
Alfons Cornella, ayer en el Polo de Innovación Garaia.Foto: javi colmenero
¿Cómo se ve el trabajo de Euskadi en innovación desde fuera?
Euskadi tiene una tradición larguísima de emprendedores, de innovación, a la que a lo mejor no se daba ese nombre concreto. Aquí hay un caldo muy importante de gente con ganas y preparada. Se deben dar las condiciones y las infraestructuras pero si miramos las empresas que hay y en qué mercados compiten, vemos que la situación es óptima. Hay una relación directa entre innovación e internacionalización. Si hay empresas que exportan, tienes que ser innovador para competir en otros mercados y en Euskadi hay una fuerte presencia de empresas exportadoras. Lo que ocurre es que el futuro no es gratis. La innovación es ir en bicicleta: si te paras te caes. Hay que saber que independientemente de dónde vengas y lo que tengas ahora, el trabajo es constante y hay que reinventarse cada día y arriesgarse en cada momento.
¿Cree que las empresas en general lo han asumido?
No podemos hablar de una media de empresas sino de las que lo entienden y de las que no. El gran discriminante en los próximos años entre empresas con éxito y sin él es que entiendan que tienen que explorar para definir nuevos productos, servicios, modelos, estructuras o relaciones con el cliente que den más valor para que se generen resultados sostenibles. La gran diferencia está en cómo se observa lo que pasa en el mundo y cómo se aplica. Si crees que va contigo o no. Mi impresión es que está muy equivocado el que cree que no va con él el tema de la innovación, independientemente de qué empresa tenga, aunque sea el bar de la esquina o una peluquería.
¿Es más difícil innovar para una empresa pequeña?
No, porque se puede innovar en el día a día de forma muy simple. Hay que ver cómo tienen una mejor experiencia los clientes de un bar, qué tipo de tortilla de patatas se les ofrece, que sea diferente a la de al lado. Incluso hacer que la gente pague de manera distinta. La característica distinta del innovador es que ve lo que los demás no ven, es una característica histórica. Puede innovar cualquiera. Hemos documentado 700 ejemplos de innovación en España y algunas son experiencias muy pequeñas.
Hemos tenido unos años de fuerte crecimiento económico y ahora parece que la situación está cambiando. ¿Las vacas flacas pueden favorecer el que haya más innovación?
Es una buena lectura. Si hay una recesión económica porque el modelo se agota, hay menos recursos pero hay una lectura positiva y es que hay un estímulo para la innovación. El hambre es el principal motor para generar innovación en las empresas. Pero va a depender de que no empecemos a hacerlo demasiado tarde. Hay un momento en que eres demasiado rico y no haces nada y otro en que eres demasiado pobre y no puedes hacerlo. La clave está en ver que viene la pobreza cuando se sale de la riqueza y reaccionar. Ahora vienen dos o tres años fundamentales para acelerar el proceso de innovación. Hay que cambiar maneras de pensar y los métodos. La gente que diseña productos, que los fabrica y que los vende se tiene que poner de acuerdo para poder redefinir las cosas en términos de productos, servicios, modelos, estructuras.
¿Hasta qué punto están ligados los conceptos de innovación y tecnología? Parece que a veces se confunden.
No son equivalentes en absoluto porque el bar de la esquina puede innovar en sacar un ticket para que si vas cada día de la semana, te salga más barato el fin de semana. Hay mucho de innovación que es de relación con el cliente, es darle valor. Innovación es valor. Definimos la innovación como la conversión de ideas en valor para el cliente que genera resultados sostenibles para la empresa. Lo que ocurre es que la tecnología es una gran palanca para generar valor. Imaginemos un museo muy visitado que genera grandes colas. Eso crea un antivalor, cuando hoy existe tecnología perfectamente asequible que diga a qué hora hay que ir para no tener que hacer cola. La innovación no es tecnología, pero la tecnología puede ayudar a hacerlo mejor y de forma más barata. El triángulo de innovación, tecnología e internacionalización es crítico y creo que no es posible hablar de innovación independientemente de los otros dos.
¿Cuando un trabajador se convierte en directivo se le hace más difícil innovar?
Es algo habitual si la estructura de la empresa es así. Ahí surge el dilema entre explotar y explorar. La empresa tiene un gran problema para poner de acuerdo la explotación el mercado que conoce y explorar nuevos mercados. Es más fácil explotar mercados existentes porque se conocen las reglas, se sabe cuáles son las vacas que dan leche y se ordeñan. Es uno de los aspectos que hay que trabajar más: dar espacio simultáneo al explotador y al explorador: al que saca partido a los mercados y al que explora. Unos generan la cuenta de resultados de hoy y otros la de mañana. Es fundamental que cohabiten explotadores del mercado actual y exploradores del nuevo.
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