Editorial
Una aberración tras otra
al final, la tergiversada pero productiva teoría de que "todo es ETA" ha prevalecido en la resolución judicial que adoptó ayer la Audiencia Nacional contra 46 personas pertenecientes a empresas y entidades vinculadas a la izquierda abertzale encausadas en el macroproceso 18/98. Siguiendo un guión previsible desde que el pasado 30 de noviembre se les encarcelara bajo el argumento, nunca demostrado, de que existía "riesgo de fuga", el tribunal ha determinado que tanto la coordinadora KAS, su sucesora EKIN y la plataforma internacional XAKI constituyen no sólo entidades satélite sino "las entrañas y el corazón" de ETA. La Fundación Joxemi Zumalabe, tampoco se libra de pertenecer al entramado ya que según la resolución, fue la encargada de "dinamizar las actividades sociales y promover la desobediencia civil como medio de lucha". Todos en el mismo saco y todos de ETA. Aunque cueste creer que el estado de derecho haya permitido semejante barbaridad, la simple pertenencia a una de estas entidades ha servido a la Audiencia Nacional para poner en marcha un proceso judicial que ha durado diez años, 126 jornadas en tribunales y 203 comparecencias. Una resolución como la que se dio a conocer ayer, sólo puede ser resultado de un sumario lleno de irregularidades procesales que, como se ha comprobado, han condicionado gravemente el ejercicio de la defensa. Pero además, este tipo de procedimientos
de brocha gorda , que cuestionan el rigor jurídico exigible a un verdadero estado de derecho, mina uno de sus principios fundamentales como es que las acusaciones estén individualizadas y basadas en hechos concretos. Es quizá la mayor de las aberraciones jurídicas de esta sentencia. Todas las fuerzas nacionalistas vascas han destacado el descrédito que puede suponer este proceso en la credibilidad de la Justicia pero este tipo de mensajes ya no calan en una opinión pública como la española, cuyo sentido crítico se está viendo narcotizada en los últimos tiempos. Y quizá tampoco en la vasca, lo que debería derivar en una seria reflexión de la izquierda abertzale. Mientras, hay muchos que ya han visto en este sentencia "el camino a seguir" como
Ignacio Astarloa
del PP o un comienzo de la "lucha sin cuartel", como abogan los ultras de Dignidad y Justicia.