El progreso imperfecto
Todo parece indicar que la subsistencia de los tanques de combustible de nuestros coches va a ser tributaria de la cosecha de cereales, remolacha azucarera o maíz.Por la vía de la transformación química de los azúcares e hidratos de carbono en alcohol se nos viene la esperanza de vida de la automoción.
Nos enfrentamos por lo tanto a una revolución industrial ligada indefectiblemente a la agricultura que desencadenará efectos notables, positivos en principio si tenemos en cuenta el agotamiento de las reservas de petróleo, pero que se nos puede escapar de las manos si la planificación no se lleva a cabo teniendo en cuenta todos los factores colaterales y residuales de esta transformación.
El primer efecto negativo ya aparece en lontananza al anunciársenos para dentro de unas semanas el aumento del precio del pan como consecuencia de la creciente demanda de trigo. Después vendrán los de otros productos en los que esta gramínea es fundamental (piensos compuestos que se utilizan para el cebado de pollos, cerdos, peces de acuicultura, etc. y así sucesivamente).
Para desarrollar estas técnicas habrá que aumentar las superficies de cultivo, que en algunos países equivale a deforestación; se incrementará la producción de abonos; las ingentes cantidades de materia prima a transportar requerirán más barcos graneleros; se conmocionará la producción industrial de maquinaria agrícola y, en resumen nos tendremos que enfrentar a cambios tan profundos que, lego en la materia, solamente me atrevo a esbozar.
Pero antes de que podamos llenar los depósitos con el líquido salvador tenemos la obligación de detener nuestra carrera, coger aliento y reflexionar ¿Existe el derecho de convertir el trigo de la madre tierra en combustible sin antes haber saciado el hambre de quienes no tienen automóvil pero tampoco pan?
He aquí la gran pregunta. Para contestarla quisiera yo acudir a la verdadera globalización, es decir, al entendimiento entre los pueblos para repartirse los deberes y llevar a cabo una gestión universal que resuelva los problemas sin crear otros.
El mundo tiene mucha experiencia de negocios emprendidos con buena voluntad pero resueltos con descuido. Si ahora sucediera lo mismo, mal camino habremos emprendido. Antes de empezar, me suben el pan pero no me bajan la gasolina. Perdonen Uds. mi mal humor, pero no está el horno para bollos.