
Altuna celebra su tanto, que dio al Eibar los tres puntos.Fotos: javi colmenero
eibar. El conjunto armero renació en la segunda parte gracias a dos chispazos de oportunismo de Goiria y Altuna, después de un primer acto horroroso, en el que el balón casi no tocó el césped. Pelotazos de una a otra retaguardia, a instancias de equipo gallego, que condujo a los de Mandiola a un lamentable juego directo. El Eibar no supo cambiar la dinámica, y eso creaba máximo peligro a sus defensas, infinitamente más lentos que Cannobio, Núñez, Fernando Sales o Diego Costa.
Como viene siendo habitual, los azulgranas concedieron un gol de ventaja al contrincante en los minutos iniciales. En esta ocasión, el protagonismo recayó en Biel Medina. El central balear se confió de un balón escorado en banda izquierda, desde donde Fernando Sales centró a Núñez, para que este dejara de cabeza a Diego Costa, que fusiló al guardameta armero.
De ahí hasta el descanso, el partido se convirtió en un concurso de pateo de cuero. Ganaba quien más alto y lejos despejase; concluyó en tablas. Goiria, ante la desesperación de ser la única referencia en ataque, se enfadaba con Codina, Del Olmo y Natxo Insa por la falta de asistencias al pie. Pero el alicantino demandaba acompañamiento en las jugadas y Codina exigía movilidad a Goiria. Un desbarajuste ratificado por la estadística: ningún tiro a la portería de Esteban en 45 minutos.
En la retaguardia continuaban los sustos. El más grave lo neutralizó Manel, al despejar un centro de gol de Núñez, quien primero rompió la cintura y luego ahogó en la carrera a Txiki. El equipo de López Caro sonreía por su táctica rácana y triste. Estuvo en disposición de sentenciar, pero prefirió seguir especulando con el marcador.
El pobre espectáculo del primer acto no invitaba a una remontada local; más bien, recordaba a las dos anteriores derrotas en Ipurua. Se veía más cerca la zona baja de la tabla clasificatoria.
Tras el intermedio, el Eibar nuevamente concedió los siete primeros minutos al cuadro celeste. Iván Cuéllar sofocó otro incendio con una parada de reflejos a trallazo cercano de Roberto Lago. El lateral izquierdo corrió incomprensiblemente de un área a otro sin que nadie le hiciera frente. Esa parada de Cuéllar marcó la posibilidad de remontada. Asier Goiria, poco después, le otorgaría más crédito a esa vaga idea. Y todo por un balón raso, entre líneas, de Carmelo.
Los balones largos, aparte de aburrir, destruir fútbol y desanimar a los aficionados, no garantizan mayor presencia en ataque. El Eibar abusa de esa práctica y sacrifica inconscientemente a Codina, Del Olmo y Natxo Insa, únicos capacitados para engendrar fútbol de toque. Pues entonces, bajemos el balón al suelo y confiemos en su inspiración.
Cannobio reapareció en el minuto 61, como consecuencia de otro error en el marcaje, para enviar alto una pelota franca para volver a adelantarse. Hasta el minuto 78 no dieron los azulgranas más de cinco toques seguidos y hacia adelante; Codina disparó alto en la culminación de la jugada.
Mandiola reemplazó a Goiria por Altuna, situando a Natxo Insa en banda derecha, a Codina en la izquierda y a Del Olmo en ataque. El don de la ubicuidad de Altuna, más que el acierto táctico, completó la remontada, asentada sobre la garra y la expulsión del central Lequi. Todavía le quedaban once minutos al Celta para buscar el empate; sin embargo, su obcecación defensiva lo sepultó.
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