Editorial
Incertidumbre económica
no es necesario buscar referencias en los índices
macros para sentenciar que la economía ha entrado en un ciclo cuando menos preocupante, no tanto para las empresas, que también, pero sobre todo para los ciudadanos. Los gobiernos europeos han cerrado filas en torno a un mensaje unitario: no hay recesión. Y no la hay. Las grandes multinacionales, los bancos y las empresas de tamaño medio seguirán ganando dinero a un alto ritmo y por ello el Producto Interior Bruto crecerá en torno al 3,1% el próximo año, según la última previsión del Gobierno central anunciada ayer tras una revisión a la baja de dos décimas. Para este ejercicio que concluye dentro de poco más de una semana y que, por ello, está al margen de los sobresaltos, el porcentaje será del 3,8%. La gráfica del PIB será relativamente plana a corto plazo, fluctuando en torno a la línea del tres por ciento e incluso con un ligero repunte en 2010 (3,2%), siempre según las previsiones. No se puede hablar de recesión cuando la economía crecerá a esos ritmos, tampoco de una importante desaceleración. Estamos ante un suave freno provocado por la fricción de la economía global con los elementos que siembran de incógnitas el camino por el que transita. Tipos de interés en una incesante escalada, fortaleza del euro -o debilidad del dólar- que lastra las exportaciones, tensiones inflacionistas,... el horizonte parece turbio. Sin embargo, no hay nada que invite a pensar en que el dinamismo de los sectores productivos emergentes -la tecnología cotiza al alza- no pueda asumir el evidente retroceso del sobrevalorado sector inmobiliario que flirtea con la crisis desde hace tiempo. Pese a la tranquilidad que supone saber que el sistema financiero no se va a derrumbar, el ciudadano de a pie no puede evitar preguntarse en qué se va a traducir todo ese maremágnum de malas noticias que impiden al PIB crecer a ritmos superiores al 4%. El ministro de Economía asegura que los precios de los productos básicos empezarán a corregirse en julio, casualmente después de las elecciones de marzo. Pero los bancos llevan varios meses anticipándose a una inminente subida de los tipos de interés con su consiguiente impacto en las hipotecas y los salarios seguirán creciendo al ritmo actual. Como se ve el nuevo ciclo es sobre todo incierto para los ciudadanos.