
Quimi Portet, fotografiado en Donostia en una pose cómica.Foto: iker azurmendi
DONOSTIA. Un buen día se presentó en una carnicería. Pidió una butifarra y la encargada le dijo: "No puede ser, Quimi. Lo siento. Matamos los martes y los viernes". La frase le hizo tanta gracia que se prometió a sí mismo que la convertiría en título de su próximo disco. Así de irónico es Portet, el autoproclamado guapo de El último de la fila, la banda en la que militó durante más de diez años hasta su disolución a finales de los 90. Desde que emprendió su carrera en solitario sale muy pocas veces de Cataluña para presentar sus discos pero ayer actuó en Leioa junto a Ruper Ordorika. Hoy estará en el Artium de Vitoria, mañana le acompañará su banda -Antonio Fidel al bajo, Jordi Busquets a la guitarra y Xarli Oliver a la batería- para presentar Matem els dimarts i els divendres en el Gazteleku de Oñati (22.00 horas) y el domingo en el DOKA de Donostia (20.30 horas).
Hay que echarle mucha ironía al asunto para llamar Heròic World Tour a una gira con sólo unas pocas actuaciones fuera de Cataluña...
No, hombre. En realidad, la cosa tiene más que ver con la ineptitud de los promotores (ríe). Nosotros vamos peinados y con colonia para el world tour y en la maleta llevamos calzonzillos para llegar hasta Oceanía. Pero si sólo nos llaman de Castellón, pues actuamos allí. Llevamos una vida tranquila, bonita, y salimos de Cataluña sólo cuando nos lo piden. Hemos estado en Asturias, Murcia o Andalucía, cuando algún perturbado nos llama para que vayamos a un festival de separatistas.
Lleva usted una carrera al margen del circuito establecido. ¿Por qué?
Los discos son siempre un motivo de placer. Me dedico a esto para ser feliz. Siempre ha sido así, hasta cuando estaba en El último de la fila, donde nos hicimos muy famosos y vendimos un porrón de discos. Me hice músico porque soy un puñetero y disfruto con la parte lúdica que conlleva grabar un álbum. Escribiendo también me lo paso bien.
Su sexto y último trabajo llega cuando ya ha cumplido los 50.
Se masca la tragedia, sí. Quien haya seguido mi trayectoria en solitario verá que me he ido desprendiendo del rock and roll, las baterías y lo eléctrico para avanzar hacia un mundo más relajado y tranquilo. Supongo que la biología y la sordera tendrán algo que ver, pero me siento confortable.
'Matem...' es una propuesta desnuda, apoyada casi exclusivamente en su voz y en la guitarra acústica.
Vengo de un mundo, el rock, demasiado rococó y muy recargado. Hubo un tiempo en que me decía a mí mismo: "Si lo puedes hacer con ocho guitarras, ¿por qué usar una?" Ahora le he dado la vuelta al calcetín y prefiero emplear una sola guitarra. Me siento cómodo en mi sonido actual porque subraya el texto.
Un texto con unos ingredientes que, eso sí, continúan inalterables.
Porque el humor y la observación de la especie humana con una mirada irónica son muy importantes para mi salud mental y física. Y al desnudar la música se consigue que el texto cobre una mayor importancia.
También se resiste a abandonar el sempiterno tono melancólico que envuelve sus canciones.
Sí. Soy consciente de la magnitud del drama y parto de la base de que todo esto, la vida, no tiene ningún sentido.
Pues se le ve como una persona alegre y vitalista.
Creo que en la vida no se puede ser perfectamente optimista ni pesimista, y el comportamiento de la especie humana no da para muchas alegrías. Y la ironía siempre tiene ese doble filo. Por un lado, es una herramienta crítica, y no hablo de una ironía tontaina y sin sustancia. Para que dé risa, la ironía debe poseer un componente crítico. Por otro, es un elemento balsámico que ayuda a combatir la tristeza de la vida. Porque a medida que pasa el tiempo el futuro se transforma en una cosa nebulosa, más grande y pesada. Creo que la ironía te ayuda a tirar por la vida con mayor tranquilidad.
¿Encuentra en lo cotidiano la principal materia prima para edificar sus textos?
Hace tantos años que escribo letras que he hecho todo tipo de cosas, algunas de ellas muy raras. Pero he de reconocer que me costó parir los textos del último disco. Primero escribí los títulos de algunas canciones como Paisatge amb anxova (Paisaje con anchoa) y La cuixa i l'ala (El muslo y el ala). Mientras hacer música es un placer lúdico, infantil y hasta pueril, escribir textos me cuesta bastante más. Necesito pasar una fase de aclimatación, concentrarme y pasar algunos días con el papel en blanco delante.
¿Y qué le reporta una mayor satisfacción?
Disfruto mil veces más con el texto que con la música. En lo que se refiere al último disco, estuve un mes sin escribir nada y después salió todo de golpe. Fue un placer, me gusta mucho cómo han quedado los textos.
¿Ya no escribe en castellano?
Nunca. Siempre he escrito en castellano para gente que lo necesitaba, pero cuando escribo para mí, lo hago en catalán, porque no hay nadie que escriba para sí mismo en una lengua que no sea la suya. Puede haber excepciones, pero lo normal es escribir para ti en tu lengua, independientemente de que la hablen seis millones de personas o 700 millones. Soy un políglota capaz de hablar y escribir en varias lenguas, pero sólo puedo dar cierto resultado como cantante si utilizo mi lengua. Pertenezco al 99% de los cantantes del mundo que escriben en su lengua.
Pero escribió los textos de El último de la fila en castellano. ¿No le tienta volver a utilizar el español para llegar a un mayor público?
Es que en Europa la mayor parte de la gente no habla español. Podría tentarme cantar en italiano, alemán o francés. Además, cuando escribo un disco no lo hago para que me escuche mucha gente, sino para oírme yo. Eso es lo primero. Con el respeto que mercen todas las lenguas del mundo -especialmente el español, idioma que he utilizado durante muchos años-, creo que lo normal es que un cantautor cante en su lengua. Como hacen Bruce Springsteen, Ruper Ordorika o Paloma San Basilio.
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902