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Deslumbrante

Rufus Wainwright, durante su concierto del miércoles en el Kursaal.Foto: gorka estrada

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rufus wainwright

Fecha. 07/11/07. Auditorio. Kursaal, Donostia. Intérpretes. Rufus Wainwright (voz, guitarra acústica, piano), Gerry Leonard (voz, guitarra eléctrica), Carmen Greider (guitarra acústica y eléctrica, banjo, voz), Jeff Hill (bajo, contrabajo, voz), Matt Johnson (batería, voz), Will Vinson (saxo, flauta, voz), CJ Camerieri (trompeta, voz), Louis Schwadron (trompa, voz). Asistencia. 1.700 personas. Incidencias. El concierto duró 2 horas y 45 minutos y se dividió en dos partes separadas por un entreacto de 15 minutos.

Por fin llegó el esperado primer concierto de Rufus Wainwright en Euskadi. El chico del momento concitó a la pomada de las artes, cultura y política locales en el que posiblemente será uno de los conciertos más y mejor recordados de los últimos tiempos en Donostia.

Había entre los asistentes cierto ambiente de que algo grande iba a pasar, posiblemente por lo que leído acerca del show de Barcelona días atrás. Era sabido que Wainwright posee una facilidad pasmosa para cantar y que es un animal de escena.

Lo cierto es que, contestando al título Do I disappoint you? de uno de sus últimos temas, el artista no defraudó en ninguna de sus facetas. Wainwright concibió el concierto como un diálogo permanente con la audiencia. Amable pero inteligente, bromeó -por fin alguien se atreve- sobre si estaba actuando en España o no. Tras recordar en voz alta que venía de Barcelona y después recalaría en Lisboa, concluyó divertido que lo mejor sería llamar a esta gira Iberian Tour.

Comienzo inmejorable: bolas de espejo y ambiente Las Vegas para un deliciosamente kitsch Wainwright -traje blanco de lamé con raya diplomática y zapatos dorados- y una igualmente vistosa banda de acompañamiento que abría la noche arrimada al swing de Release de stars .

En escasos segundos, el auditorio se rendía a las facultades vocales de Rufo y a su indiscutible savoir faire . Tras el tema que da título al quinto disco del músico, Going to a town , esbozaba un triste retrato de la Norteamérica actual de la que el artista canta estar "cansado" y la enorme bandera estadounidense tratada en blanco y negro del fondo cobraba significado hasta el final del concierto.

Sanssouci , un tema exquisitamente hortera que evoca a Julio Iglesias, sonó a continuación evidenciando el ensamblaje de la banda. Trompa, trompeta, flauta travesera y demás aditamentos sonoros aportaban exactamente lo que cada canción precisaba, siempre ayudados por una iluminación sencilla pero diseñada al milímetro, tan importante y bien ejecutada como la propia música.

Se echó en falta material del excelente disco anterior, Want Two , al que el cantante no se asomó hasta las séptima canción, con The art teacher . Sonaba trágica, por momentos lánguida y hasta amanerada la voz de Wainwright, pero nunca lastimera. Donde otros sollozan, el canadiense emociona, como en la bellísima Leaving for Paris No 2 , interpretada poco antes del entreacto.

Tras el descanso, Rufus apareció vestido de tirolés para interpretar Consort al piano y recordar a George Gershwin con la hermosa Foggy day . A pesar del atuendo, no hubo quien pudiera esbozar una sonrisa durante el desolador tema Not ready for love , lo que indica la capacidad de Rufus Wainwright para sobrecoger sólo mediante su voz.

Tras una breve incursión en el folk irlandés cantada fuera de micro -Macushlah - y la pegadiza 14th Street , el grupo llevaba a cabo una original y aplaudida retirada gradual del escenario. La tercera parte, que comenzaba superadas las dos horas de recital, tuvo como protagonistas a un Rufus en albornoz blanco y a Kate McGarrigle, madre del artista y también compositora y cantante.

Juntos interpretaron al piano una sentida revisión del inmortal Over the rainbow y Barcelona , del primer disco. Posiblemente alargaron demasiado esta fase del concierto, haciendo decaer peligrosamente la intensidad. Afortunadamente, el brío volvió poco después a un escenario que se comió literalmente un Rufus por fin despendolado, bailando y cantando Get happy al mejor estilo Broadway y encaramado a unos tacones de doce centímetros. Gay Messiah corría el telón final ante un auditorio que en dos años ha presenciado a Antony & the Johnsons, Joan As Police Woman y Rufus Wainwright, puntales de la vanguardia más reconocida.

"Disculpadme si mi magnificencia os deslumbra -había bromeado antes Wainwright-, son los broches que llevo". Sin embargo, a juzgar por la sonrisa que esbozaba al despedirse, el cantante sabía bien que los broches habían sido lo menos brillante en una noche estrellada en la que todo resultó deslumbrante, vivo y fugaz.

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