
El periodista Mariano Ferrer, portavoz de la Plataforma 18/98+, momentos antes de iniciarse la entrevista.Foto: iker azurmendi
Donostia. Con la mayoría de los procesados en las piezas de Ekin, la Fundación Zumalabe, Orain y Xaki ya encarcelados, el periodista no puede evitar hablar del drama humano que hay detrás de las personas con las que ha tenido un estrecho contacto en los últimos años. "Es prácticamente una condena a morir en la cárcel para las personas de edad más avanzada y un drama también para otros que son padres con niños muy pequeños y situaciones familiares muy difíciles, porque ellos son el sustento de la familia", expone. Con cinco absueltos -Pepe Uruñuela ya lo había sido previamente- y condenas de entre dos y 24 años, los encausados y la plataforma tienen un año por delante para aguardar la resolución del recurso interpuesto ante el Tribunal Supremo, que esperan que cuando menos rebaje las penas en una causa que Ferrer considera un "despropósito". No oculta tampoco cierta decepción, porque cuando se embarcó en la aventura del 18/98+ creyó que la plataforma "llegaría más lejos".
¿Esperaban una resolución del caso tan dura, con penas superiores a las que pedía la propia Fiscalía y en algunos casos más altas que las que se imponen a miembros de ETA declarados con delitos de sangre?
Nos ha sorprendido. Se han impuesto las penas que pedía la Asociación de Víctimas, cuyos abogados no hicieron nada en el proceso y que al final se limitaron a reproducir los argumentos del fiscal, pero con peticiones de pena más altas. Desde ese punto de vista, ha sido una decepción ver que no han servido para nada 17 meses de trabajo en los que la defensa hizo una labor brillante, realmente apabulló a la acusación, puso patas arriba sus argumentos, pero no ha habido manera de que sirviera para que el tribunal cambiara de opinión. Eso te lleva a tener la sensación de que la sentencia estaba determinada de antemano.
Los términos en los que está redactada la sentencia no parecen muy ortodoxos...
Hay toques de sarcasmo y de mirar por encima para restar credibilidad a unos acusados que se dice que hablaban de pájaros y flores y que denunciaban torturas, los pobrecitos. El fallo refleja el tono que también tuvo el juicio, con una jueza [Ángela Murillo] que callaba a los procesados diciéndoles que le daba igual lo que dijeran o que aseguraba que lo que dijera el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo le tenía sin cuidado. ¿Es esto un juicio conforme a un Estado de Derecho? Evidentemente, no. Como apuntan juristas muy importantes, se está evolucionando desde un Código Penal garantista a un Derecho Penal del enemigo, en el que el juez no es un árbitro de la verdad, sino que parece que se sitúa ante un enemigo que hay que derrotar, no ante un ciudadano con derechos.
En los momentos de distensión, con el proceso y la tregua en marcha, ¿tuvieron en algún momento la esperanza de que el proceso quedara en punto muerto?
La plataforma 18/98+ nunca se apoyó en el proceso. En todo momento defendimos que la acusación atribuía intención criminal a actividades que consideramos que deben estar protegidas en un Estado de Derecho y no pueden estar al albur de una determinada coyuntura política, como el derecho de reunión o la libertad ideológica. Nosotros queríamos que se juzgaran los hechos por sí mismos, con imparcialidad, que se probara qué había hecho cada uno de los acusados para demostrar la tesis de que estaban al servicio de ETA. Eso no quiere decir que el 18/98 podría haber tenido otro final de haber tenido otro final el proceso de paz. Nadie es inmune al contexto sociopolítico y a las presiones.
Hace dos años confiaban en que los jueces no siguieran la doctrina Aznar y sí los nuevos aires del Gobierno de Zapatero, pero al final ambos parecen haber confluido.
