
Sole Giménez presenta un nuevo trabajo en el que se pueden encontrar canciones con toques soul o jazz y en el que predomina el optimismo.Foto: kiko huesca/efe
Donostia. ¿Cómo describiría La felicidad ?
De los títulos que tenía como posibles me parecía el más sugerente. Felicidad es una palabra esperanzadora, llena de luz y de ilusión y por eso la escogí. Me apetecía dar este paso con una visión muy optimista y muy cercana a mi estado anímico. Estoy muy contenta y muy feliz con este trabajo, el resultado me parece espléndido.
¿Es inevitable que los estados de ánimo influyan en el trabajo?
Creo que sí y, sobre todo, en un trabajo creativo. Y si no es así, a lo mejor, es que no estás siendo del todo sincero. Hay gente que se acerca a la creatividad desde otro punto de vista, pero yo reconozco que necesito una carga de honestidad y de sinceridad para creerme mi trabajo y poner toda mi energía en él. Me parece imprescindible que sea así.
¿Hay alguna perla del disco a la que le tenga especial cariño?
Hay canciones que me recuerdan momentos muy bonitos pero también duros. En concreto una que ha compuesto mi hermano, Manuel Veleta, y con la que me ha hecho un regalo. Se llama Silba y habla de un momento en el que él y yo estuvimos muy, muy unidos. Fue un periodo amargo pero al que le sacamos belleza, sobre todo, él, que con esta canción en la que me ofrece su ayuda incondicional para los restos.
¿Existe un hilo conductor entre las canciones?
Son temas que desarrollan un universo estilístico propio. Hay algunas que son más soul, más pop, otras se acercan más al jazz. Pero sí que cuentan con una serie de puntos en común: son canciones bastante optimistas y creo que son temas que aportan algo. Temáticamente son diferentes pero tienen un fondo emocional. Si hay un hecho común es que a mí me han gustado. Las que no son mías también se acercan a lo que yo entiendo que tiene que ser mi música. Una música muy íntima porque hablo en primera persona. Lo llevo todo a mi experiencia personal, todas parten de ahí. El hecho común es que soy yo. Es así de sencillo o de complicado.
Esto implica un grado alto de desnudez, ¿es fácil mostrarse tal y como uno es?
Da pudor. A mí, sobre todo, me da pudor. Y reconozco que para hacer eso uno tiene que realizar un trabajo personal de limpieza o de reconocimiento de tus propios miedos, de tus inseguridades y de tus fracasos. Pero yo no soy capaz de dar otra cosa de mí que no sea lo que soy. Ponerme una máscara para defender mi trabajo desgasta muchísimo. Y algo de eso he vivido estos años. Hoy quiero ser lo más franca posible a la hora de exponer mis canciones y mi música aunque eso implique sentir, a veces, pudor por mis propios sentimientos.
¿Cómo ha sido trabajar sola después de tantos años en un grupo?
Un trabajo nunca se hace solo. No puedes afrontar nada en solitario y menos un disco. Evidentemente, hay decisiones últimas que las he tenido que tomar yo, como el repertorio, como trabajar o no con Javier Limón, pero gracias a Dios esto no se hace solo. Me parece que donde tú no llegas llegan los demás. Yo sé trabajar en equipo porque lo he hecho durante muchos años y si a uno no se le ocurre una idea se le ocurre a otro.
¿Qué sintió al emprender este proyecto? ¿Vértigo, pereza, ilusión... ?
Mucha ilusión. El vértigo siempre ha estado ahí, sobre todo, por cómo está el mundo de la música hoy. Pero después de haber superado la crisis por la que pasé, me di cuenta de que no sé hacer otra cosa, ni quiero ser otra cosa. Quiero intentar seguir en la música y he puesto toda la ilusión de la que soy capaz. Hacía años que no tenía tanta ilusión por un trabajo y me aporta muchísima alegría.
¿Es difícil mantener esa alegría después de tantos años en la profesión?
Para mí es un renacer pero no sólo como artista, ya que esto también es una evolución personal y más en un trabajo como el nuestro que lleva muchas horas y mucha implicación. Supongo que la crisis que pasé me ha hecho más fuerte, me ha hecho evolucionar y encontrar una ilusión que había perdido, por desgaste y por muchas otras circunstancias. Ahora me siento como cuando tenía 20 años y empezaba en esto. Estoy así de ilusionada porque además cuento con la ventaja de llevar 25 años en la profesión, de saber a lo que me expongo y qué puedo esperar.
¿Cómo ha cambiado el medio en todo este tiempo?
Lo principal es que lo que uno quiere hacer es música y ella es el germen. Los presupuestos ahora son más escasos, el tiempo también... El ambiente es más triste. Pero la música la tienes que cuidar exactamente igual.
¿A qué se debe ese "ambiente triste"?
Creo que la industria va a llegar a su fin y no sabe cómo reaccionar porque la situación es muy difícil. Las radios también conocen los problemas por los que estamos pasando. La gente está entristecida porque la música y los que la hacemos hemos perdido valor en todos los ámbitos.
¿Y cuál es entonces el papel del público?
El público mira hacia delante y mira su bolsillo. Creo que no se le ha llegado a explicar bien qué es lo que está ocurriendo. Por ignorancia y otras veces por mal entendimiento se está dando la espalda a los que hacemos música. Me parece que están equivocados y, sobre todo, que les falta información. Piensan que todos los artistas tienen su sitio y que no necesitan ser valorados. Sales en la tele y creen que tienes para que coman hasta tus nietos, y para la mayoría de nosotros no es así.
De su etapa anterior han dicho muchas cosas: que crearon un estilo propio inconfundible, que no se entendería el pop español sin Presuntos Implicados... ¿Con qué cosas se queda Soledad Giménez?
No lo sé. Yo no soy objetiva y tampoco tengo perspectiva. No me quiero quedar con el trabajo de los demás porque yo hago el mío propio. En Presuntos hicimos algo muy bonito y unas canciones que cubrían un hueco en cuanto a estilo y a forma de hacer. Hicimos música de calidad y debemos estar orgullosos de eso, pero no lo hice sola. Pretender llevarme todas esas medallas me parecería injusto. Yo voy a hacer la música que creo que tengo que hacer. Mi sello siempre va a apostar por la calidad porque creo que merece la pena y de no ser así no compensaría todo el esfuerzo que cuesta sacar un disco y tener una carrera musical. El público es quien tiene que juzgar.
¿Cómo se plantea el futuro?
El futuro es algo que no existe pero que está lleno de propósitos buenos. Lo más inmediato es presentar este disco en Madrid, en Barcelona, en Valencia... Empezar la gira con una magnífica banda e intentar que esa cantidad de ilusión, positivismo, esperanza y felicidad que he puesto en el disco pueda llegar a la gente, ya que éste es el fin último de la música: comunicar, emocionar y conseguir traspasar las barreras.
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