
Aranburu controla el esférico, rodeado por los jugadores del Eibar Carmelo, Txiki y Nacho Insa.Foto: ruben plaza
LA lectura que puede hacerse del partido disputado ayer en Anoeta entre la Real y el Eibar tiene dos vertientes. La primera, la relativa al trabajo de uno y otro equipo sobre el césped, habla de un cuadro armero que superó con creces a los txuri-urdin durante la mayor parte del encuentro y que mereció el triunfo. La segunda, por contra, se refiere a un colegiado lamentable, el andaluz Gallo Moreno, que privó a los locales de dos puntos vitales escamoteándoles dos penaltis, ambos clarísimos.
Pero la circuntancia que más debe preocupar a la parroquia txuri-urdin es la futbolística. El Eibar demostró en Anoeta ser un equipo muy bien trabajado que, además, suple con lucha y entrega sus carencias técnicas. Si una plantilla como la de la Real gozara del rigor táctico azulgrana, el ascenso a Primera División sería prácticamente seguro, porque la calidad haría el resto. Sin embargo, el cuadro txuri-urdin, de momento, funciona a golpe de inspiración de sus futbolistas. Eizmendi tiene trabajo por delante para convertir al "gran grupo" que dice haber encontrado en el vestuario en un bloque sobre el césped.
Sin embargo, las distancias entre líneas; los interminables rondos entre los laterales, los centrales y Riesgo; la superioridad de los rivales en las segundas jugadas (si se llevan todos los rebotes no es por casualidad); y la poca eficacia del equipo en la estrategia (poco a poco, Eizmendi va tratando de arreglar este aspecto) son una constante durante los partidos de los blanquiazules. Y el de ayer fue uno de ellos. Enfrente, un Eibar agresivo, bien puesto sobre el campo y descarado (aunque en los minutos finales se conformara con el empate), puso en evidencia todas las carencias del juego realista. Consecuencia de ello fue una primera mitad de claro color azulgrana y un inicio similar de la segunda parte. El gol del Eibar hizo cambiar el panorama, aunque quizás lo que espoleó a la Real fue el tanto de Díaz de Cerio. Supuso un jarro de agua fría para los de Manix Mandiola, que a partir de entonces dieron por buenas las tablas y retrasaron sus posiciones varios metros.
El arbitraje
En Ipurua cara, ayer cruz
Si en el partido de la primera vuelta Pino Zamorano dejó sin señalar dos claros penaltis en el área de la Real, ayer Gallo Moreno devolvió el favor a los armeros pasando por alto dos clamorosas penas máximas de Txiki. Primero, el colegiado andaluz no apercibió una clarísima mano del lateral armero en una pugna aérea con Xabi Prieto. El colegiado atribuyó la infracción al jugador donostiarra, que no podía creer lo que el trencilla acababa de señalar.
El árbitro rizó el rizo minutos después, cuando Delibasic se adelantó al propio Txiki en un balón que el eibarrés iba a despejar. En vez de rechazar el balón, hizo lo propio con la pierna de Delibasic, que al sentir el claro contacto exageró la caída. Gallo Moreno no debió pensar que el lateral había tocado balón, porque decretó saque de puerta y no córner. ¿Pensó entonces que Delibasic se tiró? Tampoco, porque no le amonestó... Mención aparte merecen las reacciones de Txiki tras las dos acciones polémicas. En la primera se quedó en el suelo fingiendo que Prieto le había golpeado con el codo, y en la segunda recriminó a Delibasic a sabiendas de que le había derribado. Actorazo.
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