Editorial
Otro retorno al oscuro pasado
pese a las numerosas consideraciones técnico-jurídicas que concurrían, muchas de ellas esgrimidas incluso por el propio fiscal. Pese a las repetidas absoluciones dictadas por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que lo juzgó. Pese al antecedente del
caso Botín sobre la relativa validez de las acusaciones interesadas para alimentar un procesamiento, una doctrina que al parecer vale para unos supuestos pero no para otros. Pese a que el impulso que le llevó hace cinco años al Gobierno
Aznar
y a su aparato mediático a emprender la persecución judicial de la Mesa del Parlamento vasco como otra de sus catapultas se quedara sin su contexto de
película de guerra . Todos los elementos apuntaban a que el
caso Atutxa iba a pasar a la historia con un carpetazo definitivo. Pero el pleno de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo sorprendió anoche a propios y extraños con una extemporánea condena de inhabilitación a
Juan Mari Atutxa ,
Gorka Knörr y
Kontxi Bilbao que, más allá de que sólo tenga efectos prácticos en el caso de la tercera -todavía parlamentaria de EB-, desde el punto de vista político y hasta simbólico supone la consumación de un despropósito y el triunfo de un grupo ultraderechista como Manos Limpias, la última estela de una insistente acusación que no paró hasta sentar al Parlamento Vasco en el banquillo de los acusados y no ha descansado hasta encontrar en la magistratura conservadora una grieta que saciara su sed con una condena. Y en este contexto, la posibilidad de amparo ante el Tribunal Constitucional no desactiva la carga política de esta sentencia y el debate técnico-jurídico sobre si existía o no un supuesto delictivo o si concurría una colisión de poderes queda desbordado por el torrente de la politización que confluye en el Poder Judicial, arrastrando con ello la propia credibilidad de un sistema garantista. Resulta descorazonador comprobar cómo pueden acabar arrastrada por el fango las intachables trayectorias personales y políticas de Atutxa, Knörr o Bilbao. Y resulta también inquietante pensar hasta dónde pueden alcanzar los tentáculos de un grupo ultraderechista en esa misma alta magistratura empeñada en extender su manto de sospecha hasta el líder de los socialistas vascos o el propio lehendakari. La estela del
caso Atutxa retorna desde un oscuro pasado.