
Colaboración
menudo he oído decir que el bien no hace ruido. Mientras, más de un medio de comunicación llena de desastres, escándalos o amoríos las pantallas de la televisión y los titulares, invitando a entrar en nuestro hogar a Sarkozy y Bruni. Pero hay otras causas de qué hablar e informar.
A
Hace unos meses me hallaba con unos amigos guipuzcoanos en Meha Lalu, una pequeña aldea perdida a 150 kms. de Addis Abeba, en Etiopía. Nos habían invitado a una reunión del poblado. El marco era típicamente africano: bajo un gigantesco árbol, más de doscientas personas nos esperaban. Las mujeres y los hombres, niños y jóvenes nos recibieron con gritos ululares, cantos y danzas.
Tras las presentaciones de rigor, se levantó una mujer, entrada en años y con determinación empezó a hablar. En nombre de sus compañeras, después de agradecer nuestra visita, solicitaba nuestra ayuda para la realización de dos proyectos: un pozo y un molino cerca del poblado. Su razonamiento era que las mujeres, jóvenes y menos jóvenes eran violadas cuando iban al río a por agua o a la vecina ciudad de Meki para moler el grano. Y puestos a pedir, el párroco de la región pidió una capilla, pues las gentes se reunían bajo el árbol para rezar.
Enseguida un miembro de nuestro grupo se comprometió a financiar la capilla y el pozo, mientras que otro se ofreció a pagar el molino. Hoy, meses más tarde, la población de Meha Lalu y de las aldeas cercanas tiene electricidad, capilla, pozo y molino.
Hace unos días, al leer y reflexionar sobre encíclica Spe Salvi del Papa sobre la esperanza, me detuve en esta frase que me hizo recordar el gesto solidario en Meha Lalu. "La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el que sufre".
Este año, la Iglesia de Gipuzkoa por medio del Gesto Solidario de Cuaresma ha asumido tres proyectos en la diócesis etíope de Meki. Educación: Gastos de funcionamiento de la escuela San Gabriel de 1.455 alumnos. Promoción femenina: Programa de micro créditos a favor de 645 mujeres. Proyecto de agua: Pozo y sistema de distribución en la aldea de Mukeye, para una población de 1.820 personas. 180.000 euros son suficientes, 30 millones de las antiguas pesetas.
Algunos pueden reaccionar diciendo "Otra vez"… ¿Pues qué quieren que les diga? ¿Quizás quiere que nos olvidemos de los pobres, del mal llamado Tercer Mundo? ¿Quiere que nos olvidemos de su existencia como la del piso 13 de los rascacielos o de la fila 13 de algunos aviones?
Existe una confabulación culpable de esconder la verdad, porque la verdad nos molesta a todos. Porque la tragedia del Tercer Mundo hunde sus raíces en el egoísmo, en el desenfreno y en la insolidaridad. Es fácil criticar a las estructuras, pero la crítica se convierte en engaño cuando no aceptamos nuestra propia responsabilidad.
Hace un par de décadas, el Club de Roma levantaba acta de la situación: "La depauperada África apenas aparece en el mapa económico mundial". Y profetizaba: "es probable que nuestros sucesores presencien migraciones masivas de dimensiones sin precedentes." La realidad es que vivimos en dos mundos geográficamente distantes pero que los medios han acercado: el mundo del hambre y el de la gula, el de la miseria y el del despilfarro.
La generosidad mostrada por mis amigos en Meha Lalu no les ha sacado a los pobres de su miseria. Pero gracias a su gesto, la población tiene agua potable, luz eléctrica y un molino… y las mujeres se sienten más seguras. El progreso se hace posible.
Ciertamente, ante la magnitud de la tragedia del Tercer Mundo, existe una crisis de esperanza. El peligro es hundirnos en el pesimismo o lo que es peor, instalarnos en un egoísmo decadente y estéril. Debemos aferrarnos a la esperanza de que un mundo mejor es posible. Como decía San Pablo: "No os aflijáis como los hombres sin esperanza".
No debemos resignarnos. Además, mirando y curando las heridas de la humanidad, se curan nuestras propias heridas. "La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par -dice Benedicto XVI-. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una nueva vida."
Año tras año, miles de mujeres y hombres que creen en Jesús de Nazaret o que buscan el bien propio y el del otro, ponen su grano de esperanza en la vida de personas que habitan en África por medio del Gesto de Cuaresma, canalizado por Caritas Diocesana. Este gesto solidario nos invita a vivir de otro modo, dando y dándonos a los demás.
* Misionero, Premio Cooperante del año 2006
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