Editorial
Caña al moro
OCIALISTAS y
populares se aproximan a cara de perro a las elecciones en las que
Zapatero
busca su reválida y
Rajoy restaurar su orgullo herido hace cuatro años, mientras los nacionalistas vascos y catalanes se mantienen a la expectativa con la pretensión de desbloquear las relaciones, en un momento político en que la desconfianza están especialmente acentuadas. En este contexto, PSOE y PP han entrado en una desesperada precampaña marcada por las subastas electorales, entre la frivolidad y la irresponsabilidad, en la que tan pronto se sortean 400 euros en beneficios fiscales como se plantan 500 millones de árboles, sin mencionar las demagógicas promesas que ambos se superponen en cada acto político. La última vuelta de tuerca la ha protagonizado el líder del PP con su eufemísticamente denominado
contrato de integración , que no es sino un aro por el que quiere hacer saltar a los inmigrantes, en un ejercicio de intentar llevarles al redil de su particular
moral y buenas costumbres españolas , que esconde además una peligrosa amenaza a sus derechos civiles al aplicarles una especie de periodo de prueba, como ciudadanos de segunda, mientras reciban el
visto bueno . Rajoy ha optado por apelar a los instintos más esencialistas del miedo al diferente, consciente del caldo de cultivo existente entre su propio sector social de la extrema derecha para propagar el discurso de la xenofobia. En este sentido, quien mejor ha glosado la propuesta ha sido el diputado
popularArias Cañete , que ha llegado incluso, al más puro
estilo Torrente , a un insultante lenguaje tabernero contra los extranjeros, a los que acusa de colapsar el sistema sanitario y de ser malos trabajadores. La última propuesta que el PP ha sacado de la chistera enarbola esa España de peineta y pandereta que arremete a golpe de cirio contra el infiel y el extraño y va sin duda dirigida a avivar a la extrema derecha para apretar las filas en el núcleo duro de su electorado, pero al mismo tiempo extiende una línea de pólvora ante el discurso más intolerante de la xenofobia. Lo más preocupante es que muchos votantes, algunos alejados del PP en otras lides, se sienten identificados con el sermón lanzado desde el púlpito electoral y el ariete mediático ha decidido unirse a la nueva cruzada contra el moro.