Editorial
Es hora de pronunciarse
después de tres días de silencio por parte de los gobiernos español y vasco y de los accionistas de Iberdrola, parece que ayer todo el mundo se conjuró prácticamente al unísono en mostrar públicamente su rechazo a la amenaza de que la eléctrica francesa
EdF lance en cualquier momento una OPA sobre la operadora energética vasca. Hasta entonces, todos los protagonistas concernidos de una manera directa o indirecta en el devenir de Iberdrola guardaban silencio a pesar de que un diario tan poco sospechoso como el
Financial Times puso al descubierto la operación y, lo que es peor, que
Zapatero
conocía desde el pasado 10 de enero las intenciones de los franceses por boca de su presidente,
Nicolas Sarkozy , sin que desde entonces moviera un sólo dedo para evitar la venta y la pérdida de control de esta empresa estratégica, que es la cuarta operadora eléctrica del mundo y la empresa más rentable del sector. Está claro que detrás de esta inoperancia está el miedo a que Francia pueda modular su colaboración en la lucha contra ETA si no se atienden a sus intereses. No es la primera vez que pasa. Le ocurrió a
Felipe González , que tuvo que comprar trenes franceses para el AVE, o a
Aznar, que se echó en manos de Estados Unidos y Reino Unido tras el intento frustrado de una siderurgia gala de adquirir la CSI. Tuvo que ser la confirmación del portavoz del Elíseo para que Moncloa reconociese que conocían la operación y que el vicepresidente
Solbes -que nuevamente se ha enterado por la prensa de lo que decide Zapatero-, se opusiera a una Iberdrola
troceada . A partir de ese momento saltaron las alarmas y un accionista de referencia como la BBK expresó su rechazo a la operación, de la misma forma que la Junta de Castilla y León, la Junta de Extremadura o la Generalitat Valenciana, que ven peligrar las inversiones de Iberdrola en esas regiones. Y mientras todo esto sucede, se sigue sin conocer la posición del Gobierno Vasco y del Departamento de Industria ante la posibilidad de que en este momento
la joya de la corona de la economía vasca se pueda perder al pasar a otras manos con intereses radicalmente distintos. Sobre todo, cuando destacados dirigentes vascos han tenido mucho que ver en esta nueva Iberdrola surgida con la compra de
Scottish Power .