
Algunos de los retratos que conforman la muestra del Photomuseum.Foto: javi colmenero
Donostia. Desde sus inicios, la fotografía tuvo que pelearse que la pintura, el cine o la ópera le adoptasen como compañera. Siempre se le ha vinculado más con la fugacidad del instante que con la eternidad del arte. Los primeros en reivindicar una consideración más alta para la fotografía -al menos con cierta fortuna- fueron los retratistas. El retrato fotográfico tuvo una gran acogida como reemplazo del pictórico: era infinitamente más barato. De hecho, muchos cambiaron el pincel por la cámara por pura supervivencia.
En el siglo XIX, los artistas se apoyaron en la ciencia para perfeccionar sus réplicas de la realidad. La recreación del individuo -para mostrar las cualidades físicas del modelo, las morales o ambas- tiene a sus mejores representantes en Nadar, Disdèri o Etienne Carjat -insignes antepasados de Richard Avedon y Annie Leibovitz-, cuyas obras se exponen en el Photomuseum en una muestra inaugurada esta semana.
El museo de fotografía y cine de Zarautz saca a la luz por primera vez -incluidos dentro de la exposición El retrato , que permanecerá abierta hasta el 16 de marzo- parte de los fondos que Kutxa depositó el año pasado en el Photomuseum: 200 fotografías del siglo XIX.
"Se han hecho más exposiciones de retratos, pero no como ésta", indica Ramón Serras, cofundador del Photomuseum. "Porque todos los retratos son del siglo XIX. Son originales de época, y de todos los estilos: el retrato en sí, la fotografía iluminada -que es la coloreada a mano- el desnudo, el retrato oficial, el coleccionismo fotográfico, la moda...".
Esta galería tan completa tiene su origen en la adquisición de una gran colección de cine y fotografía del siglo XIX. Sus compradores fueron la Diputación Foral de Gipuzkoa y Kutxa que, después de catalogar la obra, hicieron "un reparto más o menos equitativo en el que la Diputación se quedó con el cine y Kutxa con la fotografía. Después de barajar varias opciones, todo ha quedado como depósito en el Photomuseum.
Gracias a la riqueza de la colección, como apunta Serras, la muestra recoge toda clase de tipologías. Hay ejemplos del retrato "en sí mismo", una práctica "presente a lo largo de toda la historia del arte, puesto que responde al deseo que tienen los seres humanos de la interpretación plástica de su propia imagen". Figuran también fotografías iluminadas, para combatir las imágenes monocromas, que resultaban deslucidas al público de la época, acostumbrado a la pintura. "Las primeras fotografías fueron coloreadas a mano por Disdèri, en 1860. Una de ellas participó en un salón internacional de París de la época. "Es única, y ahora está en Zarautz", subraya.
La mayoría de los desnudos -también representados en el Photomuseum- encontraron serios obstáculos legales y sociales en el siglo XIX para ser aceptados, pese a los siglos de legitimación cultural y estética que le precedieron, y tuvieron que cobijarse bajo el anonimato. "Eran personas de cierta reputación, estaba prohibido y lo camuflaban en lo artístico, ya que el desnudo estaba permitido en el arte. Las fotografías se guardaban en un cajón para que los niños no las vieran, y por las noches los adultos se dedicaba a ver desnudos", recuerda uno de los responsables del museo.
La colección del Photomuseum no se olvida del retrato oficial, que afirmaba la posición social y poder del retratado a través de "atributos simbólicos como indumentaria, tocado y distintos accesorios". Hay, además, heliograbados y caricaturas.
Se constata también en la muestra la aparición de los álbumes , que confirman la importancia adquirida por los retratos fotográficos "entre familias de todas las categorías sociales". El coleccionismo también empezó entonces; los grandes fotógrafos de la época reunieron numerosos clichés -trozo de película ya revelada, con imágenes en negativo- de los personajes populares, que luego vendían en muestrarios como La Galerie Contemporaine des Illustrations Françaises ; las fotografías se acompañaban por un texto biográfico de la persona retratada.
La fotografía de moda -los mejores estaban en París en aquella época- se hace, asimismo, hueco en El retrato . La expansión de la clase media desemboca en la proliferación de teatros y el aumento de la demanda de imágenes de artistas, cantantes de ópera, actores o acróbatas de circo. También se retrata a primeras espadas de la cultura: Rossini, Victor Hugo, Baudelaire... De todos ellos hay reflejo en la muestra del Photomuseum. Pero quien gana la partida es Sarah Bernhardt, de quien se exponen más de 50 imágenes, realizadas por diferentes fotógrafos, en Zarautz. Mark Twain sostenía que había "cinco clases de artistas: las buenas, las malas, las regulares, las grandes actrices y Sarah Bernardt". "Estaba considerada la gran diva de la época", recuerda Serras, quien se resiste a escoger una pieza. "Te quedas con la colección completa, con fotógrafos muy distintos que retratan personajes de gran calidad. Es un conjunto impresionante", resume Serras.
expansión El negativo de vidrio y, sobre todo, el invento de la carte de visite , de Disderi, impulsaron la expansión de la fotografía en todos los ámbitos y clases sociales. La evolución es vertiginosa. El daguerrotipo, precursor de la fotografía moderna, se inventó en 1839. Y ya en 1860 se populariza la fotografía con Disdèri. No tardan los álbumes y el coleccionismo. "Es una divulgación tal que se empiezan a vender álbumes completos de figuras como la Bernhardt. Como no podía imprimirse la fotografía en imprenta se pegaban las imágenes en los libros", explica Serras.
El abaratamiento hizo el resto. Como recoge Giséle Freund en su libro La fotografía como documento social , "si el artista fotógrafo obtenía en 1855 cien francos de oro por prueba, unas décadas más tarde esa tarifa se limita a unos veinte francos". "El retrato del retratista fotógrafo cobró un gran impulso en las últimas décadas del siglo XIX. En 1891 existían en Francia más de mil talleres y la fotografía ocupaba a más de medio millón de personas", señala.
En el uso personal, son decisivos, como en la actualidad, los avances tecnológicos. En 1890 Kodak presentó la primera cámara plegable y, al año siguiente, la compañía lanzó al mercado la primera máquina cuyo rollo puede ser cargado por el propio usuario.
La facilidad que introduce la aparición de la película flexible se sintetiza en el eficaz anuncio de las cámaras Kodak : "Usted apriete el botón, nosotros haremos el resto". Se originó una nueva expansión de la producción fotográfica, "aunque ésta no fuera acompañada de la deseable calidad", recuerdan en el Photomuseum.
Hasta entonces, "había que hacer emulsiones, preparar placas de vidrio, y, de repente, te dan todo hecho, una cámara en la que se introducen los negativos y puede hacer cien fotografías. Es un cambio radical respecto al fotógrafo anterior a esta época". De ahí a la invasión de digitales y móviles con cámara en cualquier acto público, un paso .
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