
Moyua (i) y Arteaga (d) en el acto de relevo al frente de Emakunde en 2005, ante la presencia del lehendakari Juan José Ibarretexe.
"CUANDO hace veinte años se creó Emakunde y Txaro Arteaga e Itziar Fernández hablaban en las Instituciones vascas de los temas de igualdad de las mujeres, sonaba a chino. Veinte años después, aquel venenillo de la igualdad se ha extendido hasta tal punto que forma parte cosustancial de nuestra sociedad". Son palabras de Iñaki Azkuna, entonces consejero delegado de la presidencia a la que se adscribió orgánicamente el nuevo ente, el Instituto Vasco de la Mujer, creado el 5 de febrero de 1988.
No era baladí este posicionamiento en aquellos momentos, cuando muchos políticos veían innecesario introducir en el organigrama administrativo un ente específico de la mujer como Emakunde. Contando además que, por el otro extremo, no eran pocas las organizaciones feministas que consideraban que la creación de Emakunde era una domesticación institucional del feminismo combativo.
Pero Emakunde no surgió en 1988 de la nada, sino de unos núcleos de mujeres comprometidas que luchaban por la igualdad de oportunidades hombre-mujer a todos los niveles. En este grupo inicial se encontraban políticas como Begoña Amunarriz, una de las organizadoras del encuentro de Zarautz con mujeres de todos los ámbitos sociales, donde se llegó al acuerdo de reivindicar un organismo administrativo para las mujeres.
con desdén "Entonces era parlamentaria del PNV y el tema, políticamente hablando, estaba en mantillas. Recuerdo que todo lo llevábamos de forma artesanal, que nos reuníamos en el ático de mi casa, que éramos miradas con lupa y desdén dentro de nuestros propios grupos en los que no interesaba para nada el tema de la integración hombre-mujer, puesto que todo estaba gestionado por ellos", recuerda Begoña Amunarriz.
Esta ex parlamentaria, ahora retirada de la vida política, fue junto con Koro Garmendia, entonces parlamentaria de EE, una de las mayores impulsoras de la entrada del feminismo en las instituciones. "Se corría el riesgo de que, para algunos, el feminismo se estaba domesticando, pero se ganaba la posibilidad de acceso directo a la elaboración de leyes de igualdad y a la posibilidad de intervenir de forma directa en la vida pública por parte de la mujer", señala Amunarriz.
Es sobre este segundo aspecto sobre el que Emakunde se ha volcado de manera más intensa estas dos décadas, tejiendo redes administrativas, creando y fortaleciendo estructuras y formando a las personas para que sean capaces de impulsar políticas de igualdad dentro de las administraciones.
"Prueba de esta acción son los planes de acción positiva o las redes de trabajo interinstitucionales. Tal vez, la más importante de todas sea la ley para la Igualdad de Hombres y Mujeres del Parlamento Vasco en 2005", explica Txaro Arteaga, quien fuera su primera directora general y que fue relevada por Izaskun Moyua.
Aquella entrada de Emakunde en el ámbito institucional no fue medida con muy distinto rasero por parte de otros ámbitos. "Al principio lo miré con bastante recelo porque en nuestras organizaciones pensábamos que Emakunde iba a institucionalizar nuestro discurso", comenta Anabel Sanz, con más de treinta años en la Asamblea de Mujeres de Bizkaia.
La pega que pondría esta militante feminista es que si no se mantiene viva la llama reivindicativa desde los gobiernos, se trate de utilizar organismos como Emakunde en lo que llamamos "el feminismo difuso", algo que pierde intensidad y que trate de hacer ver de manera suave en la sociedad que las mujeres ya no padecen ninguna discriminación. "Somos las feministas las que tenemos que seguir reivindicando que Emakunde y los institutos de la mujer sigan apostando de manera decisiva por esta igualdad".
el apoyo feminista En los recuerdos de Txaro Arteaga, veinte años son el paso de un universo a otro totalmente diferente. Recuerda los contactos iniciales con grupos feministas de toda índole, los posicionamientos cerradamente machistas mayoritarios en casi todos los grupos políticos, las reticencias y oposición de las feministas radicales, pero también el apoyo del lehendakari, José Antonio Ardanza, y de políticos que personalmente creyeron que la iniciativa era viable.
