
Luis Lascurain pintando en su taller de Bergara.Foto: cedida
Donostia.El 1 de febrero cumplió el sueño de muchos artistas: exponer sus obras en Nueva York.
Llegar a Nueva York es el sueño de cualquier artista y me ha hecho muchísima ilusión porque además no conocía la ciudad.
¿Cómo surgió la propuesta de viajar a la Gran Manzana?
Todo comenzó hace unos dos años cuando expuse en la galería Paz Feliz de Madrid. Allí conocí a una galerista que hacía exposiciones colectivas y me comentó que me llamaría para otros proyectos. Mucha gente te dice eso, pero luego no lo cumple. En este caso no ocurrió así. En junio del año pasado me llamó y me planteo la posibilidad de exponer. Le dije que sí pensando que sería en Madrid, pero ella se refería a Nueva York.
Le brillarían los ojos cuando se lo comentó...
Pues sí. Necesité tiempo para digerirlo y le pedí dos días de margen. Me comentó las condiciones y decidí seguir adelante para exponer en la galería Ezair de Manhattan, la zona más cara de Nueva York.
¿Invirtió mucho tiempo en organizar el viaje?
Es menos complicado de lo que parece. Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba todo esto pero la galería de Madrid me ha facilitado el proceso.
Otro pintor y dos escultores del Estado han compartido la galería con usted.
No los conocía, sólo sabía que el otro pintor es de Palma de Mallorca. No me preocupé por el tema porque estuve muy liado con los preparativos.
¿Cuánto tiempo ha pasado en Nueva York?
Llegué unos días antes de la inauguración, el día 1 de febrero, y pasé una semana.
Era la primera vez que visitaba Nueva York y además expuso en Manhattan. El aliciente es doble.
La verdad es que el tema de la muestra me hacía ilusión, pero los trámites aduaneros que exige la administración norteamericana me parecen excesivos. Sin embargo, ir por un motivo como el mío motiva.
¿Qué tipo de cuadros eligió para la ocasión?
Una colección de ocho bodegones de 120 cm x 80 cm que yo llamo composiciones. Parece ser que en Nueva York se han olvidado que la gente sigue pintando bodegones.
¿Cómo definiría estas pinturas?
Son realistas, pero no llegan a ser hiperrealistas. Permiten unas sensaciones un poco raras porque al principio son un poco impactantes y luego relajan bastante. Se puede experimentar una sensación contrapuesta. Son elementos cotidianos de la vida y los enlazo con elementos rotos. Por eso los llamo composiciones porque pueden ser todo o nada.
Comenta que en Nueva York han olvidado los bodegones. ¿Le hizo temer eso a la crítica?
En el proceso de creación de las obras disfruto mucho. Una vez resuelto todo, el hecho de pintar es un proceso mecánico. Una vez terminados los cuadros, para mí pierden el valor personal y me da igual lo que diga la crítica.
Entonces, ¿no le da miedo lo que pueda pensar el público?
Me da absolutamente igual. Tengo mi opinión personal sobre la crítica, pero no les temo.
Pero, le agradará que su obra guste al público...
Todos tenemos un ego que cada vez que nos enchufan un poquito se nos sube y está bien. Pero para mí exponer en Nueva York es lo más grande, así que la crítica puede decir lo que quiera.
¿Tiene algún referente a la hora de pintar bodegones?
Hay un pintor contemporáneo llamado Muñoz Vera que me fascina. También están Sorolla, Rembrandt y Velázquez.
¿Suele pintar todos los días?
Todos los días estoy en contacto con la pintura: pensando qué dibujar, haciendo garabatos o pintando. Al final estas composiciones son círculos y cuadrados que surgen de una muñeca y los relaciono con elementos reales.
Su relación con la pintura va más allá de pintar porque imparte clases de dibujo y pintura en Arrasate y Oñati. Además, impulsa la fundación de la Asociación de Artistas Bergareses (BEART).
El que de verdad me introdujo en el mundo de la pintura fue el artista bergararra Simón Arrieta. Este hombre me enseñó a pintar y a enseñar a pintar, cosa que pocos pintores saben. Desde entonces siempre me he movido en este mundo y de ahí han surgido BEART y el intercambio cultural con un pueblo de Italia, al que fuimos a exponer.
¿Ha tenido la oportunidad de exponer en otros lugares además de en su zona?
Llevo ocho o diez años intentado hacer dos exposiciones al año. Me da igual dónde, la cuestión es que la gente vea lo que hago. Me he movido por esta zona, pero también he estado en Logroño, Pamplona y Jaca.
¿No ha estado en Donostia?
No he expuesto ahí, pero es un sitio que no me atrae demasiado. Donostia en cuanto a lo artístico, es una ciudad muy egocéntrica porque vive para sus artistas, el resto no existimos. Con lo cual, tampoco me atrae. Probablemente, expondré antes en Bilbao que en Donostia.
¿Cómo definiría el momento que viven los artistas vascos en general?
En estos años me he dado cuenta de que no quedan muchos artistas honestos.
Menudo titular acaba de ofrecer.
Los mismos titulares demuestran por qué salen a la palestra algunos artistas. En algunos casos se ve que tienen múltiples pleitos con la Administración y todos sabemos de quién hablo. A éste artista lo he conocido por los pleitos y no porque sea un creador de reconocimiento. Luego están los que hacen creaciones en función de los tiempos que corren. Ahora, hacen lo que está de moda y mañana cambian de estilo. Para mí esta gente tampoco es honesta.
¿Se podría decir que es usted un artista que va a contracorriente?
He sufrido, y mucho, esta contracorriente. Siempre me han infravalorado por los bodegones que hago. Siempre me han dicho: "¡Ya está éste con los bodegones, a ver si evolucionas!". Evolucionaré como me dé la gana y seguiré por mi línea, que me ha llevado hasta Nueva York.
¿Cree que seguir con esa coherencia ha sido la clave de su éxito?
Creo que puede serlo. También estar en el sitio y en el momento oportunos. Lo que sí puedo decir es que mi línea artística es muy homogénea y coherente por mi forma de pensar y mi forma de crear. Luego está la parte técnica que tengo, que es muy académica. Muchos artistas se han saltado este academicismo y según mis principios no deberían haberlo hecho.
¿Cree que exponer en Nueva York le ha abierto las puertas del exterior?
Espero que sí, tengo esa ilusión. Pero, no es una cosa que me preocupe demasiado. Yo seguiré en mi línea. Por exponer a Nueva York ni voy a cambiar mi forma de pintar ni nada de eso. A lo mejor, aparte de los bodegones y paisajes que suelo hacer retomaré los retratos. Pero siempre sin dejar estos dos elementos que son los que me satisfacen.
¿A qué tipo de público pretende que llegue su obra?
No pinto para el público, sino para mí. "Qué suerte tenéis que hacéis lo que os da la gana, os gusta y, además, gusta a los demás", me solía decir un bergararra. Yo estoy en la fase de que hago lo que me da la gana y me gusta lo que hago. ¿Que gusta a los demás? Yo encantado. Además, creo que gusto a la gente normal.
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