Editorial
Subida de precios y salarios
L Índice de Precios al Consumo no deja de dar sobresaltos a los ciudadanos, aunque nunca sea una sorpresa debido a que cuando el INE publica la estadística los bolsillos ya han notado su evolución. El dato adelantado de enero conocido ayer sitúa la inflación en el 4,4%, tras una subida de una décima. La principal causa de la carestía vuelve a ser el petróleo, una materia prima que está descontrolada y que es una seria amenaza por su indudable capacidad para influir en todos los mercados. Aún así, el Gobierno español confía en que los precios se templarán en primavera. Todo apunta a que será así. El índice está desbocado y lo lógico es que se acerque al 3% abandonando el lastre que supone rondar el 4%. Sin embargo, la suavización del IPC significa, en definitiva, que los precios subirán menos, pero seguirán subiendo. A falta de conocer el desglose por productos y su incidencia en cada provincia -Álava fue la más inflacionista en 2007-, llama la atención el dato de enero porque el
efecto rebajas habrá minimizado la incidencia, por ejemplo, de la ropa y el calzado. Los alimentos serán previsiblemente protagonistas destacados del alza de este mes. Las materias más inflacionistas a lo largo de 2007 fueron la leche (+31%), el pan (+14,4%), el pollo (10,2%) y las frutas frescas y legumbres (7%). Cuando el peso del IPC recae sobre productos básicos, el golpe más brutal se lo llevan los más desfavorecidos. En el problema hay otra variable, los salarios. Los empresarios ya han solicitado a los trabajadores que no trasladen el demoledor dato de cierre del ejercicio pasado (+4,2%) a las peticiones de incremento salarial. La patronal alerta del riesgo que supondría para la competitividad alcanzar ese porcentaje en las subidas de los sueldos y es posible que muchas empresas se vean seriamente afectadas por ello. Pero es notorio que los salarios se han estancado. En los últimos diez años, descontado el IPC, el salario real ha crecido en un 1,22%. En muchos casos, a ese exiguo porcentaje hay que añadir la presión de unas hipotecas al alza. Los jóvenes que están pagando su primera vivienda pierden poder adquisitivo cada año. Es complicado buscar el equilibrio entre las necesidades de las empresas y las de sus empleados, pero patronos, sindicatos y gobierno, como regulador del marco laboral, deben trabajar en esa línea.