
Feli Martínez, Flori Gómez y María José Ruiz se introducen en el camino de tierra por donde regresó Enaitz al camping, que está justo al otro lado de la carretera.
aquel día se acabó el verano en Castañares", recuerda Txema Bravo, recepcionista donostiarra del Camping de La Rioja, donde veraneaban Enaitz Iriondo y su familia. A un kilómetro y medio de Castañares se encuentra esta instalación de 500 plazas que en Semana Santa y verano acoge a más de 2.000 campistas, casi todos reincidentes. La mayoría lleva años en el camping disfrutando de un entorno privilegiado, alquilando una parcela que cuidan y embellecen como su propia casa: una verja con setos, un caminito de baldosas, una galería de pvc y cristal para la cocina situada en el avance de la autocaravana, etc. Los campistas se conocen entre ellos y cuando saltó la noticia del atropello mortal aquel 24 de agosto de 2004 les conmocionó, añade el recepcionista.
Un río delimita la zona de acampada por el sur y la fatídica carretera comarcal marca la frontera por el norte. Y más allá del río, los árboles. "Aquí estás en contacto con la naturaleza", explican José Lafuente y Francisca Domínguez, una pareja de jubilados de Eibar que llevan 24 años en el camping y que son vecinos de parcela de la familia de Enaitz: "Hoy tampoco han venido, esto les trae malos recuerdos". Otra campista de Bermeo es la encargada de cuidar el monolito en memoria del joven: piedras de granito blanco componen el círculo, dos arbustos, tres rosales, prímulas, un ciclamen, una col y un ramo de flores de plástico recuerdan dónde cayó muerto.
"¿Lo ha visto? El coche le cogió aquí enfrente, en el caminito del stop, pero el monolito está mucho más adelante, justo donde le lanzó el coche", explica Bravo. Exactamente el cuerpo de Enaitz cayó a 107 metros del lugar del impacto. Como de portería a portería de un campo de fútbol, explica el perito contratado por la familia, Pedro Gutiérrez. Esta semana el lugar del siniestro está muy concurrido. Otros dos fotógrafos de sendas publicaciones estatales intentan encontrar la mejor perspectiva para que el lector se haga cargo del suceso: el coche choca con el ciclista a la altura del camino de tierra, le levanta unos 17 metros, muy por encima de los cables de la luz, a unos seis pisos de altura, y el cuerpo acaba muy lejos del camino por el que regresó del pueblo después de haber estado con unas chicas.
Su padre escuchó el golpe, como mucha otra gente del camping, pero pensó que se trataba de un pinchazo. Tres o cuatro minutos después ya estaba en la carretera, consciente de lo que había ocurrido. Los primeros en llegar habían tapado con una manta el cuerpo de su hijo, aunque sus amigos intentaron impedirle que viera aquella escena. "Te sientes impotente. Sólo tenía 17 años. Si ya es duro cuando muere un campista, si sólo tiene 17 años y toda la vida por delante…", murmura el recepcionista.
Cuando ocurrió el accidente ya había cerrado la recepción, pero la vida nocturna del camping en agosto es intensa: charlas a la fresca, cine al aire libre, concursos deportivos, las sobremesas de los más jóvenes, la discoteca… "Los padres aquí están tranquilos, y si los chavales se quedan dentro del camping, todavía más", asegura Francisca Domínguez. Aunque también es habitual que se acerquen a Castañares andando o en bici. "Nuestros hijos conocían a Enaitz. El miércoles estuvimos en Haro a las puertas del juzgado para apoyar a sus padres durante el juicio", señalaron Feli Martínez, Flori Gómez y María José Ruiz mientras daban su paseo diario por el camino de barro que escogió el joven para regresar al camping. "Es el camino más seguro, mucho más que esta carretera porque para cruzarla te lo debes pensar dos veces y mirar a derecha e izquierda otras cinco", recomienda Francisca Domínguez.
el camino más seguro "Esta zona es de mucha velocidad", añaden las tres vecinas de Castañares. "Deberían proponer que se considerase travesía y limitarla a un máximo 60 kilómetros por hora", propone José Lafuente. "Enaitz escogió bien la ruta para volver al camping, por eso no es justo que por una imprudencia encontrara lo que no debía encontrar, porque a mí me da igual si saltó o no el stop. El coche iba muy rápido en un lugar de cambio de rasante donde la visibilidad es casi nula", agrega.
Ahora, en el monolito de Enaitz "nunca faltan flores", explica el recepcionista, aunque sus padres "apenas vienen al camping porque les llena de malos recuerdos". "Antes estaban aquí todos los fines de semana y en vacaciones, estaban muy integrados".
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