Editorial
De mal en peor
OR si cabía alguna duda, ayer quedó definitivamente zanjado que ni ANV ni EHAK podrán presentarse como tales a las elecciones generales del próximo 9 de marzo. Era claramente previsible que, ante la proximidad de la cita electoral, la única posibilidad legal de evitar la presencia de la izquierda abertzale oficial en los comicios era la suspensión judicial de sus actividades, como decretó ayer el juez de la Audiencia Nacional
Baltasar Garzón
. Magistrado, por cierto, que está desplegando últimamente una frenética actividad contra todo lo que considere relacionado con la ilegalizada Batasuna. Queda consumada, por tanto, la exclusión de la izquierda abertzale oficial en el proceso electoral, limitándose su participación a la decisión final que vaya a adoptar sobre si utilizará el voto nulo, en blanco, o la abstención. Queda, también, abierta otra etapa de confrontación provocada por este nuevo episodio de apartheid, con la consiguiente clausura de sedes y locales, el bloqueo de cuentas, la disolución forzada del grupo parlamentario, los reproches, la exigencia de solidaridades imposibles, la desestabilización, en fin, instalada en la CAV y en Navarra. Porque de estas decisiones tomadas en instancias ajenas y por intereses ajenos, quien se lleva la peor parte es la sociedad vasca abocada a seguir añorando la normalización y la pacificación. La misma sociedad vasca que soporta, asqueada e impotente, la actividad violenta de unos descerebrados que se empeñan en que Euskadi se construye desde la destrucción. No hubo víctimas humanas en la deflagración de esos 15 kilos de
amonitol que un encapuchado depositó ante la puerta del Juzgado de Bergara, pero los destrozos en el edificio y en vehículos y comercios colindantes fueron cuantiosos. Si ETA cree que colocando bombas contra edificios de Juzgado, y van tres desde que cesó el alto el fuego, va a influir para que cambie la orientación de las decisiones judiciales españolas, si ETA pretende rectificar a base de explosivos la estrategia político-judicial española, está claro que vive fuera de la realidad. Una vez más, es la sociedad vasca y, muy especialmente, la izquierda abertzale oficial la que resulta más perjudicada por el empeño de ETA en imponer por las armas su proyecto. Entre decisiones judiciales y humo de explosiones, el pueblo vasco es el que pierde.