
El director estadounidense Errol Morris (d) posa junto a la productora Julie Ahlberg en la Berlinale.Foto: efe
gemma casadevall
berlín. El estadounidense Errol Morris denunció ayer en la Berlinale las torturas a presos iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib con su documental Standard Operating Procedure, en una jornada compartida con la película del británico Mike Leigh Happy-Go-Lucky, un elogio a la felicidad por mucho que las criaturas felices puedan enervar al resto del mundo.
En el que es el primer documental a competición en la historia del Festival de Cine de Berlín, Morris secciona con la meticulosidad de un médico forense las fotografías que en 2003 sacudieron al mundo, en que se mostraba a soldados estadounidenses humillando y torturando a presos iraquíes y posando sonrientes junto a sus cuerpos. Dispone de un material de excepción: los testimonios de sus protagonistas, como la soldado Lynndie England, la de la famosa fotografía con un preso atado como un perro, o su compañera Sabrina Harman, que sonreía haciendo la señal de la victoria. Ambas cuentan a la cámara hasta el último detalle cómo y por qué fueron tomadas esas imágenes. England relata su experiencia en un ejército donde la mujer no puede mostrar flaquezas y explica que se dejó hacer esas fotos para impresionar a su novio, Charles Graner.
Morris plantea lo ocurrido en Abu Ghraib como parte de una Standard Operating Procedure -o sea, procedimiento habitual con presos iraquíes-, en que el acto de desnudar a los reclusos y hacerlos posar ante mujeres soldado era una forma de vejación sexual.
una estrategia planeada La cárcel iraquí, como otras instalaciones del ejército de EEUU en ese país, se levantó de acuerdo a un plan, y lo ocurrido no fue obra de un grupo de soldados, más o menos embrutecidos, sino que respondía a una estrategia concreta refrendada desde arriba, según la película. El problema es que los 118 minutos de frío documental, en que se combinan el relato de sus testigos con las fotografías, más las escenas de ficción representando torturas, no despiertan la empatía.
El horror verídico de la cinta de Errol Morris, que él mismo define como "una película de horror, pero de no-ficción", contrastó ayer con el mundo en colorines de Poppy, la protagonista de la película de Mike Leigh, que encandiló al festival arrancando risas y ovaciones.
"El mundo no es maravilloso, por eso es importante responder con optimismo al negativismo de la vida", afirmó Leigh sobre el mundo que retrata en su comedia, Happy-Go-Lucky, construida sobre una joven londinense empeñada en ser feliz incluso cuando le roban la bicicleta. Poppy, interpretado por Sally Hawins, es esa muchacha inmune a la amargura que viste como vive, en colorines. El reverso de la moneda es Scott -Eddie Marsan-, un profesor de autoescuela torturado y "torturante", enfermo de su propia bilis interior.
Del cruce de ambos surge un filme delicioso con escenas magistrales, como una clase de flamenco impartida por una sevillana que trata de inculcar a su alumnado el secreto del taconeo como arma para marcar el territorio, en la vida y en el amor.
"El flamenco es sexy, rabia, fuerza y pasión. Incluimos la escena mientras desarrollábamos el personaje porque pensamos que cuadraba en el esquema vital de Poppy, ahí la catapultamos", explicó Leigh. "Poppy es una muchacha que ama la vida", resumió Hawins. El acierto de Leigh consiste en reflejarlo y a la vez demostrar que no es una Party Girl sin cerebro, sino un ser dotado de una enorme sensibilidad para captar traumas ajenos y dar respuestas adultas, cuando la situación lo requiere. Completó la jornadaBam Gua Nat -Day and Night-, del coreano Hong Sangsoo.
'El pollo, el pez y el cangrejo real', en Berlín
Un cocinero real, Jesús Almagro, metido cuatro meses en una cocina ideando tres platos para participar en el concurso culinario francés Bocuse d'Or es el punto de partida de El pollo, el pez y el cangrejo real, un "thriller gastronómico" en clave de documental del director José Luis López Linares. Con semejante argumento "tan poco atractivo", según ha reconocido el propio López Linares, es impactante que El pollo, el pez y el cangrejo real sea la única cinta española en la actual edición del Festival de Cine de Berlín -Elegy de Isabel Coixet es un proyecto enteramente norteamericano-, aunque en una categoría fuera de concurso. Producida por Antonio Saura, la cinta muestra la participación de Almagro, flamante jefe de cocina del restaurante madrileño Pedro Larumbe, en el Bocuse d'Or, el concurso de chefs más prestigioso del mundo que se celebra cada año en Lyon. Lo que en principio era un seguimiento casi en formato reality del día a día de Almagro en su cocina se convierte en un aventura vital en la que no falta emoción, intriga, angustia, tensión y desolación, ni tampoco el valor del esfuerzo diario y la ilusión. Ingredientes que llevan al espectador en más de una ocasión a la carcajada. >irene mahía
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