
Una modelo posa para los fotógrafos en una de las calles del Barrio Rojo de Amsterdam, durante la apertura de la Semana de la Moda.
Unas quince ventanas de establecimientos de prostitución del Barrio Rojo de Amsterdam (Holanda) se han transformado durante al menos un año en escaparates en los que diseñadores de moda mostrarán sus colecciones rodeadas de luces de neón y un cierto ambiente de protesta.
Coincidiendo con el inicio de la Semana de la Moda de Amsterdam, las creaciones de quince artistas se exhiben de forma permanente en el barrio De Wallen (Los muros), corazón de la ciudad, y lugar donde se concentra gran parte de la prostitución.
El Ayuntamiento de Amsterdam ha decidido aplicar en esta zona una política de "limpieza" de aquellos locales -desde escaparates de prostitución hasta sex shops o bares para fumar hachís- en los que haya el mínimo vínculo con el mundo de la criminalidad, el blanqueo de dinero o la trata de blancas.
"Ha llegado el momento del cambio para Amsterdam", señala el concejal del Ayuntamiento de Amsterdam Lodewijk Asscher, quien explicó que el objetivo es "atajar el fraude, la trata de mujeres y la criminalidad".
Asscher, que durante un paseo con periodistas fue objeto de abucheos por algunos dueños y asiduos de establecimientos ubicados en el Barrio Rojo, reconoce que los creadores corren el riesgo de ser boicoteados por los contrarios al saneamiento del Barrio Rojo.
"Seguiremos muy de cerca posibles tensiones y las haremos frente", aclaró Asscher, quien está convencido de que la práctica desaparición del Barrio Rojo de Amsterdam atraerá "todavía más turismo, pero no serán los turistas equivocados".
"En los años ochenta permitieron todo y ahora nos vienen con este saneamiento", se queja Martin, dueño de un coffeeshop (locales en los que está permitido fumar hachís).
Gracias a una subvención del Ayuntamiento de Amsterdam, los creadores de moda podrán durante un año exponer sus trabajos y vivir en el inmueble, en cuyas ventanas antes se exhibían prostitutas, pagando solamente los gastos de electricidad, luz y gas.
El diseñador Edwin Oudshoorn, que ocupa con su taller el escaparate del número 64 de la calle Oudezijds Achterburglaan, explicó que el local estaba en malas condiciones cuando llegó: "Se podía ver que es una casa vieja que ha sido usada para la prostitución, pero en una semana y un día de intensa limpieza lo he hecho mío".
Ahora, bajo la mirada provocadora de las meretrices de ventanas contiguas, Oudshoorn ha vestido el burdel con modelos ligeramente floreados de ropa de mujer.
La casa conserva el mismo papel que cuando estaba dedicada a la prostitución y detrás del escaparate, en un cuarto oscuro donde el diseñador ha mantenido la luz roja, continúa la cama, que en gran parte de estos inmuebles tiene una base de cemento.
El responsable de la inmobiliaria encargada de gestionar los edificios, Ronald Wiegers, indicó que no se descarta que en el futuro algunos de estos lugares vuelvan a ser ocupados por el negocio del sexo "pero bajo otras condiciones y otro tipo de explotadores" no relacionados con el mundo criminal.
El Ayuntamiento ha comprado hasta el momento 18 inmuebles y 51 ventanas que estaban dedicadas a la prostitución, la mayoría pertenecientes al magnate Charles Geerts.
Con una inversión de 25 millones de euros, el municipio quiere "lavar la cara" a Amsterdam y hacer de la zona desde la Estación Central hasta el Barrio Rojo, "una alfombra roja" de entrada en la ciudad que sirva para atraer la inversión de firmas nacionales e internacionales.
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