
Tribuna Abierta
EN el artículo publicado ayer en NOTICIAS DE GIPUZKOA me hacía eco de que el lehendakari Ibarretxe, en su discurso de Política General ante el Parlamento, había señalado que no puede haber salida si los procesos de solución se organizan al margen de la sociedad vasca. Esa es la enseñanza fundamental de todos los intentos hasta ahora fracasados. Es también la lección que podemos extraer de este último recientemente finalizado. Es decir, que la normalización política sólo se podrá materializar desde dentro de nuestra sociedad, con el concurso de nuestras instituciones, con arreglo a su legitimidad y dinámica y bajo el liderazgo de las autoridades que las encabezan.
El ¿qué hacer? de ETA y el MLNV. Es cierto que la mayor responsabilidad de los fracasos en los intentos de paz corresponde a ETA. Ha interpretado el alto el fuego como lo ha hecho siempre, es decir como un instrumento de distensión para verificar avances políticos consistentes, como "un arma de lucha", una ekintza más para tratar de obtener contrapartidas de valor estratégico.
Los que creían que había indicios verificables de que en ETA existía una voluntad de liquidación, probablemente se habrán dado cuenta de su error. De todas formas, en el proceso ETA también asumía sus riesgos. La organización terrorista ha podido conseguir algunos importantes tantos, cargados de simbolismo: su reconocimiento como interlocutor y el carácter bilateral del alto el fuego con garantías para ambas partes, su participación en diálogos sobre contenidos políticos, la implicación internacional… Pero el proceso también ha fracasado para ETA: no han conseguido las contrapartidas, la represión se ha reactivado de forma severa, su frente de masas se vuelve a desmoronar y el lehendakari y el Gobierno Vasco vuelven a tomar la iniciativa.
En buena medida, el fracaso de la estrategia de guerra popular de ETA en Euskadi no se debe a la falta de capacidad de ETA de hacer la guerra, sino a la debilidad del factor de apoyo popular a la lucha armada. Pero esto no es casual. Lo que sucede es que la gran actividad de las instituciones vascas recuperadas en el año 1979, en las que están representadas todas las opciones políticas, y su éxito en la gestión pública han amalgamado el respaldo popular y, consecuentemente, han centrifugado el apoyo social al juego sectario de los organismos del MLNV.
Con la nueva propuesta del lehendakari, ETA retorna a un escenario que no protagoniza, en el que su iniciativa política va a depender primordialmente del poder coercitivo, de la actividad armada de la organización terrorista. Mientras tanto, la izquierda radical, a través de sus diferentes organizaciones, sostendrá una línea de resistencia y respuesta ante el endurecimiento de su persecución y, paralelamente, buscará situar la centralidad del debate y la agenda políticas en la resolución del conflicto violento, con la idea de retomar el proceso de paz. No me queda ninguna duda que la posición parlamentaria que EHAK vaya a adoptar ante la iniciativa del lehendakari va a responder a estos parámetros, que persiguen el efecto de que ETA vuelva a ser el guardián de las llaves del proceso político vasco. Por supuesto, los agentes políticos de la izquierda radical se mantendrán en sus posiciones estratégicas que vienen a materializarse hoy por hoy en la propuesta del Anaitasuna, y combinarán oposición y apoyo al plan del lehendakari con el fin de condicionar la posición del Gobierno y del tripartito y con la vista puesta en impedir que el nacionalismo pueda incrementar su hegemonía política en las próximas citas electorales, especialmente en las autonómicas.
El objeto de la estrategia del MLNV es, finalmente, que el plan institucional fracase, que las instituciones fracasen y que el lehendakari fracase. Si el plan y sus impulsores quedasen amortizados por tal fracaso, ETA se frotará las manos. Los terroristas se verían sin rivales en la interlocución con el Estado. El conflicto a resolver no sería el conflicto vasco, sino el conflicto de ETA. La normalización política y el proceso de paz significarían la misma cosa, la negociación con ETA.
El liderazgo del lehendakari y las instituciones vascas. Hoy por hoy es el Parlamento Vasco la institución que más democráticamente representa la pluralidad política de Euskadi, con la presencia de todas las opciones políticas sin exclusión. El lehendakari, por su parte, es la primera autoridad en esta comunidad en la que viven la mayoría de los vascos. Encabeza las instituciones con mayor tradición democrática y con más prestigio histórico de todas las que hoy representan a los vascos de las diferentes comunidades.
Si alguien tiene legitimidad para adoptar una iniciativa de este estilo es, sin duda, el lehendakari. No faltan, sin embargo, quienes tratan de impugnar la legitimación de la primera autoridad vasca. No le resultará fácil por ello ejercer el inmenso trabajo de liderazgo que requiere esta propuesta. En su gestión debe ser audax et cautus . Creo que debe defender con audacia la responsabilidad histórica de nuestras instituciones ante esta tarea, organizando una auténtica ofensiva política a favor de la legitimación de éstas, que impregne la totalidad de la piel social, que integre plenamente al capital social en la responsabilidad de la resolución de los más importantes problemas de nuestro país, que regenere una dinámica popular -pueblo por pueblo y barrio por barrio- y amuralle la posición de las instituciones en torno a los principios ético y democrático.
Pero el lehendakari debe gestionar la agenda también con cautela. No puede haber agentes imprescindibles que, por ser así tratados, ejerzan el derecho al veto. Aunque Euskadi es plural y su integración popular democrática, exige soluciones que hagan justicia y den juego -ético y democrático- a dicha pluralidad.
El dilema, claro está, es que el nuevo modelo de convivencia que se pretende para las próximas generaciones se resuelva atendiendo al requerimiento del pacto o, alternativamente, al de la fuerza. Nosotros, desde luego, estamos por el pacto. No tiene otra solución una situación en la que, como resalta el lehendakari en su discurso, "el Parlamento Vasco no puede imponer su decisión al Parlamento español, pero tampoco el Parlamento español puede imponer su decisión al Parlamento Vasco".
* Portavoz de EA en las Juntas Generales de Gipuzkoa
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