Diario de Noticias de Gipuzkoa

Colaboración

Lecciones de oriente

por zigor aldama enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

LA democracia nació en Grecia y, con sus más y sus menos, a base de sangre y fuego (generalmente con la sangre de quienes la buscaban y el fuego de quienes la temían), fue extendiéndose por el mundo hasta convertirse en el sistema de referencia, con sus grandes imperfecciones, tanto para quienes se rigen por él como para los que no. Últimamente, la palabra, el significado del término, parece estar siendo erosionado. En boca de George W. Bush hasta parece una maldición. Si no, que les pregunten a los iraquíes y a los afganos. Sin embargo, desde Asia, un continente en el que el poder del pueblo se prodiga poco, nos han llegado en los últimos tiempos dos lecciones de lo que realmente es la democracia cuando se la despoja de parafernalias y juegos políticos.

Por un lado, en Tailandia, los militares que en septiembre de 2006 dieron un golpe de Estado para expulsar al corrupto primer ministro Thaksin Shinawatra, han cedido el poder a las fuerzas democráticas, a pesar de que en las elecciones generales, limpias, por cierto, ha resultado vencedor el Partido del Poder del Pueblo, justo el que Shinawatra lideraba cuando fue depuesto. La Junta Militar prometió al pueblo devolverle la palabra y así lo ha hecho. No recuerdo otro grupo de golpistas que haya aceptado su derrota en las urnas. Generalmente, los fusiles no reaccionan bien a las bofetadas. En este caso, no obstante, los generales han agachado la cabeza y han aceptado la voluntad de los tailandeses. Ahora les tocará servir, seguramente de mala gana, a un gobierno legítimo. Habrá que ver cuánto dura la estabilidad en el reino del sudeste asiático, pero, sin duda, es toda una lección de democracia.

Y quien también tendrá que agachar la cabeza, si no se la cortan antes, es el rey Gyanendra de Nepal, a quien el parlamento interino del país ha decidido despojar de todos sus poderes como Jefe de Estado. Sin duda, el tiro le ha salido por la culata al monarca nepalí. No creo que cuando en febrero de 2005 decidió investirse a sí mismo como monarca absolutista, pensara que su gozo fuera a acabar tan rápido, y de tan mala manera. Él mismo ha cavado su propia tumba al tratar al pueblo nepalí de estúpido. Y las diferentes fuerzas políticas del país del Himalaya han respondido con la mayor prueba de democracia de la Historia de Nepal. No sólo han unido sus fuerzas para restablecer el sistema, sino que incluso han dado por concluida una guerra civil que se ha cobrado más de 13.000 muertos. La guerrilla maoísta es ahora la segunda fuerza política del estado, y siete partidos gobiernan el país en coalición, algo nunca visto. Ahora, la voz del pueblo se ha escuchado y los políticos han actuado en consecuencia. Adiós a la monarquía que ha regido Nepal durante más de dos siglos.

Curioso resulta que en España, un país que se vanagloria de su sistema democrático, el mero hecho de cuestionar la figura del rey pueda acarrear represalias de la justicia. Les sucedió a los caricaturistas de DEIA, a los de El Jueves, y a los jóvenes que quemaron fotografías del monarca en Cataluña, por mencionar los casos más destacados de los últimos tiempos. Sin embargo, en Nepal, donde el rey es considerado la reencarnación del mismísimo dios Vishnu y la democracia es un concepto de nueva adquisición, las sátiras de Gyanendra son el pan de cada día de diarios y semanarios. Recuerdo que, durante una entrevista con el consejero nacional del primer ministro, en Katmandú, el año pasado, me pidió por favor que en sus fotografías no apareciera la corona que presidía un gran mapa de Nepal colgado en su despacho. "A la gente no le gusta, y hay que respetar su voluntad", me dijo. Sin embargo, en España nunca se ha preguntado a la población por su sistema preferido, aunque quizá la monarquía no cayera con la consulta. Hay quien dirá que para eso se votó en referéndum la Constitución, como si hubiera una mejor opción.

Quizá me exceda al pretender traducir literalmente el caso de Nepal al español, pero, de lo que no cabe duda, es de que tanto este país como Tailandia son un ejemplo para los países asiáticos que viven en una dictadura, o en los que se lleva a cabo un conflicto civil. Es el caso de Sri Lanka, Pakistán, Brunei, Bután, Corea del Norte o, incluso, de la mismísima China. Y puede servir de aliciente para revoluciones fallidas como la de Myanmar (Birmania). Ojalá veamos nuevas explosiones de democracia en el mundo, pueblos que se levantan contra la tiranía y la vencen.

Desafortunadamente, quizá eso sea posible sólo allá donde el primer mundo no tiene intereses económicos relevantes. Porque, no nos engañemos, a muchas multinacionales les conviene la dictadura para despojar a países pobres de sus recursos naturales sin problemas y así seguir engordando sus ya abultadas cuentas de resultados. Eso sí, luego sus presidentes aparecerán como grandes mesías de la democracia.

* Periodista, especialista en Extremo Oriente

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