
José Antonio Ardanza, lehendakari del Gobierno Vasco.Foto: efe
zamudio.¿De quién partió la idea del Pacto de Ajuria Enea?
Más que quién fue el autor de la idea, lo importante fueron las circunstancias que convergían en aquel momento. La situacion era límite, insostenible. ETA mataba por decenas y de forma indiscriminada, y había una confrontación política profunda en torno al proyecto de convivencia entre las diferentes sensibilidades políticas y a cómo conseguir la pacificación. Entonces ya estábamos viviendo el gobierno de coalición PNV-PSE, en cuyo programa de gobierno, por cierto, no se contemplaba el desarrollo del Estatuto porque no nos poníamos de acuerdo. En este contexto, me llamó Felipe González preocupado y me transmite que la situación era muy delicada, que la democracia estaba en riesgo a 6 años del 23-F y que había que hacer algo. A partir de ahí, el lehendakari, como máximo responsable de la situación, tomó la iniciativa, la llevó al Parlamento y todos los grupos la aceptaron, incluida HB.
¿Qué papel tuvo el lehendakari en aquel proceso de negociaciones?
Hubo muchas reuniones bilaterales con todas las formaciones, en las que yo, como lehendakari, adopté una postura de dialogar, de escuchar, de tratar de situarme siempre en la piel del otro y, a partir de ahí, me esforcé por llevar a todos hacia un cauce central, haciéndoles ver a unos y otros por separado sus respectivas posiciones y argumentos. En la intimidad de aquellas reuniones, pude conocer las limitaciones de cada uno y, en la segunda reunión, ya tuve la impresión de que el camino era difícil.
¿Cuáles fueron los escollos fundamentales del acuerdo?
Partiendo de que los partidos de ámbito estatal apostaban por medidas exclusivamente policiales para conseguir la paz y el mundo nacionalista defendía que las soluciones también debían tener respuestas políticas, la discrepancia inicial radicó en cómo abordar el problema de la pacificación y el de la normalización en un mismo documento, pero sin mezclarlos. De ahí que el pacto se llamara Acuerdo para la Normalización y la Pacificación de Euskadi y que tuviera un preámbulo en el que se reconoce la existencia de un conflicto político y una segunda parte dedicada a la pacificación. Con estos mimbres, yo elaboré un borrador no para hacer un pacto antiterrorista, sino a favor de la paz y la normalización.
¿Pusieron muchas reticencias los partidos a su borrador?
La primera reunión de lo que luego se llamó la Mesa de Ajuria Enea fue muy violenta. Txiki Benegas no estaba dispuesto a aceptar aquel borrador, pero luego vio que se quedaba sólo y aceptó. Al final, todo el mundo fue generoso para poder alcanzar el acuerdo. Las diferencias entre el Pacto de Ajuria Enea y el borrador que yo presenté no son muy grandes.
¿No cree que el pacto nació cojo al no tener el respaldo de Herri Batasuna?
Herri Batasuna acudió, como el resto de formaciones, a las reuniones bilaterales en Ajuria Enea. Tras el segundo encuentro, salieron y dieron un portazo al proceso. Por lo tanto, se autoexcluyeron, no se les marginó, se automarginaron. No valen discursos victimistas.
¿Considera que se gestionó adecuadamente el acuerdo?
Una vez que el Pacto de Ajuria Enea se cerró y se ratificó en el Parlamento, caló profundamente en la sociedad y los partidos adquirieron un prestigio particular. Con el fin de evitar matices, se decidió que sólo hablara el lehendakari ante las continuas acciones de ETA. En esta fase, yo creo que se gestionó razonablemente bien.
¿Cuáles fueron las causas que rompieron el consenso?
La primera quiebra se da en 1990 debido a los resultados electorales. El PNV recuperó la posición perdida con la escisión y el lehendakari se convirtió en el líder indiscutible del país. Estos dos factores generan recelos en el resto de formaciones, que empiezan a cuestionar el Pacto y a decir que sólo lo rentabiliza el PNV. Así surge el interés partidario. En 1995, llega la crisis estatutaria y, un años después, el PP se niega a cumplir y rechaza el final dialogado de la violencia.
¿Cree que sigue vigente el contenido del pacto o parte del mismo?
Las circunstancias han cambiado. Creo que lo que tiene gran valor es la metodología que se utilizó para alcanzar el acuerdo: generosidad, paciencia, escuchar y dialogar. Por otro lado, creo que hoy habría que precisar las condiciones para ese final dialogado de la violencia.
¿Hoy sería posible un acuerdo de estas características?
Lo veo muy difícil. Las mayorías en el Parlamento hoy son muy ajustadas. Entonces, el consenso era mucho más amplio. En cualquier caso, no veo posibilidad de incorporar a PP y Batasuna en un mismo foro. Por otro lado, la situación actual no es límite como la anterior.
Debe ser descorazonador ver que 20 años después, ETA sigue matando y el consenso político no es posible.
Me da mucha pena, pero mantengo la esperanza. Me gustaría que la iniciativa del lehendakari Ibarretxe pudiera contar con más consensos. Ya veremos. En cualquier caso, yo creo que el Pacto de Ajuria Enea tuvo un 90% de positivo. Lo negativo fue que no tuvo éxito y no dio el resultado que se esperaba.
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