propuesta para que la Cámara se pronunciara sobre el acoso que sufre, un gesto que exterioriza de nuevo el deseo de aislarse dentro de una dinámica que el PNV tacha de "victimista".

Los socialistas consideran por su parte que la escasa incidencia de la movilización del jueves desnuda "la gran decadencia" de su apuesta política, fundamentalmente porque "ETA es ahora quien manda" y "ha dejado descolocado a su movimiento político". El PSOE defiende que el escaso respaldo que tuvo la movilización no es fruto del desgaste al que ha sometido la Ley de Partidos a Batasuna, sino del "desconcierto" de sus militantes.

El análisis del Ejecutivo español es tan simple como diáfano. ETA ha mostrado su voluntad de matar y no se va a producir ningún movimiento interno, pese a que parte de su esfera política rechaza el retorno de la violencia. "Estamos preparados porque sabemos que puede ir para largo", manifiestan en relación a un previsible rebrote de los atentados.

Los socialistas siguen firmes en su propósito de no abrir un resquicio al diálogo mientras ETA no renuncie a las armas y serán "inflexibles" con la aplicación de la Ley de Partidos. La respuesta del MLNV a ese planteamiento de restarles oxígeno ha sido siempre endurecer su postura y nada apunta a que se estén explorando otras vías. El enrocamiento no da frutos en política sin el calor del respaldo de la sociedad. En cambio, para el PSOE el crédito del proyecto de Batasuna se ha diluido con el fracaso del último proceso de paz. Su más que previsible salida definitiva de las instituciones es un lastre añadido.

Hasta ahora, las marcas electorales que han asumido el discurso de Batasuna han logrado que, a pesar de su ilegalización, la ideología se mantenga viva en las instituciones. El encarcelamiento de la Mesa Nacional -y de dirigentes de ANV y EHAK-, el muro que se ha levantado en las puertas del Congreso y la amenaza que corren esas siglas de ser desalojadas de ayuntamientos, Juntas Generales y Parlamento Vasco obligaría al MLNV a buscar su espacio a pie de calle. La tibieza con la que fue acogida la huelga complica esa estrategia. El recuento de los votos nulos en las elecciones del 9-M servirá de termómetro de sus apoyos, pero también de enganche a los flujos políticos que tiene vedados, el penúltimo clavo ardiendo.

9-m El panorama postelectoral puede tener un valor añadido para la izquierda abertzale histórica. Unos buenos resultados de PNV, Nabai y EA acompañados de una victoria ajustada de Zapatero dejaría a estas fuerzas nacionalistas vascas en una posición inmejorable para presionar al futuro presidente del Gobierno y propiciar un nuevo escenario que prime el diálogo. O, lo que es lo mismo, que afloje el cerco que se cierne sobre Batasuna con el objetivo de aterrizar en un nuevo ciclo. Las palabras del presidente del PNV, Iñigo Urkullu, el pasado viernes augurando "la mayor crisis institucional de la democracia" debido al descontento de los nacionalismos es un posicionamiento en toda regla en el tablero político en ese sentido.

El líder del PSOE se ha comprometido a no dar un paso por el sendero del diálogo sin el cese definitivo de las armas. Ya no valen treguas. Urkullu, rechaza cualquier negociación en este momento, si bien está dispuesto a mantener abiertos los cauces del diálogo. Esos débiles lazos, sostenidos también por los contactos personales de socialistas vascos con militantes de Batasuna, son vitales para evitar un escoramiento definitivo de la izquierda abertzale oficial.

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