Zapatero hizo una apuesta por un proceso de paz del que no tenía muy clara la hoja de ruta. Quería que ETA acabara y que la izquierda abertzale emergiera de su ilegalización, pero lo que no tenía muy claro es qué estaba dispuesto a poner sobre la mesa para que eso pasara. Tampoco creo que contara con la feroz oposición del PP, que estrechó el ya de por sí limitado margen que tenía para negociar contrapartidas. Cuando se da cuenta de que el proceso no es viable, bien por la posición de ETA o por el escaso margen de maniobra que tiene, el PSOE decide plegar posiciones para neutralizar al PP en el terreno de la derrota de ETA, para evitar ser atado por ese flanco. Que eso haya tenido una traducción en una presión sobre la Justicia para que endurezca sus pronunciamientos, queda para la reflexión de cada cual.
¿El fallo del 18/98 es una muestra de la politización de la Justicia?
Creo que muchos jueces no necesitan un impulso político externo, porque lo tienen interiorizado, están convencidos de que a ETA y a la izquierda abertzale no hay que darles ni agua. Me gustaría aclarar en este sentido palabras que han puesto en mi boca acusando al tribunal de prevaricación. Yo destaqué la falta de pruebas que se aprecia en la sentencia, y tengo entendido que condenar sin prueba si se es consciente de ello es prevaricar. Me cuesta creer que, dada la variedad de casos que hay en el sumario, el tribunal esté convencido de la culpabilidad de todos. También se ha transfigurado mi afirmación de que la sentencia es terrorismo desarmado. Yo lo que hice fue citar al abogado August Gil Matamala, que sostiene que estamos llegando a un derecho penal sin límites en el que surge el terrorismo desarmado, por el que se restringen los derechos civiles y políticos y se condena a personas que no tienen en su haber un acto de terrorismo.
El apoyo a los procesados durante el juicio y tras el fallo desde la clase política vasca ha sido casi unánime. ¿Qué piensa del silencio del PSE, teniendo en cuenta que Patxi López declaró públicamente sus dudas de que parte de los imputados fueran culpables?
Bueno, los socialistas también se manifestaron en su día a favor de la autodeterminación... En un momento en el que interesaba dar señales de confianza a Batasuna, el PSE dijo lo que dijo, pero pudo decirlo sin creerlo. Ahora ve la necesidad de desmarcarse para cubrir un espacio electoral y justificar la ruptura de la tregua. No me sorprende que haya cambiado el mensaje.
¿Echaron de menos el jueves a más pesos pesados de los partidos en la foto del Hotel Carlton de Bilbao?
Estamos satisfechos de haber obtenido un apoyo amplio y plural. Es verdad que cuando la plataforma empezó a rodar pensábamos que íbamos a llegar más allá de lo que hemos llegado y que los que se acercaran adoptarían un compromiso más firme de lo que ha resultado.
¿Qué le parece el lenguaje utilizado en la sentencia y las pruebas aportadas, como un dibujo aparecido en un 'Zutabe' de una trainera de KAS con un miembro de ETA como patrón?
Parecen pruebas bastante endebles, aunque tengo pendiente leer a fondo la sentencia. Establecer una conexión de la Fundación Zumalabe con ETA porque ambos defienden la desobediencia civil no parece un argumento muy sólido. Se otorga a ETA el monopolio de la desobediencia civil y se le atribuye un dominio sobre esta sociedad que no le corresponde y que es absurdo. Este tipo de deducciones son una barbaridad. Al Estado le interesaba calmar las aguas del debate sobre su firmeza o no firmeza y este sumario le ha venido al pelo.
¿Todas las conexiones son tan endebles?
Hay mucha alegría en la concatenación de hechos, lo que dice muy poco del trabajo judicial y policial realizado durante diez años. Se mezclan fechas, se confunden ideas... Teresa Toda y Javier Salutregi están condenados porque pocos días antes de tomar posesión de la dirección de Egin se entrevistaron con ETA. La deducción es que fueron allí a recibir instrucciones sobre cómo actuar. ¿Cómo sabe eso el juez? Yo me entrevisté con ETA, ¿recibí órdenes para el resto de mis días? Lo mismo pasa con la Fundación Zumalabe y con Ekin. Fuerzan las cosas para demostrar lo que quieren cargándose el principio latino post hoc non est propter hoc (después de algo pero no provocado por ese algo).
