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La madre de la plaza del juzgado de Atotxa

Una mujer donostiarra ha iniciado a las puertas del Palacio de Justicia una protesta para evitar que su ex pareja visite a su hijas "cuando está demostrado que les ha agredido"

Virginia Gandara sostiene su pancarta, en los aledaños del Palacio de Justicia de Atotxa.

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E L ir y venir de gente es continuo a las puertas del Palacio de Justicia de Donostia, en Atotxa. Algunos se fijan en ella y observan el cartel que sostiene entre sus manos: "¡Sigo esperando el juicio!", alcanzan a leer, entre las palabras escritas en rojo. Otros, en cambio, la ignoran. "Suelo estar moviéndome delante de las escaleras, porque si no, se me enfrían los pies", comenta. Es un mal menor para Virginia Gandara, una madre donostiarra que ha comenzado una protesta en los aledaños del juzgado esta semana. Lucha por lo que considera sus derechos y, sobre todo, por los de sus hijas.

Un cúmulo de circunstancias han llevado a esta mujer de 37 años a tomar esa determinación, pero una razón principal la motiva: evitar que su ex pareja pueda visitar a sus hijas, de ocho y once años, "cuando está demostrado que han recibido agresiones mientras estaban en sus manos". "He perdido seis años de mi juventud. Y como sigan por ese camino van a intentar que ellas pierdan la infancia. Y no lo puedo consentir", se aferra.

Esa historia, que Virginia relata con ojos tristes pero con voz firme, comenzó en 2002. "Padecí una agresión de mi pareja porque decidí separarme. Tenía un bebé de dos años. Aunque ya no vivíamos juntos, pensé que debía poner freno al asunto y lo denuncié", recuerda. Los malos tratos no habían hecho más que empezar. "La tercera vez me puso un cuchillo en la garganta. Luego, a pesar de las medidas cautelares, vinieron los robos, los insultos, las amenazas verbales..."

Llegado a este punto, Virginia muestra los documentos que acreditan todo ese proceso. Y una sentencia fechada en 2004, donde se condena a seis meses de prisión a su ex pareja, por "maltrato psicológico". "Fui de las primeras mujeres que consiguió una sentencia similar antes de que la nueva ley se aplicase", añade. Pero el agresor no tuvo que cumplir la condena.

Sentencia

"Maltrato y abandono"

Las medidas cautelares de 2002 habían dado la custodia de las dos hijas de la pareja a la madre. "Dos años más tarde, la sentencia de la jueza estableció el régimen de visitas de las niñas", prosigue Virginia. Según añade, "este señor no acudía a las citas establecidas con sus hijas y las agredía". Por esa razón, decidió acudir de nuevo a los juzgados.

En 2005, Virginia consiguió otra sentencia en la que se reconocía que su ex pareja incumplía las condiciones impuestas por la jueza. "Maltrato doméstico y abandono de familia", resume el documento judicial. Las cosas no cambiaron y, en 2006, esta madre donostiarra interpuso la misma denuncia. No obtuvo respuesta.

La gota que ha colmado el vaso de la desesperación de Virginia es que la jueza quiera "ampliar el tiempo" que el padre pasa con sus hijas. Hoy día estas visitas se realizan a través del punto de encuentro de Kidetza. "La psicóloga del juzgado dice que está comprobado que es bueno que vean al padre. Si no es un asesino, un violador o un maltratador, probablemente. ¿Pero puede comprobar que él no va a hacer nada a las niñas?", recalca.

La mujer se aferra a su pancarta y mira al futuro. "Tengo pruebas que demuestran que incumple el pago de las pensiones alimenticias y la propia Kidetza ha reconocido una agresión de este señor a sus hijas", argumenta. Así que manifiesta su deseo de que la "jueza lea todo ese material" y no abandone el caso "en una secretaria judicial, en un fiscal y en terceros -en referencia a Kidetza- que reciben dinero por su servicio".

El máximo obstáculo que encuentra en su camino es la falta de un letrado que defienda su caso. No confía en los de oficio, "porque intentan despachar el asunto lo más rápido posible". "Sólo necesito un abogado que defienda mis derechos y las de mis hijas. No puedo pagar uno privado. Una mujer maltratada no tiene defensa", subraya.

A pesar de que ha perdido la fe en la justicia, seguirá yendo al Palacio de Justicia con su pancarta, donde se puede leer: "Jueza, revise mi caso. Quiero dormir feliz y mis hijas merecen una infancia sin riesgo. No puedo explicar a un niño que es normal sentir miedo y obligarles a vivirlo".

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"Sólo necesito un abogado que defienda mis derechos y los de mis hijas"  virginia gandara .  Madre en protesta
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