
Jon Azua, junto a su despacho en el Instituto Vasco de Competitividad, en la Universidad de Deusto de Donostia.Foto: iker azurmendi
El Instituto Vasco de Competitividad lleva casi un año de andadura. ¿No está teniendo poca repercusión mediática un instituto de esta importancia, que por ejemplo mantiene relaciones con la Universidad de Harvard?
Es el debate de siempre. Hemos preferido ser muy prudentes y tener mucha relación directa con los posibles agentes destinatarios y explicarles lo que vamos a hacer. Y hemos tenido mucho cuidado con los informes que aquí se generen para garantizar un rigor. Hemos hecho mucho trabajo y creemos que se tienen que ir viendo los resultados poco a poco. Pocos institutos tendrán la capacidad que hemos tenido de relacionarnos y trabajar, pero hemos preferido tener un perfil bajo hasta tener las actividades claras. Poco a poco iremos ganando notoriedad.
¿Se están encontrando con receptividad por parte de las empresas y las instituciones vascas?
Sí. En un primer momento, las empresas han creído en esta pieza. Y en los sitios a los que hemos acudido, la gente ha entendido que se cree este instituto y ha mostrado su disposición a participar y apoyarlo.
El informe de Orkestra apunta a la internacionalización y la sofisticación del producto como las debilidades de la economía vasca para hacer el tránsito de una economía basada en la eficiencia a otra basada en las ideas. ¿Las empresas vascas ya están trabajando en ello?
Sí. Cuando se apunta a que son puntos débiles siempre tenemos que ser muy claros en el punto en el que estamos. Estamos en una posición exitosa como país porque se han hecho muy bien las cosas en muchos años. Tenemos unas empresas suficientemente internacionalizadas, una vocación clara de apertura al exterior, una gran cantidad de empresas sofisticadas, pero tenemos que hacer un enorme recorrido. Se trata de fortalezas que hay que mejorar y no de una debilidad.
¿Y las empresas son conscientes?
La empresa vasca sí es consciente de eso y está trabajando pero el mundo es tan cambiante y va a tal velocidad que tenemos que tratar de convencer a todos los agentes sociales de que vean los problemas desde una óptica diferente, como una fuente de oportunidades. Si tenemos problemas demográficos, de envejecimiento, de cambio de la situación económica, de sostenibilidad, hay que verlo en términos de solución, las oportunidades de nuevos negocios. Es el reto que debemos buscar.
¿Cuáles serán los sectores más pujantes?
Los sectores son cosa del pasado. Tenemos que encontrar los nuevos yacimientos de oportunidad para este país. Por ejemplo, el envejecimiento de la población es una fuente de oportunidades. También apostamos por una sociedad sostenible. Ahí también hay oportunidades de nuevos negocios. Lo mismo cuando hablamos del agotamiento de las energías fósiles. Se abre un mundo extraordinario ahí. Podemos ver esos elementos como problemas o como grandes oportunidades. O la recuperación de espacios degradados como Pasaia. Son las fuentes de negocio para los próximos años.
¿Qué aspectos concretos se tienen que mejorar en cuanto a la internacionalización?
La internacionalización es mucho más difícil de lo que se quiere decir. Parece que todo el mundo quiere ser global pero es algo mucho más dudoso de lo que parece. Los gobiernos ponen cada vez más trabas a esa internacionalización. Además, una cosa es explotar una oportunidad de negocio en el exterior y otra muy diferente es internacionalizar por voluntad propia la actividad. Hay que mirar de qué manera se llega a cada país y a qué país. Hay que entender cada país, cada mercado, hay que vivir en términos de comunidad y hay que estar dispuestos a repartir la cadena de valor a lo largo del mundo. No hacer todo en un solo sitio sino hacerlo en un sitio donde se genere más valor. Esto es tremendamente complejo. Hay que tener muy claro el modelo de negocio y la cadena de valor y en qué área concreta hay que desarrollarlo.
¿Cuál es el principal problema con el que se encuentran las compañías para la internacionalización?
Uno de los grandes problemas es la gente. Para poder replicar el modelo y conseguir éxito en el exterior después de tenerlo en casa, hay que conseguir la gente más adecuada. Y normalmente la gente más adecuada no quiere ir porque está suficientemente bien en casa. Eso obliga a improvisar o buscar gente para periodos muy cortos. Uno de los grandes cuellos de botella es buscar la gente adecuada para estos procesos. Las empresas deben tener la cultura de la vuelta a casa, de la acogida al que se ha ido fuera. A la gente se le pide en el exterior un esfuerzo superior y cuando vuelve, rara vez se le reconoce.
¿El tamaño también importa para estos procesos?