La conclusión de que los encausados son las "entrañas" de ETA está cargada de efectismo...
La juez Murillo se habrá quedado muy a gusto al decir eso, pero basta recordar cómo los procesados andaban como Pedro por su casa en el pabellón de la Audiencia Nacional de la Casa de Campo donde se celebró el juicio para dudar de sus palabras. Es verdad que había Policía, pero con la guardia bajada. Los acusados no iban con ellos a tomar txikitos porque no les apetecería, pero casi. Eso es incompatible con un Estado que está en guerra con ETA y que tiene sentado en el banquillo a las entrañas de la organización.
Ante un nuevo proceso de negociación, ¿el Gobierno tendrá capacidad para deshacer todo lo hecho o el ovillo se está enredando tanto que será imposible deshacerlo?
El hecho de que los aparatos del Estado arrollen el sistema general de garantías para resolver un problema particular genera un problema tremendo, porque para el ciudadano lo fundamental es que el edificio del sistema democrático y la confianza en el Gobierno se mantengan. No se pueden cambiar las reglas del juego porque sí. ¿Cómo se recupera todo esto? Hay mucha literatura en Europa y Estados Unidos planteándose lo mismo, advirtiendo de que por una presunta amenaza terrorista global nos estamos saliendo de los valores y principios que tan trabajosamente ha construido la civilización occidental para garantizar una serie de derechos fundamentales. Estamos retrocediendo y empieza a preocupar cuánto nos va a costar recuperar el terreno perdido y si lo vamos a poder hacer.
Ha echado de menos la pulcritud del juicio sobre el 11-M
Si los acusados del 18/98 hubieran tenido las mismas garantías que los acusados del 11-M y los medios hubieran puesto la milésima parte de interés que suscitó este proceso, quizá no se estarían escribiendo y diciendo muchas cosas. Si hubiera habido una cobertura informativa fiel, que reflejara las irregularidades del proceso, los errores y la inconsistencia de las acusaciones, la sentencia no se hubiera sostenido.
¿Percibe a la sociedad vasca desmovilizada ante esta situación?
Durante estos años de trabajo hemos percibido una barrera infranqueable entre una parte de la sociedad que no está dispuesta a escuchar ningún argumento sobre el ataque que supone el sumario 18/98, como hay otra parte que no quiere escuchar nada que salga de organismos como el Foro Ermua. Esa barrera está instalada en la sociedad y es grave cuando afecta al concepto de la democracia. Debería ser natural tener opciones distintas y contrapuestas, pero en el marco de los derechos fundamentales todos deberíamos coincidir.
La izquierda abertzale dice tener 200.000 portavoces en la recámara, pero, ¿está más acorralada y debilitada que nunca?
Su debilidad es objetiva, aunque también compatible con un posible fortalecimiento interno, basado en el apoyo que puede estar viendo aumentar a la vista de lo que está sucediendo, y que le puede llevar a tomar una línea más dura.
¿El Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo podría ser la luz al final del túnel?
Seríamos ilusos si tuviéramos una gran expectativa. No perdemos esperanza, porque pensamos que la sentencia no se tiene en pie, pero eso no quiere decir que no tengamos en cuenta los precedentes. De lo que estoy seguro es que el Estado tendrá una gran fuerza para defenderse en Europa y evitar el mamporro que supondría ver cuestionada por ejemplo la Ley de Partidos, lo que afectaría al organigrama del Estado.
En el momento de la verdad, ¿ha habido una división en la plataforma, con la declaración 'Es hora de responder' promovida sólo por una parte de los procesados y con un paro del que ELA se desmarcó?
Ha habido diferencias de criterio, como no puede ser menos, porque la plataforma es de tremenda pluralidad. Si no tuviéramos discrepancias, le daríamos la razón a Garzón en la tesis de que todos somos lo mismo. La plataforma es una cosa viva y cambiante. Hemos tenido problemas para poder articular un discurso abierto a la sociedad y que deje además tranquilos a la pluralidad en la que nos apoyamos. Pero sobre las discusiones ha primado el acuerdo y las ganas de entendernos.
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