Como en casi todos los proyectos de largo recorrido, tras los logotipos y la imagen de la directora, hay un equipo que realiza el trabajo de impulso. Durante muchos años, el alma de este grupo de impulso de trabajo fue, sin duda alguna, Itziar Fernández, secretaria general, mano derecha durante todo el mandato de Txaro Arteaga. "Para la aprobación de Emakunde, uno de los problemas técnicos de debate más encendido fue el de la adscripción a un departamento concreto, que casi todos señalaban como Bienestar Social. Al final creo que fue todo un acierto que el ente se adscribiera directamente a Lehendakaritza", dice Itziar Fernández.
Algunas mujeres combativas de entonces quieren recordar que hubo una gran resistencia en contra de que se creara un instituto como Emakunde, pero en contra de esta opinión, Fernández cree que, más que resistencia directa, lo que ella pudo percibir tanto cuando se estaba gestando como en sus primeros pasos tras su creación fue que muchos políticos y también en la propia sociedad consideraban que Emakunde iba a ser un florero. " En realidad, más que resistencia y oposición, con lo que nos topamos fue con un gran desconocimiento, con la sorpresa por nuestra forma de actuar. Incluso resaltaría que inicialmente para otros departamentos nuestras peticiones, nuestras formulaciones, demandas de estilo de lenguaje, de tratamiento, requisitos en convocatorias, más que oposición reticente pura y dura lo que suscitaban eran chanza", añade Fernández.
Tanto como la entonces directora como la secretaria destacan de aquella época el apoyo generoso de las mujeres feministas y la creación, por ejemplo, de revistas como Emakunde, que han ayudado y ayudan a extender de forma amplísima en la sociedad la reivindicación de los derechos de las mujeres.
Uno de los colectivos más reticentes hacia Emakunde en sus inicios fue el de la Asamblea de Mujeres. "Al principio sí lo fuimos, pero en estos momentos creemos que se ha ganado gran parte de las simpatías de estas asociaciones porque ha hecho suyas nuestras reivindicaciones -comenta Amparo Villar-. Nuestra posición a favor no limita nuestro empuje reivindicativo y que demandemos de Emakunde una posición más clara en la campaña de visibilización del lesbianismo, porque aunque en su primer Plan de Igualdad hicieron algunas aportaciones, han desarrollado muy poca concienciación sobre el ámbito de gays y lesbianas".
tema político Aunque la igualdad de oportunidades hombre-mujer pueda seguir siendo durante mucho tiempo un asunto de reivindicación, es innegable que en estos veinte años se ha avanzado y de forma muy importante. Es diametralmente diferente el tratamiento que se hace hoy en día de los asesinatos de mujeres a manos de hombres que el que se hacía en la década de los 80; aunque ellos sigan cobrando más por el mismo trabajo, la distancia se ha acortado; aunque ellos ocupen más los mejores puestos, cada vez hay más mujeres en posiciones de decisión.
Aunque aún el lenguaje nos siga traicionando con cierta frecuencia, los os/as, los genéricos, los epicenos son vistos con mayor frecuencia y mejor aceptados; aunque aún se intenten dirigir de maneras diferentes en las familias, los hijos/as cada vez están en mayor igualdad de oportunidad de elegir. Todo esto y muchos más aspectos concretos son indicadores de un cambio de mentalidad.
"Tal vez éste sea el mayor logro de Emakunde, el haber sido un organismo de impulso, siempre tirando primero de los reacios, después convenciendo a los desafectos, animando a los indiferentes, incentivando a los convencidos y todo ello con pasos concretos en la acción de gobierno", señala Fernández.
Esta mujer agrega que su planteamiento ha sido "muy claro desde el principio: implicar a todos los departamentos e instituciones en los programas de igualdad y que ésta se plasmara en políticas que salieran a la calle".
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