El efecto tamaño no es de ahora. Se habla de las alianzas y de la clusterización, que tienen mucho sentido para estos temas. Hay que buscar las estructuras que fortalezcan la actividad. Para todas las empresas es complicado internacionalizarse, pero para una pequeña más. Es un proceso muy complejo que requiere todo tipo de actuaciones y requiere mucho tiempo. También hay que encontrar los socios adecuados. Pero creo que ya se está haciendo y lo que pretendemos es tratar de ayudar en esa dirección y entender el éxito de esas empresas. Al mismo tiempo, el instituto genera nodos en distintos países que son de preferencia para la economía vasca. Así les ayudamos a penetrar ahí y aprendemos. Estamos en China, trabajamos para hacer un nodo especial en Latinoamérica y también nos movemos hacia los países nórdicos.
¿Ésas son las áreas de más interés para la economía vasca?
El primer interés sigue siendo Europa, que es un motor y una fuente de innovación. Existen otras áreas como Estados Unidos que es un gran mercado. También Asia, por su gran capacidad de crecimiento. Y los países nórdicos, que en los últimos años han tenido un avance en cultura de gestión muy importante, vinculado con la innovación y el cambio. Y por último está Latinoamérica, que ofrece muchas oportunidades si se entiende bien el mercado.
¿El enfriamiento de la economía mundial al que apuntan las previsiones puede retraer a las empresas a la hora de salir al exterior?
No debería. Las empresas deben buscar el largo plazo y encontrar el momento y de qué manera adecuar la estrategia a las realidades. En segundo lugar, creo que deberíamos tener mucho cuidado cuando hablamos de enfriamiento de la economía. No hay crisis, pero ha habido unos niveles de crecimiento muy elevados durante mucho tiempo y ahora hay un crecimiento menor previsto. Las empresas vascas tienen mucha capacidad y fortaleza para seguir sacando provecho de esta situación de la economía.
En cuanto a la innovación, se da la paradoja de que hay un gasto considerable por parte de las empresas y hay un déficit de patentes. ¿A qué se debe?
El informe de Orkestra parte de una situación positiva del sistema vasco de innovación y pone el acento en las lagunas en las que deberíamos trabajar en esta segunda transformación. Hemos pasado de cero a una posición muy buena pero alejada de lo que queremos ser. En materia de patentes, por el tejido empresarial que tenemos y nuestra cultura, no hemos tenido un gran éxito. Es un esfuerzo importante que tenemos que hacer. Hay ideas y materia suficiente, también debemos atraer empresas, centros de investigación, talento, para que esto funcione.
¿Las empresas han interiorizado la necesidad de innovar?
Las empresas son plenamente conscientes de lo que es innovación. Sin embargo, hay mucha confusión sobre el concepto. Todos nos echamos a la calle hablando de la importancia de innovar y de cambiar, pero no hay que hacerlo sin motivo, hay que hacer las cosas más sofisticadas. Necesitamos interiorizar que hay que hacer las cosas de forma que aporten más valor a la sociedad y garanticen unos niveles máximos de bienestar de forma estable. Mucha gente que la innovación sólo atañe a dos o tres industrias o al de bata blanca. Pero se trata de cómo añadir valor a los bienes que produces. Lo que hacíamos muy bien no necesariamente hay que hacerla ahora.
¿En esa búsqueda de valor añadido, flaquea la conexión entre la empresa y la universidad?
En este país, la relación empresa- universidad es muy baja, por decirlo de manera generosa. No hay una cultura de relación. Hay unos comportamientos absolutamente estancos. El propios sistema universitario es muy cerrado y se termina primando una labor académica en áreas muy concretas. No hay una visión conjunta, que es algo que intentamos en este instituto. No se trata de saber mucho de emprendimiento o de clusterización, sino ver cómo ayuda a la competitividad. La empresa no ve a la universidad como la primera fuente a la que acudir para tener un asesoramiento experto. Y la universidad no ve a la empresa como la fuente a la que acudir para seguir aprendiendo. Institutos como éste intentan mejorar este aspecto. Tenemos que investigar, pero para ayudar a la economía a posicionarse. La escasa relación universidad-empresas es uno de los grandes déficits de Euskadi.
¿Esa carencia mundos puede ser una de las causas de los bajos índices de emprendimiento?
Podría ser parcialmente una explicación. El emprendimiento privado ha bajado influido por el nivel de vida. Pero también se reduce porque quien tiene más capacidad para generar nuevas empresas son las empresas. Las personas con más capacidad para generar una empresa son las que tienen un recorrido y conocen el mercado. Tenemos el reto de ser capaces de encontrar la fórmula para que dentro de las empresas la gente más válida pueda dedicar dos o tres años sabáticos para generar una nueva actividad sabiendo que puede quedarse en nada.
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