
Usuarios del nuevo centro ubicado en los bajos de la catedral del Buen Pastor de Donostia.Foto: j.n.
Donostia. Son el peldaño más bajo del desarraigo y la exclusión en Gipuzkoa, personas con fuertes deterioros físicos y psíquicos que les convierten en sombras de sí mismos. Perdieron las riendas de su propia vida hace demasiado tiempo, sus decisiones les colocan habitualmente en la cuerda floja y son rechazados incluso por el propio colectivo de la gente de la calle.
El punto de acogida más cercano para ellos era hasta ahora el Aterpe de la Parte Vieja de Donostia de Cáritas, pero los responsables de este servicio venían observando tiempo atrás que este centro de derivación se había quedado corto y hacía aguas con estos perfiles emergentes, para quienes todo programa existente se convierte en un proyecto finalista.
Surgió entonces la necesidad de hacer algo. ¿Pero qué? La primera premisa estaba clara: a pesar de su fuerte deterioro, estas personas no iban a dejar sus consumos. De hecho, la característica común de todos ellos es la ingesta de vino en plena calle y en cartón, con unas cantidades que oscilan entre los tres y cinco litros diarios.
Lo han intentado dejar mil veces, pero la falta de recursos personales y sociales ha desbaratado todo propósito. A pesar de que el sufrimiento y el dolor que arrastran por ello es inmenso, imaginar una recuperación total a estas alturas resulta ilusorio.
'mucho dolor' El nuevo proyecto debía buscar, más bien, en la medida de lo posible, una reducción de daños. "Dentro de Aterpe y Cáritas vivíamos esta situación con mucho dolor. Hasta ahora habíamos trabajado de un modo asistencialista, pero nos faltaba crear una estructura para contener y dignificar sus vidas, ofreciéndoles más calor humano de modo que pudiéramos recuperar sus nombres y apellidos. El proceso degenerativo no tiene final, y no podíamos dejar pasar por alto esta situación. Todos nos movemos por un sentido de pertenencia a un grupo y eso era precisamente lo que queríamos crear", explica José Antonio Lizarralde, Pottoko, ideador del nuevo programa, pionero en todo el Estado, que arrancó el pasado 18 de abril en Donostia con el nombre de Eutsi- en alusión a la necesidad de estas personas de aferrarse a una esperanza-.
Los bajos de la catedral del Buen Pastor de Donostia, gracias a la inestimable colaboración del párroco Bartolo, se han convertido en el espacio que abre sus puertas actualmente a diez usuarios, dos horas por la mañana y dos por la tarde.
El habitáculo es modesto pero acogedor, con una pequeña sala donde los usuarios pueden ver películas que ellos mismos se encargan de seleccionar en el cercano centro cultural Koldo Mitxelena. La entrada se ubica en la parte trasera de la catedral.
La impresión inicial nada más acceder a la sala donde se reúnen es el importante deterioro que presentan estas personas.
A cada una de ellas se le ofrecen vasos de vino de una forma controlada, lo que no es ni mucho menos una incitación al consumo sino, más bien, la vía de entrada a sus vidas. "De no hacerlo así, sufrirían un síndrome de abstinencia que no conduce sino a hundir aún más una autoestima por los suelos", detallan sus cuidadores.
Desde un principio, a cada una de estas personas se les ha exigido una contraprestación: un seguimiento médico -el facultativo de referencia está en el ambulatorio de la Parte Vieja- y tomar la medicación prescrita, algo que no hacían desde hace mucho tiempo. "Uno de ellos, que solía desaparecer con frecuencia, nos decía que iba a La Rioja, hasta que al final llamamos al hospital y nos confirmaron que cada quince días acababa siendo ingresado debido a su deterioro cognitivo", detallan los coordinadores del programa.
A esta persona, en concreto, es un voluntario quien va a buscarle y acompaña a diario para que no vuelva a perderse. Siempre acude un voluntario por las mañanas y otro por las tardes. En total son diez, más tres enfermeras, que hacen los acompañamientos médicos y crean cada día que pasa un vínculo más estrecho con ellos.
El psicólogo César San Juan ha prestado su colaboración para seleccionar el perfil más adecuado de los beneficiarios de este proyecto.
sin identidad Prácticamente ninguno de ellos tenía hasta ahora DNI ni partida de nacimiento. En un principio, se limitaban a acudir al centro bebidos, aunque con el tiempo el programa ha comenzado a despertar su interés.
En la pequeña sala donde ven la tele, o en el taller donde elaboran los llaveros de madera, se sienten protagonistas, quizá por primera vez en sus vidas.
La enfermera y educadora Rosario Bireben, al frente de este proyecto, reconoce que el programa inició su andadura tímidamente, y no era para menos. No había en el Estado un solo referente, y el más cercano se ubica nada menos que en Canadá. "Empezamos con juegos coperativos, algo que hasta ahora jamás había hecho, y películas. En un mes y medio nos hicimos con un grupo de unas cinco personas. A pesar de que cada uno de ellos arrastra una problemática diferente, guardan una relación de iguales respecto a su discurso y estilo de vida", detalla Bireben.
Asegura que los cambios operados durante los últimos ocho meses son "abismales". Tanto, que los responsables de Eutsi están convencidos de que al programa le aguarda una larga andadura. Incluso se están replanteando los objetivos iniciales. "Estaban en la sombra, pero comienzan a sentirse personas, y nosotros también estamos creciendo con ellos. Es gente que nos importa, y mucho, además", expresa Pottoko.
Cuando los mimbres son tan escasos y se parte de experiencias vitales tan extremas, resulta crucial cualquier ocupación, por nimia que parezca.
La idea de que estas personas, que hacía tiempo que no se responsabilizaban ni de sus propias vidas, comenzaran a elaborar llaveros de madera con la figura de Jesús, collares o pendientes, ha resultado brillante. "En la medida de las posibilidades que presenta cada uno, tienen una responsabilidad diferente en el trabajo que desarrollan. Hay días que te vienen con Parkinson y te dicen: hoy no puedo hacer nada . Nosotros les respetamos. Esos días les damos un vino, pero no más", explica Bireben.
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