A Duñike Aguirrezabalaga
Contesto al escrito firmado por usted publicado en NOTICIAS DE Gipuzkoa, y que comenta el mío publicado el día 7.Me pide que me retrate públicamente. Cuando escribo sobre el Alarde de San Marcial, lo hago única y exclusivamente como irundarra. No represento a nadie, ni escribo en nombre de nadie.
Yo soy gente de fuera para las fiestas de Errenteria, Donostia, Arrasate, Tolosa, etc., etc. Respeto las fiestas y a los ciudadanos de los pueblos que las disfrutan, aun cuando haya cosas que no me gusten.
Estoy totalmente en contra de la esclavitud y totalmente en contra de las ablaciones que sufren muchas mujeres.
Agur bero bat.
Disparate en Lizartza
A mi entender, ni siquiera la existencia del terrorismo justifica lo injustificable. El caso de Lizartza debería ser conocido internacionlamente y citado como ejemplo de disparate social y político en la Europa del siglo XXI. Me gustaría que analistas reputados e imparciales estudiaran la truculencia del proceso que ha permitido que exista una alcaldesa, ajena a ese lugar, a la que, directamente, nadie ha votado y a la que la inmensa mayoría de los habitantes detesta. Aunque hay situaciones anómalas que exigen respuestas especiales, ningún razonamiento coherente y no viciado puede apoyar un desenlace semejante. Por mucho que, con gran despliegue de medios, se pretenda manifestar lo contrario, en lo vergonzoso poco hay de heroico.Lejos de mostrar un ánimo conciliador, la alcaldesa se comporta con aire de nueva propietaria del pueblo. La reciente visita de Aznar (para hablar de libertad, democracia y respeto) supone, al parecer, la primera sorpresa de unas cuantas que se tienen preparadas. Se busca un efecto simbólico y propagandístico que, sin duda, será un arma de doble filo. Pasará el tiempo y, en definitiva, ¿qué se habrá conseguido a largo plazo? La respuesta es sencilla: sembrar más odio.